La demencia afecta ya a más de 57 millones de personas en el mundo y se encamina a triplicar esa cifra para el año 2050, la ciencia acaba de encontrar un aliado inesperado en la lucha contra el deterioro cognitivo: la vacuna contra el herpes zóster. Según una investigación publicada recientemente en la revista Nature Communications, la administración de la vacuna recombinante (RZV, comercialmente conocida como Shingrix) está vinculada a una reducción drástica y estadísticamente significativa del riesgo de desarrollar demencia en adultos mayores.
El estudio, liderado por investigadores de Kaiser Permanente Southern California (KPSC), analizó los datos de 65.800 personas que completaron la pauta de dos dosis de la vacuna RZV y los comparó con 263.200 individuos no vacunados de características similares. Los resultados son contundentes: aquellos que recibieron la inmunización presentaron un riesgo un 51% menor de recibir un diagnóstico de demencia durante el periodo de seguimiento.
Un vínculo biológico bajo la lupa
El herpes zóster, popularmente conocido como "culebrilla", es causado por la reactivación del virus de la varicela-zóster (VZV). Este virus permanece latente en el sistema nervioso tras la infección infantil de varicela y puede despertar décadas después causando una erupción dolorosa. Sin embargo, la ciencia sospecha desde hace tiempo que su impacto va más allá de la piel.
"Se ha considerado un papel potencial del virus de la varicela-zóster en el desarrollo de la demencia", explican los autores en el trabajo. Aunque el mecanismo exacto aún se investiga, se sugiere que la reactivación del virus podría causar neuroinflamación o daños vasculares en el cerebro, o incluso favorecer el despertar de otros virus latentes como el herpes simple. Al prevenir la reactivación del virus, la vacuna actuaría como un escudo protector para la salud cerebral.
Uno de los mayores desafíos de este tipo de estudios es el llamado sesgo del vacunado sano. Por lo general, las personas que deciden vacunarse suelen tener hábitos de vida más saludables, lo que podría confundir los resultados. Para solventar esto, el equipo de investigación no solo comparó a los vacunados con personas sin vacunar, sino que realizó un segundo análisis comparando la vacuna del zóster con la vacuna Tdap (tétanos, difteria y tos ferina).
Incluso en esta comparación, los resultados se mantuvieron sólidos: quienes recibieron la vacuna contra el herpes zóster seguían teniendo un riesgo significativamente menor (un 27% menos) de desarrollar demencia en comparación con quienes se vacunaron contra el tétanos.
El estudio profundizó en cómo afecta esta protección a distintos grupos de población. Si bien la reducción del riesgo fue notable en todos los rangos de edad (mayores de 65 años) y grupos étnicos, los investigadores observaron que el efecto protector fue ligeramente más fuerte en las mujeres. En la población femenina, la reducción del riesgo alcanzó el 55%, frente al 45% registrado en los hombres.
Además, la protección no se limitó a un solo tipo de deterioro. La vacuna mostró beneficios tanto para prevenir la enfermedad de Alzheimer —que representa entre el 60% y el 80% de los casos de demencia— como para la demencia vascular.
Beneficios de la vacuna
Actualmente, solo en los Estados Unidos unos 6,9 millones de adultos viven con demencia. Ante la falta de tratamientos curativos definitivos, la prevención se ha convertido en la máxima prioridad de los sistemas de salud.
La vacuna RZV, aprobada en 2017 y recomendada para adultos mayores de 50 años por su alta eficacia y durabilidad, se confirma ahora no solo como una herramienta para evitar el dolor físico del herpes zóster, sino como una posible intervención de salud pública para retrasar o prevenir el declive cognitivo.
Aunque los investigadores subrayan que son necesarios más estudios para entender por qué la vacuna produce este efecto y cuánto tiempo dura la protección cerebral, el hallazgo abre una puerta de esperanza. "La vacunación con dos dosis de RZV está asociada con una reducción estadísticamente significativa en el riesgo de demencia", concluye el estudio, marcando un hito en la investigación geriátrica contemporánea.