La gripe continúa siendo una enfermedad infravalorada por los adultos, incluidos pacientes con patologías crónicas y profesionales sanitarios, a pesar de su impacto clínico demostrado en términos de hospitalización, descompensación de enfermedades de base y pérdida de calidad de vida. En este sentido, expertos en Atención Primaria y Medicina Preventiva coinciden en que el principal reto no es tanto identificar a los grupos de riesgo —bien definidos en las recomendaciones— como mejorar su captación activa y aumentar unas coberturas que siguen siendo insuficientes, especialmente en menores de 65 años con comorbilidades.
Durante la XI Jornada de Actualización en Gripe organizada por CSL Seqirus, celebrada en Zaragoza, Isabel Jimeno Sanz, responsable del Grupo de Vacunas de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), subrayó que la carga de la gripe en pacientes crónicos es elevada y, en muchos casos, evitable. Según explicó, los datos de hospitalización reflejan una alta presencia de enfermedades como diabetes o patologías respiratorias crónicas entre los ingresos por gripe, con un peso creciente en los grupos de edad intermedia.
"Sabemos que la gripe causa hospitalizaciones y mortalidad, pero sobre todo descompensa patologías crónicas cardiovasculares, respiratorias o metabólicas, con el consiguiente deterioro de la calidad de vida", señaló. Este impacto, añadió, es especialmente relevante en pacientes menores de 65 años con enfermedades de base, un grupo que "se nos está escapando" en términos de vacunación.
Las cifras actuales reflejan una brecha importante entre objetivos y realidad. En mayores de 65 años, donde el objetivo de cobertura se sitúa en el 75%, apenas se alcanza alrededor del 65%. Sin embargo, el problema es aún mayor en pacientes más jóvenes con factores de riesgo: entre los 60 y 64 años, la cobertura ronda el 35%, pese a que muchos presentan patologías crónicas.
A esta situación se suma una limitación clave: la falta de datos específicos. "No sabemos cómo estamos vacunando a los pacientes crónicos en España", advirtió Jimeno. Mientras existen registros detallados en embarazadas, personal sanitario o mayores, la información sobre coberturas en patologías concretas como EPOC, diabetes o enfermedad renal crónica es escasa o inexistente. "Con las herramientas actuales, deberíamos poder disponer de estos datos", insistió.
Atención primaria: oportunidad constante de intervención
Uno de los mensajes centrales es el papel estratégico de la Atención Primaria. Los pacientes que más se beneficiarían de la vacunación son, precisamente, los que acuden con mayor frecuencia a consulta por sus enfermedades crónicas: hipertensión, diabetes, dislipemia o patologías respiratorias.

"Cada paciente crónico que vemos es una oportunidad para vacunar", afirmó Jimeno, quien defendió integrar sistemáticamente la revisión del estado vacunal en cualquier contacto asistencial, independientemente del motivo de consulta o de la época del año.
Entre las medidas propuestas destacan intervenciones sencillas pero efectivas: alertas en la historia clínica, captación activa mediante listados, recomendaciones personalizadas, circuitos ágiles de vacunación ("aquí te veo, aquí te vacuno") y mensajes dirigidos específicamente a pacientes crónicos, más allá del enfoque tradicional centrado en la edad.
Las bajas coberturas responden a múltiples factores. Por parte de los pacientes, persisten la baja percepción de gravedad de la gripe, dudas sobre la eficacia de la vacuna y preocupación por efectos secundarios. Sin embargo, uno de los elementos más determinantes es la ausencia de recomendación sanitaria.
"Muchos pacientes dicen: 'A mí no me lo ha recomendado nadie'", explicó la experta. Esta falta de consejo directo se combina con la idea errónea de que la vacuna debe evitar completamente la enfermedad, cuando su principal beneficio radica en reducir complicaciones y gravedad.
En este sentido, los especialistas insisten en cambiar el enfoque del mensaje: no centrarse únicamente en el riesgo, sino en los beneficios concretos para el paciente. "Hay que explicar que la vacuna puede reducir ingresos, mejorar la evolución de su enfermedad o incluso disminuir el riesgo cardiovascular", apuntó.
El papel del hospital y la medicina preventiva
Desde el ámbito hospitalario, la visión complementaria la aportó la especialista en medicina preventiva Carmen Román, jefa de servicio de Epidemiología, Dirección General de Salud Pública de la Consejería de Sanidad de Castilla-La Mancha, quien destacó el doble papel de estos servicios: como centros de vacunación y como impulsores de la cultura vacunal.
En el entorno hospitalario, la vacunación se articula a través de consultas específicas, vacunación a pie de cama y programas dirigidos a pacientes complejos. "No se trata solo de administrar la vacuna, sino de organizar circuitos, garantizar la calidad y adaptar la estrategia a cada paciente", explicó.
Uno de los aspectos clave es la elección de la vacuna más adecuada en función del perfil del paciente, especialmente en personas inmunocomprometidas, así como la identificación del momento óptimo de inmunización. No obstante, insistió en que cualquier contacto asistencial debe aprovecharse para actualizar el calendario vacunal.
Cultura vacunal y liderazgo profesional
Más allá de la logística, los expertos coinciden en la necesidad de reforzar la cultura de vacunación tanto en pacientes como en profesionales sanitarios. En este sentido, la falta de concienciación entre los propios sanitarios —incluida su baja cobertura vacunal— se identifica como un obstáculo relevante.
"El paciente muchas veces no se vacuna porque su médico o su enfermera no se lo ha recomendado", señaló la especialista en medicina preventiva, quien subrayó la importancia del liderazgo profesional y del ejemplo: "Si el sanitario está convencido y se vacuna, transmite mejor el mensaje".
La formación continua, la unificación del discurso entre niveles asistenciales y la integración de la vacunación como parte rutinaria del manejo del paciente crónico son elementos clave para avanzar.
Estrategias concretas y enfoque multidisciplinar
Entre las estrategias propuestas, destaca la necesidad de implicar a todos los agentes del sistema sanitario, incluyendo atención primaria, hospitalaria e incluso oficinas de farmacia, como puntos de contacto frecuentes con pacientes crónicos. Asimismo, se plantea priorizar determinados perfiles de alto riesgo —como pacientes con diabetes o enfermedades cardiovasculares— aprovechando la evidencia creciente sobre el beneficio de la vacunación antigripal en la reducción de eventos cardiovasculares. En paralelo, se insiste en mejorar los sistemas de información para monitorizar coberturas y resultados en salud, permitiendo evaluar el impacto real de las intervenciones.
Las especialistas coincidieron en que la vacunación antigripal ha sido tradicionalmente infravalorada, en parte por una percepción limitada de su efectividad. Frente a ello, abogan por un cambio de enfoque que tenga en cuenta su impacto en la prevención de complicaciones graves, especialmente en pacientes vulnerables. "El reto no es solo disponer de vacunas eficaces, sino conseguir que lleguen al paciente adecuado", concluyó Jimeno.
En un contexto de creciente carga de enfermedad crónica y envejecimiento poblacional, mejorar la cobertura vacunal frente a la gripe en grupos de riesgo se perfila como una de las intervenciones más coste-efectivas y con mayor impacto potencial en salud pública.