«Vacunarse ante el sarampión es un acto de protección individual, pero también colectiva»

Antoni Trilla, jefe de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínic, subraya, en declaraciones a GM, que "estamos viendo un resurgimiento debido a la caída en la cobertura vacunal"

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​La incidencia global del sarampión ha seguido una preocupante tendencia al alza en los últimos años. En 2023, se estimaron 10,3 millones de casos a nivel mundial, un incremento del 20% respecto al año anterior, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Este aumento se ha atribuido a una cobertura de vacunación insuficiente, con más de 22 millones de niños que no recibieron su primera dosis de la vacuna contra el sarampión en ese año.​

Con los años la situación no ha mejorado. En 2024, la situación se agravó en la Región Europea de la OMS, que incluye 53 países de Europa y Asia Central, donde se reportaron 127.350 casos de sarampión, duplicando la cifra del año anterior y alcanzando el nivel más alto desde 1997. Asimismo, en los primeros meses de 2025, Estados Unidos también ha experimentado un aumento significativo en los casos de sarampión, superando el total registrado en 2024. Este resurgimiento se ha relacionado con una disminución en las tasas de vacunación, influenciada por la desinformación sobre la seguridad de las vacunas.

Sin embargo, el sarampión es una de las enfermedades más contagiosas que existen, ya que se propaga a través del aire cuando una persona infectada tose o estornuda, y puede sobrevivir en el ambiente durante horas. Entre sus complicaciones más graves se encuentran la neumonía, la encefalitis y la ceguera. Antes de la introducción de la vacuna, el sarampión causaba millones de muertes en todo el mundo. Por lo que se trata de una enfermedad a la que no se le debe restar importancia.

¿Qué está sucediendo con el sarampión?

Para comprender mejor cómo se ha llegado a esta situación Gaceta Médica ha entrevistado a Antoni Trilla, jefe de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínic y catedrático en la Universidad de Barcelona, quien subraya que subraya que "estamos viendo un resurgimiento del sarampión debido a la caída en la cobertura vacunal". Lo cual no es una sorpresa, ya que cualquier descenso por debajo del umbral del 95% en la vacunación infantil permite la reintroducción del virus en la comunidad.

Antoni Trilla en una imagen de archivo.

El experto refuerza la idea de que la vacunación es un acto de solidaridad. "Es una protección individual, pero, sobre todo, colectiva", enfatiza. Explica que hay personas que no pueden vacunarse por razones médicas: aquellos con tumores, inmunodepresión, recién nacidos o mujeres embarazadas. "¿Cómo los protegemos? Pues, protegiéndonos nosotros mismos al estar vacunados", subraya Trilla.

A diferencia de otros virus como el de la gripe o el SARS-CoV-2, el virus del sarampión es extremadamente estable y no ha experimentado mutaciones significativas que afecten su transmisión o la efectividad de las vacunas. "Este virus tiene una especie de huella digital que nos permite rastrear su origen y saber dónde ha estado circulando, pero no ha presentado mutaciones relevantes", explica Trilla.

No obstante, como todos los virus, puede mutar, lo hace de manera mucho más estable, lo que ha permitido que las vacunas sigan fabricándose prácticamente con la misma cepa utilizada desde su desarrollo inicial. “No tiene nada que ver con lo que hemos vivido con la COVID-19 ni con la gripe, donde las variantes cambian constantemente", asegura el especialista. "En el caso del sarampión, podríamos decir que el virus mantiene su 'nombre y número de DNI', aunque pueda presentar pequeñas variaciones en sus 'apellidos'", puntualiza Trilla.

Esto significa que la inmunización sigue siendo altamente efectiva y no requiere actualizaciones frecuentes, lo que refuerza la importancia de mantener altas coberturas de vacunación para evitar brotes.

El descenso en las tasas de vacunación responde a varios factores, asegura Trilla. Por un lado, la pandemia de COVID-19 afectó gravemente a los programas de inmunización infantil, ya sea por la sobrecarga de los sistemas de salud o por la reticencia de algunos padres a acudir a los centros sanitarios. Además, el auge de movimientos antivacunas y la desinformación han contribuido a una mayor desconfianza en la seguridad y eficacia de las vacunas.

"Hemos detectado que la desinformación juega un papel crucial en la disminución de la vacunación", señala el especialista, que añade que "muchas familias tienen miedo de efectos secundarios que son extremadamente raros, mientras subestiman el riesgo real de la enfermedad".

Las consecuencias de esta disminución ya se están viendo en Europa y América, donde se han registrado aumentos exponenciales en los casos de sarampión.

Los casos de España y de Estados Unidos

En España, debido a las altas tasas de vacunación, los expertos coinciden en que una parte significativa de los casos registrados son importados. "El sarampión no circula de forma estable ni habitual en España, así que lo más común es que los casos lleguen desde fuera", explica Trilla. Sin embargo, la llegada de un caso importado no siempre se traduce en un brote.

"Si el 95% de la población está vacunada, ¿cómo es posible que un solo caso genere 40 contagios en el País Vasco o Andalucía?", plantea Trilla. La clave, señala, está en que la cobertura vacunal no es uniforme en todas las comunidades.

Aunque en términos generales la población española mantiene una alta tasa de inmunización, existen grupos donde la vacunación es más baja, ya sea por movimientos antivacunas, falta de acceso al sistema sanitario o decisiones filosóficas. "Si el virus aterriza en una comunidad con menor cobertura vacunal, ahí se enciende la chispa y se genera un brote", menciona el experto.

Un ejemplo claro de este fenómeno es lo que está ocurriendo en Estados Unidos, donde un reciente brote de sarampión comenzó en una comunidad religiosa con bajas tasas de vacunación. "En este caso no son personas antivacunas, simplemente su estilo de vida no contempla la medicina moderna, igual que ocurre en comunidades como los Amish”, explica Trilla.

En estos casos, la falta de inmunización crea el escenario perfecto para la propagación del virus. "Es como un incendio forestal: si la chispa cae en un lugar con suficiente 'madera seca', el fuego se extiende rápidamente, pero si llega a un área bien protegida, el brote se frena", recalca. Esto resalta la importancia de mantener coberturas vacunales elevadas y homogéneas en toda la población, evitando que el sarampión encuentre puntos débiles donde resurgir.

Las decisiones de EE.UU.

Hay que tener presente que en EE.UU. el movimiento antivacunas tiene una presencia mucho más fuerte que en España, y cuenta con figuras influyentes que fomentan la desinformación, como su Secretario de Sanidad, Robert F. Kennedy Jr. "Esto es terrible, en todos los sentidos", advierte Antoni Trilla.

"No tiene la más mínima lógica ni solidez científica", recalca el especialista respecto a los argumentos que utilizó Kennedy Jr. para hablar de varias enfermedades, como el sarampión.

"Se puede entender que alguien no se vacune por motivos religiosos o por miedo a efectos adversos, aunque estén demostrados como infrecuentes, pero dudar de la eficacia de la vacuna del sarampión cuando hay una evidencia científica aplastante es un sinsentido", destaca Trilla, que subraya que la vacuna es la mejor, y prácticamente la única, protección efectiva contra esta enfermedad. "Tomar vitamina A puede ayudar a reducir algunas complicaciones, pero no protege de la infección y lo mismo pasa con remedios sin fundamento como el aceite de hígado de bacalao", sentencia el experto.

El problema, según el experto, es que el movimiento antivacunas en EE. UU. no solo es numeroso, sino también poderoso y bien financiado. "Tienen dinero y capacidad para hacer campañas de desinformación masivas, y si tienen dinero, es porque están haciendo negocio: venden remedios alternativos, promocionan clínicas que prometen curas milagrosas… Es una industria”, advierte.

"Las autoridades deberían velar por la sensatez y la evidencia científica, pero en EE. UU. hemos visto que en los últimos años algunas personas al mando no son ni buenos científicos, ni médicos con experiencia, ni nada parecido", indica Trilla. "Y esto va a hacer daño, no solo a los ciudadanos de su país, sino al resto del mundo”, sostiene el especialista.

El impacto de estas decisiones trasciende fronteras porque, tradicionalmente, Estados Unidos ha sido una referencia mundial en salud pública. Según Trilla "antes se miraba a los CDC, a la FDA, a los Institutos Nacionales de Salud… Eran puntos de referencia con tradición y potencia investigadora". "Pero ahora, con algunas de las decisiones que se han tomado, ¿qué credibilidad tienen? ¿Qué van a decir, lo que ordene Kennedy?", cuestiona el experto.

No obstante, Trilla ve en esta crisis una posible oportunidad para Europa. "Quizá ha llegado el momento de que Europa alce la voz y se convierta en el referente en salud pública", señala.

Momento de vigilancia

Ante la situación actual, los profesionales clínicos, incluidos médicos y enfermeras, deben estar alerta y sensibilizados ante la posibilidad de que lleguen casos de sarampión. Aunque actualmente el sarampión no es común en España, es importante que recuerden que esta enfermedad existe, cuáles son sus síntomas y cómo se diagnostica. "Si no se piensa en ello, es difícil acertar, pero si lo tienes en mente, puedes reconocer el caso", afirma Trilla. "A lo mejor es el primer caso que ves en tu comunidad, en tu barrio, en tu dispensario, por lo tanto, es crucial pensar en el sarampión”, subraya.

Además, recomienda que los profesionales de la salud, en particular aquellos que tienen responsabilidad sobre la población de su centro de salud, revisen el estado de vacunación de sus pacientes. Esto incluye asegurarse de que los adultos estén correctamente inmunizados y recomendar la vacunación a aquellos que no lo estén. En cuanto a los niños, resalta la importancia de que pediatras y enfermeras pediátricas sigan interactuando con los padres para asegurar que vacunen a sus hijos.

"Es fundamental convertir la vacunación en una norma social", recalca Trilla. La vacunación debe ser vista como algo socialmente aceptado, como es el caso con el tabaco, donde fumar en muchos lugares ya no es lo habitual. "Si la norma social se convierte en no vacunarse, estaríamos perdidos, pero durante muchos años, la norma en nuestro país ha sido vacunar a los niños, y esto es lo que tenemos que mantener", concluye el experto en medicina preventiva.


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