La estimulación cerebral profunda o ECP en el núcleo subtalámico ha aliviado los síntomas de más de 150.000 pacientes que sufren párkinson. Esta terapia surgió hace casi tres décadas, en 1989, creada por el neurocirujano y profesor Tipu Aziz de la Universidad de Oxford. Junto con el profesor Alan Crossman, de la Universidad de Manchester, descubrieron que lesionar el núcleo subtalámico en primates no humanos aliviaba los síntomas de la enfermedad. Sin embargo, los mecanismos funcionales de este tratamiento no han sido aclarados del todo.
Ahora, gracias a los esfuerzos recientes de un grupo internacional de investigadores, se han descrito estos mecanismos en un artículo publicado este mes de agosto a la revista Scientific Reports.
Los resultados demuestran que el tratamiento por ECP en el núcleo subtalámico en pacientes con párkinson equilibra las dinámicas cerebrales globales.
En el estudio, los investigadores han medido la actividad cerebral usando la técnica de Resonancia Magnética Funcional en diez pacientes con enfermedad de Parkinson antes y durante el tratamiento con ECP. A través de modelos matemáticos cerebrales a gran escala han sido capaces de mostrar los efectos globales que esta estimulación crea. También se ha aplicado estimulación artificial en un cerebro simulado exponiendo aquellas regiones cerebrales que muestran una mayor eficacia del tratamiento.
Efecto global“Este método permite entender qué regiones son las encargadas de cambiar la actividad cerebral de pacientes con párkinson al tipo de actividad encontrada en personas sanas. Se trata del primer estudio que demuestra que el tratamiento ECP, a pesar de ser localizado, crea un efecto global”, afirma Victor Saenger, investigador del Centro de Cognición y Cerebro de la UPF y primer autor del artículo. Y añade que “este método nos permite también entender por qué el tratamiento con ECP es tan eficaz. Ahora podremos encontrar regiones de estimulación más efectivas sin la necesidad de hacer intervenciones clínicas “.
Modelos computacionalesSegún Morten Kringelbach, de la Universidad de Oxford, “la perspectiva de este estudio demuestra que ahora somos capaces de usar modelos computacionales de actividad cerebral para simular los efectos de estimulaciones cerebrales y así predecir el resultado. A largo plazo, esperamos utilizar estos métodos para hacer intervenciones personalizadas para un beneficio individualizado”. Aún así, advierte que “es muy importante considerar los riesgos y los aspectos éticos de usar una técnica tan invasiva como la ECP”.