Cáncer de ovario: una amenaza aún invisible

Tribuna por María Fernández Chereguini y Ana Conde, especialistas del Servicio de Ginecología Oncológica de MD Anderson Cancer Center Madrid-Hospiten

El cáncer de ovario constituye uno de los principales retos dentro de la Ginecología Oncológica. A pesar de representar aproximadamente un 3% de los tumores en mujeres, continúa siendo una patología con escasa visibilidad tanto en el ámbito clínico como en el social. Esta baja notoriedad, unida a su tendencia a manifestarse en fases avanzadas, dificulta en muchos casos un diagnóstico precoz y condiciona el pronóstico y las opciones terapéuticas disponibles.

María Fernández Chereguini, especialista del Servicio de Ginecología Oncológica de MD Anderson Cancer Center Madrid-Hospiten.

Una de las principales asignaturas pendientes para el cáncer de ovario es la dificultad para lograr un diagnóstico precoz. Sus síntomas -dolor pélvico, hinchazón abdominal, molestias urinarias o digestivas- son tan inespecíficos que muchas mujeres los normalizan o reciben diagnósticos erróneos Y, a diferencia de otros tumores, no cuenta con un sistema de cribado eficaz. Por ello, avanzar en biomarcadores fiables y accesibles no es solo un objetivo científico, es una urgencia sanitaria.

Ana Conde, especialista del Servicio de Ginecología Oncológica de MD Anderson Cancer Center Madrid-Hospiten.

La genética ofrece, sin embargo, una vía real para anticiparse. Hasta uno de cada cuatro casos está asociado a mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2, y conocer esta información a tiempo puede cambiar el curso de la enfermedad. Las mujeres con antecedentes familiares deben poder acceder sin barreras a pruebas genéticas y asesoramiento especializado para tomar decisiones preventivas, como un seguimiento estrecho o cirugía profiláctica. Avanzar hacia un acceso más equitativo es un objetivo irrenunciable.

En los últimos años, hemos logrado progresos terapéuticos notables, con terapias dirigidas que mejoran la supervivencia en pacientes con mutaciones concretas, investigándose, además, el potencial de la inmunoterapia y la medicina personalizada, que podrían revolucionar el tratamiento de este tumor.

Sin embargo, el abordaje del cáncer de ovario no puede limitarse al plano médico. La pérdida de fertilidad, los desequilibrios hormonales, las alteraciones en la imagen corporal y su impacto emocional afecta en la calidad de vida de las mujeres. Por ello, cada paciente necesita una atención integral que incluya apoyo psicológico, rehabilitación física y acompañamiento social desde el momento del diagnóstico.

En nuestro sistema sanitario, es necesario seguir avanzando hacia modelos más equitativos y especializados. Todas las mujeres con tumores ginecológicos deberían recibir atención en centros, con equipos multidisciplinares expertos. La calidad de la cirugía y la personalización del tratamiento son determinantes en el pronóstico, y no deberían depender del lugar de residencia. El futuro de la oncología ginecológica pasa por invertir en investigación, extender la medicina de precisión y aprovechar tecnologías como la inteligencia artificial. Pero, sobre todo, pasa por dejar de tratar el cáncer de ovario como un tumor invisible. Porque detrás de cada caso, existe una mujer que merece ser escuchada, atendida con excelencia y acompañada con humanidad.


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