Cada año se diagnostican en España unos 1.800 casos de cáncer de ovario. Aunque la cifra es baja comparada con otros tumores, cada uno representa a una mujer que merece atención temprana, tratamiento riguroso y acompañamiento. Lamentablemente, aún hoy estamos lejos de que esto ocurra de forma sistemática y equitativa.

Desde ASACO reclamamos que la supervivencia no se mida solo en años, sino también en calidad de vida. Porque no se trata solo de vivir más, sino de vivir bien. Muchas pacientes conviven durante años con la enfermedad, a menudo bajo tratamientos de mantenimiento. Y no podemos considerar una victoria sobrevivir sin recuperar el bienestar físico, emocional y social.
Las mujeres que han pasado por un cáncer de ovario necesitan mucho más que revisiones oncológicas. Las secuelas físicas de cirugías radicales, como la histerectomía total, son frecuentes y afectan a su día a día. La fisioterapia especializada para tratar el suelo pélvico o los linfedemas es una de las demandas más habituales que recibimos. A ello se suman las necesidades psicológicas, que rara vez se atienden desde el sistema público. El miedo, la ansiedad, la incertidumbre, los cambios en la imagen corporal y las dificultades para retomar la vida laboral y social deberían abordarse como parte esencial del proceso de recuperación.
También es urgente romper los tabúes en torno a la sexualidad, la menopausia precoz y la fertilidad. El cáncer ginecológico sigue siendo un tema incómodo, incluso entre mujeres conocidas que prefieren no hacerlo público por miedo al estigma. Necesitamos una educación sexual completa, una sociedad más abierta e informada y profesionales sanitarios con sensibilidad y formación específica para abordar estos aspectos con naturalidad y empatía. Hablar claro salva vidas y mejora la calidad de los cuidados.
Desde ASACO insistimos: todas las pacientes deben ser atendidas en centros expertos, con equipos multidisciplinares y recursos adecuados. Esta atención ya existe en algunas comunidades autónomas, pero no puede depender del lugar donde se resida. La equidad no puede ser un lujo, sino una base esencial del sistema sanitario. Invertir en una atención integral es invertir en vidas plenas. Es tiempo de pasar del compromiso a la acción real y sostenida en el tiempo.
La campaña Mi historia continúa nos recuerda que el diagnóstico puede no marcar el final. Acompañar esa historia con empatía, recursos, respeto y escucha activa es responsabilidad de todos los que formamos parte de esta sociedad. Solo así lograremos que la supervivencia deje de ser una cifra y se convierta en una vida verdaderamente vivida. Ese es el camino hacia un sistema más justo, humano y transformador.