Cuando la financiación autonómica decide quién espera y quién se trata

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La financiación autonómica no es un debate técnico ni estrictamente fiscal. En términos sanitarios, es —de facto— un debate sobre la financiación del principal servicio público del Estado. El gasto sanitario constituye el mayor capítulo presupuestario de las comunidades autónomas y, por tanto, cuando se habla de financiación autonómica, se está hablando, esencialmente, de cómo se financia la sanidad.

Propuesta de financiación

La propuesta del Gobierno de una mayor financiación global puede ser cierta en términos agregados. Sin embargo, resulta imprescindible aclarar que el nuevo esfuerzo financiero anunciado se dirige de manera preferente a una comunidad autónoma concreta, Cataluña, en un contexto de oposición prácticamente unánime del resto de las CCAA. No es el objetivo de este análisis valorar si ese planteamiento es políticamente correcto o no, pero sí resulta obligado reflexionar sobre sus consecuencias sanitarias.

Si existe un consenso básico en el Sistema Nacional de Salud es la necesidad de reducir las brechas de equidad entre territorios. La financiación debe servir para cerrar diferencias, no para profundizarlas. Un modelo que refuerce la capacidad de quienes ya disponen de mayores recursos sanitarios, sin compensar adecuadamente a las comunidades con menor capacidad, corre el riesgo de consolidar desigualdades estructurales en el acceso a la atención.

Solidaridad

Es cierto que las comunidades con sistemas sanitarios más potentes ya están ejerciendo un papel solidario, poniendo a disposición del conjunto del SNS hospitales y centros de referencia que atienden a pacientes procedentes de otros territorios. Este modelo de trabajo en red, apoyado en la designación de centros de referencia y en la derivación de pacientes complejos, demuestra que compartir recursos es una forma eficiente de invertir mejor, evitando duplicidades y aprovechando la especialización.

"Cualquier modelo de financiación autonómica debe nacer no solo del consenso político, sino de la certeza de que será capaz de sostener un sistema que va a necesitar más recursos"

Pero este enfoque solo es sostenible si el modelo de financiación acompaña. Los datos epidemiológicos y sociosanitarios permiten anticipar con claridad un escenario de creciente demanda sanitaria, impulsado por el envejecimiento poblacional, la cronicidad y la mayor complejidad clínica. Cualquier modelo de financiación autonómica debe nacer no solo del consenso político, sino de la certeza de que será capaz de sostener un sistema que va a necesitar más recursos, no menos.

Atención primaria

En este contexto, resulta imprescindible reforzar la Atención Primaria. No como un discurso recurrente, sino como una decisión estratégica. Una Atención Primaria fuerte, resolutiva y bien dotada es el mejor aliado de los hospitales y la manera más eficaz de garantizar la sostenibilidad del sistema, reservando la atención especializada para cuando realmente es necesaria.

La mejor prueba del compromiso de un Estado con su sanidad no es el discurso, sino la definición y el acuerdo de un modelo de financiación sólido, equitativo y suficiente. Y ese debate llega en un momento especialmente complejo: con un Estatuto Marco que ha abierto una brecha de entendimiento entre el Ministerio y los sindicatos médicos, con una financiación aún sin consenso y con listas de espera —tanto en consultas como quirúrgicas— que siguen siendo una de las principales fuentes de inequidad real.

Todo ello no hace sino agravar un problema que puede calcificar las arterias del Sistema Nacional de Salud. Por eso, más allá de cifras y negociaciones, la financiación autonómica acabará decidiendo, en la práctica, quién espera y quién se trata.