Los últimos retos en enfermedades infecciosas, como el VIH/Sida, la COVID-19, los microorganismos multirresistentes o los brotes de virus tropicales (virus del Nilo o dengue, entre otros), ponen de manifiesto la necesidad urgente de que España cuente con profesionales específicamente cualificados y formados. Sin embargo, nuestro país se enfrenta a estas amenazas con una importante desventaja, como es la falta de reconocimiento oficial de la especialidad.

De hecho, un estudio internacional con 35 países, recientemente presentado en el Congreso anual de la Sociedad Europea de Microbiología Clínica y Enfermedades Infecciosas (ESCMID Global 2025) y publicado en la revista Clinical Microbiology and Infection (PMID: 39725078), revela que España es el único país sin especialidad. Una circunstancia que sorprende en comparación con el alto volumen de producción científica en enfermedades infecciosas que muestran nuestros médicos, y que nos hace situarnos entre los cinco primeros países de Europa. En el mismo congreso europeo se han presentado los resultados preliminares del primer examen europeo de enfermedades infecciosas organizado por la UEMS-ID que se realizó el 18 de enero del 2025 y en el que ningún médico español participó.
En este sentido, la falta de especialidad repercute de forma directa en el recambio generacional. A muchos estudiantes españoles les gustaría poder realizar una formación MIR en enfermedades infecciosas, pero se tienen que decantar finalmente por otras especialidades. Es decir, hablamos de un talento que se desaprovecha, sin ponerse a disposición de los pacientes de nuestro país.
Por otro lado, la formación MIR en enfermedades Infecciosas sería el único itinerario formativo que aseguraría a los especialistas una formación integral para optimizar la atención a pacientes con infecciones graves y complejas, contribuyendo así a reforzar la capacidad de respuesta frente a nuevas emergencias sanitarias y pandémicas.
En este sentido, otras opciones formativas como las Áreas de Capacitación Específica o ACE, de dos años de duración, no constituyen opciones viables de formación para nuestros especialistas (por ejemplo, Francia, que inicialmente adoptó el modelo de ACE, lo abandonó en favor de una especialidad plena en el año 2016). Este modelo, además, impediría que los médicos españoles pudieran trabajar en Europa, ya que no tendrían la formación específica requerida y los especialistas europeos no podrían trabajar en España ya que no tendrían la especialidad de medicina interna y por tanto estaríamos desalineados con las recomendaciones europeas de libre movilidad.
Asimismo, la infraestructura formativa para las plazas MIR está ya creada al haber ya más de 100 hospitales españoles que cuentan con servicios de enfermedades infecciosas, independientes de medicina interna, o secciones de enfermedades infecciosas. Es decir, no se sobrecargaría el programa MIR, sino que se redistribuiría a sus profesionales.
En definitiva, son contundentes las razones para reconocer oficialmente la especialidad de enfermedades infecciosas en España y, de este modo, poner fin a una anomalía histórica. Los pacientes lo agradecerán.