Hace casi 20 años desde que se aprobaron las especialidades de Enfermería. Dos décadas en las que la profesión ha seguido avanzando, pero las administraciones parece ser que no se han dado cuenta o prefieren no darse cuenta.
Actualmente, seis de las siete especialidades contempladas en el Real Decreto están desarrolladas para la formación por el sistema de residencia (EIR), pero la implantación en el Sistema Nacional de Salud es muy distinta entre las distintas comunidades autónomas algo que, sin duda, supone un desequilibrio y una desigualdad enorme a la hora de dar los mejores cuidados a los pacientes.
Lo hemos dicho una y mil veces, resulta inadmisible que una parte de la población esté desprotegida y no pueda contar con la atención especializada de las enfermeras porque los dirigentes políticos no se encargan de solucionar este problema.
Pero vamos más allá, ¿cómo es posible que formemos cada año a más de 2.000 enfermeras especialistas y luego no seamos capaces de incorporarlas en el sistema de salud en un puesto que corresponda a esa formación?
Es decir, estamos viviendo en un sistema en el que el Ministerio y las comunidades autónomas están formando a profesionales para dar los mejores cuidados a la población y después no les dejan trabajar como tal y se ven obligados a hacerlo como enfermeros generalistas en otros ámbitos muy alejados de su especialidad, mientras que allá donde son necesarios trabajan otros enfermeros y enfermeras sin especialización. Esto, siento decirlo, no tiene ningún sentido.
Excepto la especialidad de matrona, que, debido a una directiva europea de obligado cumplimiento, sí está desarrollada, implementada y plenamente reconocida, el resto ven grandes disparidades entre regiones. Acaba de conmemorarse el Día Mundial de la Infancia y nuestras compañeras de Pediatría alertaban del peligro que supone para el cuidado de los menores. Tan solo seis comunidades tienen una bolsa de especialistas en Pediatría funcionando, las demás o no la tienen funcionando, o no cuentan con bolsa o ni siquiera reconocen la especialidad en su sistema de salud. Y como Pediatría, las demás, Salud Mental, Geriatría, Familiar y Comunitaria y Trabajo también sufren estas desigualdades.
Viendo la situación que se respira 20 años después, es evidente, ni al Estado ni a las comunidades autónomas les interesa apostar por la especialización de las enfermeras porque les interesa un modelo de enfermera generalista, de enfermera para todo, que resulta más barato y resta complejidad a la organización del sistema sanitario. Pero para nosotros esto ya no es suficiente y demandamos poner una solución urgente a este asunto.
La formación y la especialización de los cuidados no es algo que beneficie a las enfermeras económicamente, sino que es un plus para los pacientes. La evidencia científica lo avala y los gobiernos deben aceptar la realidad: la formación especializada no es un coste, es una inversión.
La formación académica de las enfermeras/os en España está a la cabeza a nivel mundial, somos grado universitario (4 años de carrera), máster y especialistas, y doctoras y doctores, pero los puestos de trabajo que ocupan las enfermeras siguen siendo los que se diseñaron en los años 80 del siglo pasado, es hora de abordar de forma seria y rigurosa el cambio de Modelo de la Profesión enfermera, con un desarrollo competencial completo que permita cuidar y proporcionar atención sanitaria de calidad y excelencia, cubriendo las necesidades actuales de la población y la ciudadanía.