Otro coronavirus en el radar y el mismo problema sin resolver

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En plena Semana Mundial de la Inmunización, cuando el discurso sanitario se centra —como es preceptivo— en el valor de las vacunas, emerge una noticia que debería generar algo más que interés científico: la identificación de un nuevo coronavirus con capacidad potencial de infectar células humanas. No es una rareza inesperada, sino una confirmación.

La Autoridad Europea de Preparación y Respuesta ante Emergencias Sanitarias (HERA) ya lo había advertido: los coronavirus siguen estando entre los principales candidatos a provocar la próxima pandemia. No por azar, sino por su biología, su capacidad de mutación, su reservorio animal y su historial reciente. SARS, MERS y COVID-19 no fueron excepciones; fueron avisos.

Y, sin embargo, el problema no está en el virus; está en la respuesta.

Seis años después del inicio de la pandemia, España sigue sin haber completado su arquitectura de preparación. El manifiesto firmado por las principales sociedades científicas de prevención e infecciones respiratorias es claro: el país avanza de forma incompleta, lenta y todavía no operativa.

Un plan que no despega

El Plan Estatal de Preparación y Respuesta, que anunció el ministerio de sanidad y al que el Gobierno se comprometió, sigue sin desplegarse plenamente. El marco normativo que debería garantizar reservas estratégicas, logística, interoperabilidad o capacidad de escalado asistencial continúa sin concretarse. Y la Agencia Estatal de Salud Pública, pese a existir en el BOE, sigue sin ser una herramienta real de coordinación; ni sede, ni estatutos.

Una buena traducción de todo esto es clara: sabemos lo que puede venir, pero no estamos preparados para cuando llegue.

La paradoja es evidente. Mientras celebramos la inmunización —y debemos hacerlo—, descuidamos el sistema que permite que esa inmunización sea eficaz en una crisis real. Pero no sólo las vacunas deben ser objeto de la preparación y respuesta, sino otras herramientas que nos protejen y que debemos tener localizadas e incluso inventariadas son: antivirales de amplio espectro, mascarillas, EPI, respiradores… Porque la respuesta no comienza en el momento de intervenir. Comienza mucho antes: en la vigilancia epidemiológica, en la anticipación, en la capacidad industrial y en la gobernanza. La respuesta ante crisis sanitarias comienza en la preparación. Y ahí es donde España sigue sin dar el salto.

Actitud reactiva

Europa ha entendido que la preparación no es una política sanitaria más, sino una política estratégica. HERA representa precisamente eso: anticipar, financiar, coordinar y actuar antes de que la emergencia estalle.

España, en cambio, sigue funcionando en modo reactivo.

Sin objetivos medibles, sin financiación estructural, sin simulacros obligatorios, sin una cadena clara de mando. Y, sobre todo, sin integrar de verdad a todos los actores del sistema, sociedades científicas, CC.AA., compañías, que es clave para garantizar coordinación y disponibilidad de vacunas, antivirales y suministros críticos. Porque la preparación también es industrial.

Las reservas estratégicas no se improvisan. La capacidad de desarrollar y escalar vacunas en tiempo récord no se construye en mitad de una crisis. Requiere inversión sostenida, seguridad regulatoria y colaboración público-privada real.

El manifiesto de las sociedades científicas lo señala sin ambigüedad: sin financiación estable y sin un marco coherente, la preparación seguirá siendo declarativa. Y en salud pública, las declaraciones no protegen a la población.

La lección de la COVID-19 y el compromiso que asumieron los responsables políticos no era solo resistir mejor la siguiente pandemia. Era evitar volver a improvisar. Era construir un sistema capaz de anticiparse.

Hoy, con un nuevo coronavirus en el radar y con HERA señalando el riesgo, la cuestión ya no es si habrá otra amenaza. La cuestión es más incómoda: si, cuando llegue, seguiremos diciendo exactamente lo mismo que ahora.

El Consejo de Ministros no puede seguir posponiendo esta decisión: es el momento de aprobar el Real Decreto y dar un primer paso, de la intención a la acción.