¿Por qué el Congreso ha rechazado la Agencia de Salud Pública?

El Congreso de los Diputados ha rechazado la creación de la Agencia Estatal de Salud Pública (AESAP), un proyecto largamente esperado desde los tiempos de la pandemia. Los votos del PP, VOX y Junts han sumado el rechazo de la Ley; 176 votos en contra frente a 167 a favor por parte del Gobierno.

Lo han hecho no por falta de su necesidad técnica, ni por falta de consenso previo que existía en la comisión de sanidad. La razón del rechazo puede decirse que depende de cada grupo, influyendo los vetos cruzados y una creciente desconfianza entre partidos.

La salud pública, paradójicamente, ha sido la gran damnificada. Sin embargo, puede afirmarse que ha faltado tacto en algunas cuestiones que han hecho saltar por los aires el consenso previo. Por eso, se trata de un rechazo momentáneo, ya que la mayoria no duda de la necesidad de una Agencia de Salud Pública. Ahora toca reconstruir los puentes rotos del consenso en la comisión de sanidad del Congreso. Y, de paso, incorporar algunas enmiendas más que el PP quiere ahora que se incluyan

Ajustes del PP

El PP ahora quiere que sea una entidad propia la enmienda sobre la reserva estratégica que planteó, ya puestos a revisar el texto tras su rechazo por el Congreso. El nuevo escenario se va a diseñar con nuevas peticiones que pueden perfilar las posturas y exigencias de cada partido.

Pero lo que ha marcado la diferencia no ha sido tanto el fondo de la ley como su forma al presentarla. Vox, coherente con su discurso habitual, se opuso desde el principio. El Partido Popular, sin embargo, sorprendió al cambiar su voto en el último momento, después de que el Gobierno vetara una enmienda suya sobre desperdicio alimentario. Junts, en una estrategia paralela, se sumó a la negativa. El PP también ha sido crítico con Fernando Simón y su gestión de la pandemia, y no ayudó las alabanzas de la ministra de sanidad dirigiéndose a Simón, que seguía la sesión en el Congreso.

Para Vox, la AESAP no es más que “una estructura burocrática innecesaria”, un “chiringuito para colocar a los suyos”. No hace falta leer entre líneas para entender que esta acusación alude —aunque sin citarlo— a figuras como Fernando Simón. Convertido en símbolo de la gestión de la pandemia, Simón ha sido objeto de durísimas críticas, y su posible papel en la futura agencia ha alimentado el rechazo de PP y Vox.

Giro inesperado

Pero el giro más llamativo ha sido el del Partido Popular. Tras apoyar en la comisión de sanidad y participar activamente en su diseño, su negativa final responde a un desacuerdo parlamentario más que a una objeción de fondo. Su argumento de que el Gobierno rompió el consenso al vetar una de sus enmiendas deja entrever que la ley ha sido víctima de una lógica de bloque. Un pulso más entre Ejecutivo y oposición, donde el instrumento sanitario ha quedado relegado.

Críticas de la ministra

Sumar y la ministra de Sanidad, Mónica García, no han ahorrado críticas tras el rechazo. Sin embargo, en su comparecencia el tono y el planteamiento no ha sido todo lo conciliador que esperaba el PP. Desde el Gobierno han calificado la decisión de “pataleta”, “rabieta” e “irresponsabilidad mayúscula”.

No hay duda de que el Congreso ha dejado escapar una herramienta fundamental para prevenir nuevas crisis sanitarias, cuando la experiencia del COVID-19 sigue fresca en la memoria colectiva. Pero el Gobierno pretende «presentarla las veces que haga falta» y sería bueno que lo hiciera con una postura más conciliadora. Quizás con la que existe en el seno de la comisión de sanidad.

Muchas Sociedades Científicas, expertos y expertas lamentarán la votación y son conscientes que hay que retomar el impulso cuando sea posible. La agencia estaba pensada como un pilar técnico e independiente, capaz de coordinar respuestas frente a amenazas sanitarias bajo el principio de “Una sola salud” —humana, animal y ambiental—, alineándose con las recomendaciones europeas y de la OMS. Se trataba del primer paso en más deberes que deben prepararnos para futuras emergencias sanitarias.

«Al margen de si estuvo Simón acertado en sus predicciones y gestión de la pandemia, mencionarle en el debate no contribuye a conseguir el apoyo del PP a la Agencia»

El resultado  de la votación, aunque es una señal preocupante, es un aviso a que según qué materias deben eludir la crispación parlamentaria de estos tiempos. El Gobierno (ministerio de sanidad) y los diputados deben hacer su trabajo y dejar de lado los mitines. Y evitar la polarización también pasa por no dejar entrever guiños a quien es objeto de rechazo en su gestión de la pandemia por el PP, como Fernando Simón. Al margen de si estuvo Simón acertado en sus predicciones y gestión de la pandemia, mencionarle en el debate no contribuye a conseguir el apoyo del PP a la Agencia.

La política partidista ha vuelto a anteponerse al interés general por la actitud de todos. Aunque nada justifica ir en contra de lo bueno, ahora el texto puede ser susceptible de mejorar desde el diálogo. Aunque la salud pública, una vez más, queda atrapada entre vetos cruzados, discursos ideológicos y batallas partidistas. España seguirá sin una agencia propia para anticiparse a futuras pandemias. La pregunta ya no es si necesitamos esta agencia. Es cuánto más estamos dispuestos a esperar a la Agencia y a otras prioridades en salud pública.