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Tribuna por María Ángeles González, oncóloga de radioterapia en el Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla

Mª Ángeles González
María Ángeles González, oncóloga de radioterapia en el Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla.

Alrededor de dos mil enfermeras y enfermeros salen de las facultades andaluzas cada año con un objetivo claro: reforzar la ocupación que han elegido y que consiste, principalmente, en el cuidado y protección de la salud de todas y todos. Pero para poder cuidar con garantías y eficacia, la Enfermería requiere de la atención de una serie de aspectos que no son tomados en serio por todos los agentes sociales y sanitarios, y que exige un compromiso serio y efectivo para con nuestro sistema sanitario, la salud de la población y el desarrollo de nuestra profesión.

Aspecto a resolver con urgencia: Andalucía no puede ni debe soportar una ratio enfermera/paciente que pone en peligro la salud y bienestar de todas y todos. El dato andaluz registra una ratio de 423,8 por cada 100.000 habitantes, cuando la media europea, que es la que sostiene una ratio con la que se proporciona unos cuidados de calidad, es de 873 enfermeros.

El reconocimiento real de nuestras competencias asistenciales y de gestión, en todos los niveles, no puede concebirse sin el desarrollo real de la Carrera profesional. Hasta ahora, la Administración andaluza mantiene paralizado el trámite que fue aprobado en Consejo de Gobierno el pasado diciembre. Para conseguirlo, es urgente establecer la clasificación de las enfermeras en el nivel profesional A, aspecto que debe solventarse con un apoyo unánime de todos los actores políticos. No podemos seguir en un grupo profesional que no reconoce nuestra formación ni nivel profesional.

Del mismo modo, en Andalucía aún no se han implantado las guías de prescripción enfermera, esto es, hasta nueve normas que regulan la indicación, uso y autorización de dispensación de medicamentos sujetos a prescripción médica por parte de las enfermeras y enfermeros, y que son fruto de un gran consenso político. Se trata de una gran oportunidad para evidenciar cómo Andalucía respalda la puesta en marcha de normas que suponen un revulsivo para fortalecer una política sanitaria basada en los cuidados y la prevención, aportando además seguridad jurídica a las enfermeras y enfermeros en el desarrollo diario de sus funciones.

Otra de las tareas pendientes exige el desarrollo y plena implantación de las Especialidades de Enfermería con el consiguiente desarrollo del mapa competencial, sin olvidarnos de la implementación de las especialidades pendientes junto con sus unidades docentes. Cuando una enfermera o enfermero decide apostar por la especialización, pretende sumar más conocimiento y ensanchar la investigación en la especialidad elegida, pero la realidad andaluza contempla una categoría genérica de Enfermera especialista, donde se mencionan las especialidades de Pediátrica, Familiar y Comunitaria, Salud Mental y Trabajo, y no hay bolsas específicas. Además, Geriatría no cuenta ni con plazas de formación en la comunidad. Se trata de una tomadura de pelo que expulsa a muchas enfermeras de nuestra comunidad.

Más del 60% de los enfermeros y enfermeras recién egresados en Andalucía se ven obligados a marcharse a otras comunidades. Un titular recurrente que ilustra una realidad abrumadora. Si realmente queremos revertir estos datos, necesitamos más voluntad política y más escucha activa.