Verano: virus, virus y más virus

El verano de 2025 en España ha estado marcado por una combinación de brotes inesperados y señales de contención frente a virus. Julio y agosto han representado un período de contrastes: un suspiro de alivio frente a algunos virus, mientras brotan amenazas puntuales que recuerdan la necesidad de vigilancia constante.

Tras ver la luz los últimos datos del Sistema de Vigilancia de Infección Respiratoria Aguda (SiVIRA), el COVID-19 continúa su escalada. En concreto, la tasa de síndrome COVID-19 es de 20,7 casos por cada 100.000 habitantes, ligeramente superior que los datos relativos a la anterior semana. Esto remarca la necesidad de mantener una vigilancia constante, preservar la capacidad de respuesta del sistema sanitario y recordar a la ciudadanía que la vacunación y las medidas preventivas son todavía herramientas esenciales para evitar cualquier escalada indeseada que pueda poner en juego la salud de la población de nuevo. Esta situación es extrapolable a la influeza que, pese a que los casos van descendiendo a la par que acaba el verano, también requiere de un control epidemiológico en un contexto donde el entorno estival podría disimular su persistencia; ahora mismo la tasa de síndrome gripal se sitúa en 5,6 casos por cada 100.000 habitantes.

La gripe aviar H5N1 también es otra de las grandes protagonistas, recientemente País Vasco ha informado del refuerzo de medidas preventivas, pese a que el riesgo de contagio para la población es bajo. En concreto, éstas se han basado en intensificar las operaciones de limpieza y desinfección de superficies de concentraciones de aves silvestres; vaciar papeleras y basura de los lugares públicos donde se acumulen gaviotas u otras aves silvestres y garantizar las medidas de protección individual en las personas trabajadoras que realicen las operaciones de limpieza o cualquier otra actividad en la que se entre en contacto con aves enfermas o muertas. Cabe mencionar que en el Reino Unido también se han blindado frente a la gripe aviar. En la actualidad, una de las incertidumbres de los expertos es si H5N1 podrá causar una pandemia en un futuro, cuestión que dependerá de si el virus desarrollará o no la capacidad de transmitirse de persona a persona.

Si hablamos de virus, el del chikungunya también ha acaparado todas las miradas. Pese a que la probabilidad de que haya brotes de chikungunya como los de China es más baja en España, contamos con herramientas para poder abordar los casos de forma rápida y efectiva. De hecho, la posibilidad de que la población, en algún momento, desarrolle inmunidad, y la necesidad de que haya un mosquito de por medio para su transmisión, parece dar cierta tranquilidad con respecto a su potencial epidémico.

Incidiendo en materia de mosquitos, el Virus del Nilo Occidental (VNO), España ha vivido un respiro en agosto, dado que no ha registrado ni un solo caso humano gracias a su sólida estrategia preventiva que incluyó fumigaciones, trampas y vigilancia desde el invierno. No obstante, los mosquitos infectados han estado presentes, poniendo sobre la mesa que la dualidad entre ausencia de casos y persistencia del riesgo subraya la urgencia de no ceder en la vigilancia: el virus sigue siendo endémico, y solo una vigilancia activa y constante puede evitar que una calma aparente se transforme en un repunte inesperado.

Estos hechos insisten en una verdad ineludible: solo con vigilancia activa, medidas preventivas coherentes y adaptación constante podremos salvaguardar la salud pública ante la volatilidad viral que no entiende de estaciones.


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