«Queremos reforzar la vacunación y avanzar en estrategias para proteger mejor a los más vulnerables»

Gaceta Médica entrevista a Begoña Comendador, la nueva directora general de Salud Pública de la Comunidad Valenciana, que valora la campaña de la gripe, la incorporación de la vacuna de VRS o el potencial de la IA para impulsar las políticas preventivas

La directora general de Salud Pública de la Comunidad Valenciana, Begoña Comendador.

Begoña Comendador asumió a principios de año la dirección general de Salud Pública de la Comunidad Valenciana, una responsabilidad fundamental en materia sanitaria. Lo hizo, además, en una campaña que ha estado marcada por un inusual pico adelantado de las infecciones de gripe -como consecuencia de la variante K- y en un momento en el que el escenario de la Salud Pública vive momentos decisivos.

En una de sus primeras entrevistas con la prensa especializada, Comendador desgrana en Gaceta Médica los ejes que sentarán las bases de sus políticas en los próximos meses a la vez que hace balance de aspectos como la citada campaña de vacunación antigripal, de la implantación de la inmunización frente a VRS en adultos en residencias y vulnerables, o avanza el papel que puede jugar la IA en materia de prevención.

-¿Qué balance hace de las coberturas alcanzadas hasta el momento en la campaña de vacunación frente a la gripe en comparación con el año pasado y con los objetivos marcados?

La valoración global de la campaña es positiva, aunque desde la perspectiva de salud pública siempre analizamos las coberturas con un enfoque exigente. En los grupos de mayor riesgo, especialmente en las personas mayores de 65 años, las coberturas se han mantenido en niveles similares a los del año pasado, con una ligera tendencia ascendente en algunos departamentos de salud, lo que indica que existe una percepción clara del beneficio de la vacuna para prevenir complicaciones graves.

En el grupo de 60 a 64 años encontramos una menor percepción de riesgo, por lo que es uno de los grandes retos de las políticas de vacunación en el adulto: muchas personas se sienten sanas y no perciben que la gripe puede desencadenar complicaciones cardiovasculares, respiratorias o descompensaciones de enfermedades crónicas.

Otro elemento relevante es la vacunación infantil. La introducción de la vacunación universal frente a la gripe en niños pequeños representa un cambio de paradigma en las estrategias de prevención. Sabemos que los niños son grandes transmisores del virus en la comunidad, y su vacunación no solo protege individualmente, sino que también contribuye a reducir la circulación viral y proteger indirectamente a personas vulnerables. En este grupo estamos observando una tendencia de crecimiento progresivo de las coberturas.

¿Qué medidas nuevas se pueden poner en marcha en próximas campañas para fomentar la inmunización en colectivos clave y vulnerables, como sanitarios, niños o mayores de 60 años?

La experiencia acumulada en campañas de vacunación nos demuestra que las estrategias más eficaces combinan accesibilidad, información basada en evidencia y una captación activa de las personas candidatas a vacunarse.

Las campañas tradicionales basadas exclusivamente en la cita en centros de salud están evolucionando hacia modelos más flexibles. Esto incluye ampliar horarios, habilitar puntos móviles de vacunación en espacios comunitarios, facilitar la vacunación en residencias o centros sociosanitarios y aprovechar oportunidades de contacto con el sistema sanitario para ofrecer la vacuna de forma oportunista.

Begoña Comendador

Además, trabajamos para reforzar la captación activa utilizando los sistemas de información disponibles. Las bases de datos poblacionales permiten identificar a las personas que pertenecen a grupos de riesgo y que aún no se han vacunado. Esto abre la puerta a estrategias de contacto directo, como mensajes personalizados, llamadas automatizadas o recordatorios desde atención primaria.

Otro aspecto clave es la comunicación. Es importante adaptar los mensajes a los diferentes grupos de población. En el caso de las personas mayores, la comunicación debe centrarse en la prevención de hospitalizaciones y complicaciones graves. En las familias con niños pequeños, debemos transmitir claramente que la vacunación infantil protege tanto al propio niño como a su entorno familiar. Y en el caso de los profesionales sanitarios, el enfoque debe reforzar su papel como referentes de salud y como elemento clave para proteger a los pacientes más vulnerables.

Finalmente, es importante integrar la vacunación dentro de una visión más amplia de la prevención a lo largo de toda la vida. Las campañas futuras deberán avanzar hacia modelos más integrados en los que la vacunación se ofrezca junto con otras intervenciones preventivas, revisiones de salud o programas de seguimiento de enfermedades crónicas.

-¿Qué tal ha funcionado la puesta en marcha del programa de inmunización frente al virus respiratorio sincitial (VRS) entre los ancianos institucionalizados más vulnerables? Tras la recomendación acordada en la Comisión de Salud Pública del Ministerio este año, ¿tienen previsto estudiar una progresiva ampliación de cohortes de cara a las próximas campañas?

La introducción de estrategias de inmunización frente al virus respiratorio sincitial en población adulta vulnerable representa uno de los avances más relevantes en la prevención de infecciones respiratorias en los últimos años.

Tradicionalmente, el VRS se ha asociado principalmente a la enfermedad en lactantes, pero en las últimas décadas se ha acumulado evidencia científica sólida que demuestra que también tiene un impacto significativo en personas mayores y en pacientes con patologías crónicas. En este grupo de población puede provocar neumonías graves, exacerbaciones de enfermedades respiratorias o cardiovasculares y hospitalizaciones.

La implementación del programa dirigido a personas institucionalizadas vulnerables se ha desarrollado de forma coordinada con los centros sociosanitarios y con los equipos de atención primaria. La aceptación ha sido elevada y la logística ha funcionado adecuadamente, lo que demuestra la capacidad del sistema sanitario para incorporar nuevas estrategias de prevención cuando existe una base científica sólida.

Begoña Comendador

En estos momentos estamos analizando los datos de cobertura, impacto clínico y hospitalizaciones para evaluar el beneficio real del programa. La Comisión de Salud Pública ha señalado la importancia de continuar generando evidencia en este ámbito y, en ese contexto, es razonable plantear que en los próximos años podamos estudiar una ampliación progresiva de las cohortes diana.

No obstante, cualquier ampliación debe basarse en tres pilares fundamentales: evidencia científica robusta, evaluación de coste-efectividad y sostenibilidad del programa a largo plazo. Nuestro objetivo es avanzar de manera prudente pero decidida hacia una mayor protección de las personas más vulnerables frente a este virus.

-El sarampión ha vuelto a España, como alertó la OMS, y en las distintas comunidades ya se están detectando casos e implantando programas de seguimiento. ¿Le preocupa una menor percepción de riesgo entre la población que comprometa la correcta cobertura vacunal?

El sarampión es probablemente uno de los mejores ejemplos de cómo la vacunación puede cambiar el curso de una enfermedad. Antes de la introducción de la vacuna, el sarampión causaba epidemias periódicas con un elevado número de complicaciones y fallecimientos. Gracias a la vacunación sistemática, muchos países consiguieron reducir drásticamente su incidencia.

Sin embargo, el sarampión es también uno de los virus más contagiosos que conocemos. Esto significa que para mantener la eliminación de la enfermedad es necesario mantener coberturas muy altas, superiores al 95 % con dos dosis de vacuna. Cuando aparecen bolsas de población susceptible, el virus puede volver a circular.

En los últimos años estamos observando un aumento de casos en distintos países europeos, en gran parte debido a descensos en las coberturas vacunales o a retrasos en la administración de las dosis. En España las coberturas siguen siendo altas, pero debemos mantener una vigilancia constante.

Uno de los retos más importantes es la percepción social del riesgo. Cuando una enfermedad deja de verse con frecuencia, algunas personas pueden infravalorar su gravedad. Por eso es fundamental continuar trabajando en información basada en evidencia, revisar los calendarios vacunales y actuar con rapidez ante cualquier caso importado.

La experiencia nos demuestra que la combinación de vigilancia epidemiológica, respuesta rápida ante brotes y mantenimiento de altas coberturas vacunales es la estrategia más eficaz para evitar la reaparición de enfermedades que creíamos controladas.

-En una intervención que realizó durante su etapa anterior destacó el papel que un uso ético de la inteligencia artificial debe jugar en los próximos años. En su nueva responsabilidad, ¿qué papel puede desempeñar la IA y cómo puede ayudar en salud pública?

La inteligencia artificial representa una herramienta con un enorme potencial para mejorar la toma de decisiones en salud pública. No se trata de sustituir el juicio clínico o epidemiológico, sino de disponer de instrumentos más potentes para analizar grandes volúmenes de información y detectar patrones que de otro modo podrían pasar desapercibidos.

En el ámbito de la vacunación, por ejemplo, la inteligencia artificial puede ayudarnos a identificar áreas geográficas con menores coberturas, detectar desigualdades en el acceso a los programas preventivos o anticipar necesidades logísticas en campañas de gran escala.

También puede desempeñar un papel importante en los programas de cribado poblacional. Los sistemas automatizados pueden mejorar la identificación de personas candidatas a participar, optimizar los sistemas de citación y realizar seguimiento de las personas que no acuden a las pruebas de detección precoz.

Begoña Comendador

Sin embargo, el desarrollo de estas herramientas debe realizarse siempre dentro de un marco ético sólido, garantizando la protección de los datos personales, la transparencia de los algoritmos y la ausencia de sesgos que puedan generar inequidades en salud.

Si se utiliza correctamente, la inteligencia artificial puede convertirse en un aliado muy valioso para fortalecer los sistemas de prevención y mejorar la eficiencia de los programas de salud pública.

-Acaba de aterrizar en su nuevo cargo, pero conoce bien la Conselleria. En este sentido, ¿cuáles van a ser sus prioridades estratégicas y qué proyectos tiene en mente para implementar en los próximos meses en materia de salud pública?

-La salud pública tiene hoy un papel más relevante que nunca, porque muchos de los grandes retos sanitarios actuales no se resuelven exclusivamente desde la asistencia sanitaria, sino desde la prevención, la vigilancia y la actuación sobre los determinantes de la salud. En este contexto, nuestras prioridades estratégicas se orientan a fortalecer las principales áreas de actuación de la salud pública y a modernizar las herramientas con las que trabajamos.

En primer lugar, queremos seguir reforzando los programas de vacunación a lo largo de toda la vida, consolidando el calendario vacunal y avanzando en estrategias que permitan proteger mejor a las personas más vulnerables. Las vacunas continúan siendo una de las intervenciones de salud pública con mayor impacto en términos de prevención de enfermedad y reducción de mortalidad.

Otra línea prioritaria es el fortalecimiento de la vigilancia epidemiológica y la capacidad de respuesta ante riesgos emergentes. La experiencia reciente con la pandemia nos ha recordado la importancia de disponer de sistemas de vigilancia sólidos, capaces de detectar precozmente cambios en los patrones epidemiológicos, identificar brotes y activar respuestas rápidas. Esto implica seguir mejorando la integración de los sistemas de información, reforzar la capacidad analítica y avanzar hacia modelos de vigilancia cada vez más proactivos.

Begoña Comendador

También queremos seguir impulsando las actuaciones en salud ambiental y seguridad alimentaria, ámbitos fundamentales para proteger la salud de la población. Factores como la calidad del aire, el agua, el control de riesgos ambientales o la seguridad de los alimentos tienen un impacto directo en la salud colectiva y requieren sistemas de control rigurosos y coordinados. En un contexto de cambio climático y transformación de los entornos urbanos, estos aspectos adquieren cada vez mayor relevancia.

Otra prioridad estratégica es la consolidación y mejora de los programas de cribado poblacional, que permiten detectar enfermedades en fases precoces y mejorar significativamente el pronóstico de los pacientes. Programas como el cribado de cáncer de mama, de cáncer colorrectal o de cáncer de cérvix constituyen herramientas fundamentales para reducir la mortalidad por cáncer y mejorar la equidad en el acceso a la detección precoz. En los próximos años queremos seguir mejorando su cobertura, optimizar los circuitos de participación y aprovechar mejor los sistemas de información para identificar a las personas que todavía no han participado.

La promoción de la salud y la prevención de enfermedades crónicas es otra de las grandes áreas de actuación. Muchas de las principales causas de enfermedad y muerte en nuestra sociedad están relacionadas con estilos de vida y determinantes sociales de la salud. Por ello, debemos seguir impulsando estrategias comunitarias que promuevan hábitos saludables, fomenten la actividad física, mejoren la alimentación y refuercen la participación de municipios y comunidades en la mejora de la salud.

Asimismo, queremos reforzar el papel de la salud laboral, un ámbito que a menudo pasa desapercido pero que tiene un enorme impacto en la salud de la población trabajadora. La prevención de riesgos laborales, la vigilancia de la salud en el entorno de trabajo y la coordinación entre los servicios de salud pública y el sistema sanitario son elementos clave para proteger la salud de millones de personas.

Finalmente, otro eje transversal será la modernización de los sistemas de información y el uso inteligente de los datos en salud pública. Disponer de información de calidad y herramientas analíticas avanzadas permitirá identificar desigualdades en salud, evaluar el impacto real de las intervenciones y diseñar políticas más eficaces.

En definitiva, nuestro objetivo es avanzar hacia una salud pública cada vez más integrada, basada en evidencia científica, orientada a la prevención y capaz de anticiparse a los riesgos que puedan afectar a la salud de la población.


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