El Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS) ha dado luz verde este jueves a tres acuerdos con un marcado perfil asistencial y preventivo: la nueva estrategia de Cuidados Paliativos 2026-2030, un documento de consenso para reforzar el abordaje de la Enfermedad Renal Crónica (ERC) y la actualización del consenso sobre prevención de la fragilidad y las caídas en personas mayores. Las tres iniciativas comparten un mismo enfoque: anticiparse a los problemas de salud, homogeneizar la respuesta entre comunidades autónomas y reforzar una atención más coordinada, personalizada y equitativa.
En cuidados paliativos, el cambio más relevante acordado por las comunidades y el Ministerio es el giro de enfoque: la atención deja de quedar vinculada solo a la fase terminal y pasa a activarse a partir del sufrimiento causado por la enfermedad. El documento 2026-2030 refuerza, además, el acceso a los paliativos como un derecho, con independencia de la patología o del lugar de residencia, y plantea una identificación más precoz de necesidades en todos los niveles asistenciales mediante herramientas clínicas integradas en la historia de salud, como NECPAL 4.0.
La estrategia de paliativos también incorpora medidas específicas para la población pediátrica, con cobertura desde la etapa perinatal en casos de condiciones incompatibles con la vida extrauterina, y prevé una transición no precipitada a los recursos de adultos para jóvenes de entre 19 y 24 años. A ello suma continuidad asistencial 24 horas al día, 365 días al año, apoyo de la telemedicina, la figura de la enfermera gestora de casos y medidas frente a determinantes sociales como el sesgo de género, el edadismo y la sobrecarga de las personas cuidadoras.
El acuerdo en ERC, por su parte, fija la hoja de ruta para 2025-2028 dentro de la Estrategia para el Abordaje de la Cronicidad del SNS. El texto parte de un diagnóstico claro: la enfermedad renal crónica afecta a más del 10% de la población adulta, supera los 4 millones de personas, suele estar asociada a patologías como diabetes, hipertensión o enfermedad cardiovascular y representa en torno al 5 por ciento del gasto sanitario total. Además, al cursar muchas veces sin síntomas iniciales, sigue muy infradiagnosticada.
Para corregir esa situación, el documento aprobado apuesta por cuatro líneas de actuación. La primera es la detección precoz en población de riesgo, con cribado anual mediante análisis de sangre y orina en mayores de 60 años y en pacientes con factores de riesgo como obesidad, hipertensión, diabetes o patología cardiovascular. La segunda es mejorar la coordinación asistencial, con criterios de derivación más claros desde Atención Primaria a especialidades como Nefrología, Medicina Interna o Geriatría y con un impulso a las e-consultas. La tercera pasa por integrar alertas automáticas en la historia clínica electrónica para detectar casos de riesgo y ajustar dosis farmacológicas según función renal. Y la cuarta se centra en el autocuidado, con programas educativos y toma de decisiones compartida junto a asociaciones de pacientes.
En paralelo, el CISNS ha aprobado la actualización del documento de consenso sobre prevención de la fragilidad y caídas en la persona mayor, una medida que Sanidad enmarca en el envejecimiento poblacional y en la necesidad de retrasar discapacidad y dependencia. Según la información remitida por el Ministerio, la fragilidad afecta aproximadamente al 18% de las personas mayores, con tasas que suben hasta entre el 18% y el 38% en mayores de 85 años, mientras que cerca del 30% de los mayores de 65 años sufre al menos una caída al año.
El nuevo consenso introduce un abordaje conjunto de fragilidad y caídas, al entender que ambos procesos están estrechamente relacionados con la pérdida de capacidad funcional. Entre las novedades, refuerza la detección precoz con captación activa de personas de 70 o más años desde Atención Primaria y desde el ámbito comunitario, incluidos centros sociosanitarios, farmacias y servicios sociales. También, incorpora una estratificación en cuatro niveles de riesgo (bajo, medio, alto y muy alto) para ajustar mejor el seguimiento y las intervenciones.
Esas intervenciones se apoyarán en un enfoque multidominio e individualizado, con ejercicio físico multicomponente, recomendaciones nutricionales, revisión de la medicación y evaluación de riesgos en el hogar dentro de la Valoración Geriátrica Integral. Además, el documento refuerza la coordinación entre niveles asistenciales y sectores, y fija como meta que al menos la mitad de las comunidades y ciudades autónomas hayan incorporado el programa en 2027, con evaluaciones periódicas, al menos cada dos años, sobre su implantación e impacto.
En conjunto, los tres acuerdos aprobados hoy en el CISNS dibujan una misma dirección política y asistencial: intervenir antes, coordinar mejor y reducir desigualdades territoriales. En paliativos, el foco se desplaza desde el final de vida hacia el alivio temprano del sufrimiento; en ERC, el sistema busca detectar antes una enfermedad silenciosa y evitar progresiones evitables; y en fragilidad, se trata de preservar autonomía y prevenir caídas antes de que deriven en dependencia.