Mónica García, ministra de Sanidad, ha querido participar durante el 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, en una jornada celebrada en la sala Ernest Lluch ubicada en la sede ministerial donde se ha abordado el conjunto de los sesgos de género que afectan a la salud de las mujeres.
Bajo el nombre ‘Diagnóstico Feminista: por una sanidad sin sesgos de género’, se han tratado en un amplísimo cómputo global las desigualdades en salud relativas a las mujeres, mapeando entre varias expertas de diferentes profesiones relacionadas con la sanidad muchos de los factores que inciden en ella.
En la jornada conducida por la periodista Noemí López Trujillo, también ha participado la hepatóloga del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Trinidad Serrano; la socióloga y doctora en Salud Pública, Amaia Bacigalupe de la Hera; y la farmacéutica y directora de programas del Observatorio de Salud de la Mujeres dependiente del Ministerio de Sanidad, Rosa María López.
“Los sesgos generan desigualdades”
López Trujillo, encargada de introducir los diferentes ejes en los que el género, entendido como determinante social de la salud, es la “principal” causa de “sesgo” en cuestiones relativas a la salud, ha apuntado a que las desigualdades se manifiestan desde la “generalización de la sintomatología sin tener en cuenta la variabilidad entre un sexo y otro” hasta la “falta de investigación en cuestiones femeninas como por qué duele la menstruación o cómo afecta la vacuna de la COVID”.
Para la ministra, Mónica García, que existan “diferencias” en el abordaje de la salud de mujeres y hombres es “normal”, sin embargo, ha afirmado que la existencia de “sesgos” provoca “desigualdades”, incidiendo en que éstos “son un asunto político”. “Cuando hablamos de sesgos hablamos de todos los valores, principios y estructuras que nos hacen tener una percepción distorsionada de la realidad”, ha definido la titular sanitaria, “y los sesgos que hemos vivido las mujeres dentro de la medicina han sido históricos, por lo que hay que visibilizarlos, hablar de ellos, exponerlos”.
Por ello, desde la cartera que dirige quieren hablar de la “necesidad” de elaborar un “diagnóstico feminista”: “este diagnóstico feminista es, por ejemplo, que los estudios no tengan esa mirada masculina”, ha dicho García, “tener perspectiva de genero en la evolución epidemiológica” o que en “los comités de expertos, tribunales, jefaturas o gerencias estemos las mujeres”, refiriendo aquí a la alta “feminización” del sector sanitario.
“Los sesgos nos afectan a todos en el abordaje de la salud, desde la sintomatología de una enfermedad, en el momento de acudir al profesional médico, hasta el propio diagnóstico o el estudio de la enfermedad”, ha declarado.
“Muchos de los fármacos actuales se han aprobado sin ensayos clínicos con mujeres”
Por su parte, Trinidad Serrano, hepatóloga del hospital Lozano Blesa, ha sido la encargada de denunciar que “hay sesgo en el diseño de los estudios de investigación, en cómo se analizan los datos y cómo se plantean los resultados”, asegurando, desde la experiencia de los estudios en los que participa y dirige, que “invisibilizan” asuntos “tan importantes para las mujeres” como “la menstruación” o “las enfermedades que solo afectan a mujeres como la endometriosis” e, incluso, a “no incluir a mujeres en los estudios”.
“La sanidad, cuando se aborda desde una perspectiva de género, es una ciencia más completa”, ha dicho. “Muchos de los fármacos que tomamos ahora con normalidad se aprobaron después de la realización de estudios que no tuvieron en cuenta a mujeres en los ensayos clínicos”. “En todas las especialidades médicas hay ejemplos de sesgo que dificultan el diagnóstico y el tratamiento”, ha apuntado para finalizar su intervención, “no nos podemos permitir hacer una ciencia sin esta perspectiva”.
Autopercepción de la salud y condicionantes sociales
Amaia Bacigalupe, socióloga experta en Salud Pública, ha hablado de la autopercepción de la salud de las mujeres y los condicionantes sociales que influyen en ella, ejemplificando con la irrupción de la pandemia por COVID-19. “La COVID-19 ha sido un gran escenario donde se han ilustrado muchísimos sesgos”, ha dicho. “Hemos visto que muchos de los síntomas que entendíamos cardinales en su detección estaban mirados desde una perspectiva androgénica, los síntomas frecuentes como la tos o la fiebre eran propios en los hombres”, sin embargo, “otras manifestaciones más difusas se daban más frecuentemente en mujeres”.
Asimismo, ha afirmado que el género es un condicionante en sí mismo para la salud, “transversal” al resto de determinantes e identificable en tanto que, según la experta, en las mujeres “opera algo que se llama paradoja de la mortalidad y la morbilidad”, según la cual “a pesar de que las mujeres vivimos más de media en todo el entorno mundial y global, valoramos peor nuestra salud”, ha especificado, enumerando un dato: “las mujeres vivimos en peor salud un 25% más del tiempo de nuestra vida que los hombres”.
“Sobremedicalización” de las mujeres y sesgos de género
“Existe una inercia a medicalizar el malestar de las mujeres” y hay unos “factores básicos” para entenderlo. Con esta afirmación ha querido iniciar su intervención Rosa María López, farmacéutica y directora de programas del Observatorio de Salud de la Mujeres, organismo dependiente del Ministerio de Sanidad.
En la posterior enumeración de dichos factores influyentes, ha querido incidir en la “necesidad” de “la escucha activa” a las mujeres pacientes. “Desde el punto de vista profesional, hay que preguntar a las mujeres, a todos los pacientes en general, pero en el caso de las mujeres se debe prestar una especial atención en el sentido de que nuestro malestar tiene un componente muy importante de lo que vamos soportando por el rol social asignado a nuestro sexo”.
Por ello, ha defendido el abordaje de la salud desde un “enfoque biopsicosocial”. “Tenemos que entender que la persona no está aislada del mundo que le rodea, del medio ambiente, del contexto social, etc.”, ha dicho, algo interrelacionado, según el criterio de López, de manera directa con “el nivel de dolor” padecido, que “viene condicionado por estos elementos”.
Una cuestión para la que “es fundamental la formación de los equipos profesionales”, de acuerdo al criterio de la farmacéutica. “Existe una tendencia a medicalizar con psicofármacos a las mujeres ante la ausencia de conocimiento de su sintomatología en las enfermedades, algo altamente condicionado por el determinante social del género”, ha finalizado.
Salud mental, sexual y reproductiva, maternidad y feminización de la medicina, cuestiones de género
Otras cuestiones tratadas en la jornada han abordado las problemáticas relacionadas entre el género y la salud mental, la maternidad, la feminización profesional del ejercicio de la medicina o los derechos asociados a la salud sexual y reproductiva.
En lo relativo a salud mental, López Trujillo ha querido incidir en la “humanización para abordar la salud mental”, en tanto que, bajo su criterio, “los sesgos de género afectan en los procesos de diagnóstico y se protocolizan”.
Algo ratificado por Bacigalupe, quien ha afirmado que “en salud mental pasa sobremanera”. Según su opinión, “el género es un determinante social primigenio frente a otros”, y “en salud mental se aterrizan muchos de estos sesgos”.
La socióloga ha querido ejemplificar con los primeros resultados de uno de los estudios que desde su departamento están llevando a cabo, que radica en el tratamiento de un problema de la salud mental se diagnostica en función del estigma relacionado al género. “Ante igual necesidad, a los hombres se le solicita en el proceso diagnóstico más pruebas de imagen y analíticas para buscar razones que descarten la patología psiquiátrica en primera instancia”, ha asegurado, poniendo de relieve que “ante un mismo cuadro sintomatológico, se recetan más benzodiazepinas a las mujeres”.
“Este sobrediagnóstico y sobre prescripción a mujeres se da sobre todo en problemas de salud mental”, concretaba, donde se percibe “una mayor medicalización en mujeres” que, además, se intensifica en poblaciones con menor estatus social o nivel educativo.
Una situación que se acentúa asimismo en las situaciones de maternidad, según Bacigalupe: “la maternidad tiene síntomas de depresión en mujeres pero no en hombres”, según el estudio que están llevando a cabo desde el grupo de trabajo que lidera, “solo se manifiestan en varones a partir del tercer hijo”.
La ministra ha querido ratificar con su posterior intervención lo aportado por las profesionales, asegurando que “el diagnostico feminista tiene que ver con los hombres también” y está relacionado con factores “que van mucho mas alla de la biología”, mostrando su acuerdo con que “el género impacta en los determinantes sociales en mucha mayor medida”.
Por ello, ha reivindicado hacer “políticas feministas” desde la salud, también “de las que se benefician los hombres”. “Está demostrado un mayor quórum de accidentes laborales y siniestralidad en los hombres”, donde también se detectan hábitos “relacionados con la masculinidad” definidos como factores de riesgo para muchas de las patologías que padecen. “El diagnóstico feminista mejora la sociedad, también para los hombres”, ha dicaminado.
Feminización de la Medicina
Serrano ha puesto la tilde en la “feminización” de la profesión médica, que alcanza ya una mayoría de mujeres colegiadas. “Cuando subimos en la carrera profesional, se baja el ratio de mujeres”, según la hepatóloga, que ha alertado sobre ello “a pesar de que los datos apuntan a que ya son el 60% las mujeres que ejercen la medicina”.
Según el estudio realizado por un grupo de trabajo en el que la médica ha participado, “solamente un 20% de las jefaturas de servicio están ocupados por mujeres” en su especialidad. Algo que, según la profesional sanitaria, “cambia muy lento: aunque es una profesión altamente feminizada, las estructuras de decisión siguen estando copadas por hombres”, concluyendo que “hay una brecha muy importante que no se está corrigiendo con la feminización de la profesión” y que encuentra asimismo relación con la devaluación de las condiciones salariales y laborales en su conjunto.
García ha hecho también referencia a la cuestión, aterrizando la cuestión en las cifras que detenta el Sistema Nacional de Salud (SNS) y los problemas que manifiesta. “Esta feminización del SNS está impactando en las condiciones laborales”, ha asegurado, alegando como ejemplo de la cuestión que “no existen plazas de difícil cobertura”, sino que “las mujeres se han negado” a trabajar “de tarde o de noche” sin tener aseguradas unas condiciones.
Nuevo «protocolo de equidad» para ejercer el “derecho al aborto”
En la parte relacionada con la salud sexual y reproductiva, la ministra ha compilado varias cuestiones mencionadas por las ponentes presentes desde las diferentes disciplinas, desde la implantación de “nuevas normas legislativas” hasta el establecimiento de mecanismos que “aseguren su cumplimiento”. Así, en lo referido a la interrupción voluntaria del embarazo, ha anunciado el impulso de “un protocolo que llevarán próximamente al Consejo Interterritorial” orientado a “ garantizar la libertad de elección y acceso”, la homogeneización de los “criterios clínicos” para su praxis y su “blindaje en la Carta Magna”.