La falta de profesionales sanitarios preocupa, y no solo en España. El pasado 18 de noviembre, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD) publicaba el informe «Health at a Glance: Europe 2024. State of Health in the EU Cycle», un estudio que se realiza bianualmente donde se abordan de forma desagregada los retos a los que se enfrentan los sistemas sanitarios de los países miembros, sobre todo, en comparativa de su entorno más inmediato, en este caso, la Unión Europea (UE).
Un esfuerzo de compilación estadística que no solo dibuja el status quo de la sanidad, interrelacionando cuestiones que afectan tanto a la morbilidad de la población de estudio como a los factores sociales que la determinan, y cuya pretensión radica en identificar las carencias y establecer una base para su solución material en función de las experiencias de éxito de los estados y el expertise acumulado.
Así, la principal preocupación «para la próxima década», según el estudio, radica en «abordar los problemas del personal sanitario» tras las evidencias que ha dejado la irrupción del COVID-19. Y precisamente, uno de los principales retos que afrontan los sistemas de la UE se centra en la «escasez» de profesionales y en las «rigideces que obstaculizaron las respuestas a la pandemia».
«Según los umbrales mínimos establecidos de densidad de trabajadores de la salud para lograr garantizar la cobertura sanitaria universal, en 2022 los países de la UE se enfrentaron a una escasez de 1,2 millones de médicos, enfermeras y matronas«, afirma el informe, algo que interrelaciona con el progresivo «envejecimiento de la población», un hecho que «continuará ejerciendo presión sobre la demanda de asistencia sanitaria» y que, ligado a su vez con el «envejecimiento del personal sanitario», incrementará la necesidad de abordarlo a través de una estrategia conjunta.
Un punto de partida: los datos europeos
El texto ratifica que «los países con mayor número de profesionales sanitarios y de asistencia social experimentaron un menor exceso de muertes (definidas como fallecimientos que superan la cifra base) en comparación con aquellos con menos» durante la pandemia, algo que «pone de manifiesto la importancia de invertir en en la obtención de una fuerza de trabajo cualificada» de cara a «aumentar la capacidad de resiliencia» de los sistemas sanitarios europeos.
Una preocupación, señala, que «no es nueva» en el entorno. «Este problema se debe principalmente al fenómeno de la ‘doble demografía’ de una población que envejece junto con el envejecimiento del personal sanitario», advirtiendo sobre que, para el año 2050, las estimaciones apuntan a que la esperanza de vida se habrá incrementado en un 30%, lo que supone un cambio demográfico que «aumentará considerablemente la demanda de atención sanitaria y de larga duración», además del desafío consecuente de la cronicidad.
De esta forma, el informe define varias estrategias para el abordaje de la problemática, no sin antes alertar sobre los riesgos que acarrean algunas de las medidas más popularizadas que se están llevando a cabo en la actualidad en los sistemas de salud europeos para solventar la escasez. «Varios países están considerando contratar trabajadores sanitarios del extranjero para responder a la escasez, pero esto acarrea el riesgo de exacerbar la insuficiencia en los países de origen, pudiendo no ser sostenible en el futuro a largo plazo», indica, ya que la problemática de la carencia profesional también les afecta a estos países emisores, que manifiestan asimismo la necesidad de fortalecer sus sistemas de salud nacionales.
Así, el estudio define «tres estrategias» para abordar la escasez de mano de obra a corto y a largo plazo: «capacitar» a un mayor número de profesionales sanitarios -aunque repara que esta medida tardará varios años en dar resultados-, «retener» a los profesionales por más tiempo en su ejercicio de la profesión a través de la mejora de las condiciones laborales y «apoyar las innovaciones» en la prestación de los servicios haciendo consiguientemente un uso más eficaz del personal sanitario disponible y de las nuevas tecnologías.
Factores clave
Para dilucidar las anteriores conclusiones, el informe analiza de forma previa y exhaustiva los factores clave que determinan la actual morfología de los sistemas europeos de salud, atendiendo a un modelo clásico de «oferta y demanda» que influye en el estado del personal y los problemas consecuentemente radicados, obedeciendo en el caso del sector sanitario a una lógica de «entradas y salidas» de la profesión reglada.
Así, se afirma que las «entradas» a los sistemas sanitarios dependen principalmente «de la llegada de nuevos graduados» así como de la inserción de «trabajadores extranjeros cualificados», mientras que las «salidas» se producen principalmente por las «jubilaciones, las emigraciones o las decisiones de buscar oportunidades laborales en otros sectores». Dada la correlación, el trabajo propone una serie de políticas que contribuirían a la ampliación de la oferta, por ejemplo, las relacionadas con el ámbito educativo tales como «la subvención de la educación médica y de enfermería» o el «establecimiento de requisitos menos estrictos para la admisión de estudiantes», las ligadas a la mejora de las «condiciones de trabajo, las horas y la remuneración» y las referidas a «la migración y la jubilación».
Por su parte, los factores que determinan las salidas de los sistemas sanitarios tienen que ver con una «interacción compleja» de factores sociodemográficos, tales como la existencia de «cambios en el mercado laboral», los «patrones de morbilidad», los «avances en la tecnología médica», el propio «crecimiento del PIB» y el «presupuesto» destinado a la contratación de diferentes categorías o a la mejora de las condiciones de los profesionales, abocando a la «necesidad» de establecer «una estrategia multifacética» que aborde sendas caras de la moneda.
Desafíos actuales
En un análisis comparado y aglomerado de los sistemas sanitarios de los diferentes países del entorno europeo, el informe identifica desafíos de diversa índole partiendo de un marco común: en casi todos ellos, el número de profesionales sanitarios ha aumentado durante las últimas dos décadas, sin embargo, ello no implica que se satisfaga la oferta de una manera «adecuada y sostenible» atendiendo a las necesidades futuras.
Noruega supone el ejemplo más paradigmático. Tras el impulso por parte del gobierno de una Comisión de Personal Sanitario creada para realizar un análisis en profundidad de la situación del país, se llegó a la conclusión de que, a pesar de que el sistema sanitario nacional se ubica como el principal empleador del país suponiendo más del 15% de la fuerza laboral total, el cambio demográfico que experimenta su población dado el envejecimiento y la consecuente reducción de mano de obra, supondrá un aumento próximo de la carga de trabajo.
Así, el análisis de la Comisión publicado en febrero del año 2023 sugirió la existencia de «poco margen» de crecimiento dada ya su elevada proporción, algo que «desviaría talentos» de otros sectores económicos estratégicos, y desaconsejando igualmente la contratación «a gran escala» de trabajadores procedentes de otros países debido a que dicha «dependencia» introduciría «fragilidad» en el sistema, siendo una decisión «irresponsable» a instancias globales.
Por tanto, las soluciones recomendadas se basaron en la elaboración de una «estrategia de múltiples frentes» donde se limitara el crecimiento del personal sanitario a un «0,5% anual», en detrimento del aumento de la «productividad» de los recursos humanos disponibles mediante la «delegación de tareas» entre categorías profesionales por capacitación, el uso de la tecnología, el rediseño de los servicios y una mejor integración de la atención de forma general.
Otros aspectos importantes a tener en cuenta en el abordaje político de la escasez profesional radica en la descompensación general entre densidad de población y la disponibilidad de profesionales de la enfermería, como es el caso de España, lo que aumenta la carga asistencial en la figura médica, ocurriendo en algunos países a la inversa.
Asimismo, abordar la alta feminización de la profesión es un gran reto: según los datos aportados, el 79% de los profesionales sanitarios son mujeres, ascendiendo al 85% en el ámbito de la enfermería, incluyendo en la categoría también a auxiliares. Esta tendencia, que se observa mantenida durante las últimas décadas, aboca a los decisores a buscar fórmulas para «atraer a más hombres a la profesión» como factor clave.
Envejecimiento, escasez de generalistas y «desiertos médicos»
Por otra parte, el envejecimiento de la plantilla médica supone una «preocupación creciente» en la mayoría de países de la UE, donde un gran número se ha jubilado ya o está en aras de hacerlo en los próximos años, resultando el promedio para 2022 de que un 35% de los médicos que tenían más de 55 años. En este contexto, los «acuerdos flexibles de transición del trabajo a la jubilación», según el informe, pueden llegar a desempeñar un «papel clave para retener a los médicos experimentados durante más tiempo». Además, retener a los médicos con experiencia ante el envejecimiento de la plantilla médica se dibuja como solución a través del impulso de «reformas generales de las pensiones y aumento de la edad de jubilación mediante incentivos».
Una necesidad interrelacionada con el cambio en la composición de la fuerza laboral médica: el estudio evidencia una tendencia donde la escasez va más allá del número total, relacionándose de una forma más específica con ciertas categorías o especialidades y su distribución geográfica. De esta manera, se ha observado un descenso creciente de médicos generalistas, en particular, en las zonas rurales o de difícil acceso, contribuyendo a un fenómeno que ha sido denominado como «desertificación médica». En ese sentido, no solamente se está produciendo una tendencia a la especialización dentro del ejercicio de la medicina, sino que también se da una concentración de servicios especializados en las capitales nacionales de los países en la que influyen las propias preferencias de los profesionales.
El último informe de la Red de Servicios Europeos de Empleo (EURES) ratifica que, en el sector de la salud y la asistencia social, el «75% de los países encuestados notificaron escasez de médicos (ya sean generalistas o especialistas) en la segunda mitad de 2022 y en la primera mitad de 2023; alrededor del 60% notificaron escasez de enfermeras y el 55% escasez de asistentes sanitarios». Esta situación, afirman, afectó a «la capacidad de los países para responder a la pandemia».
Soluciones y próximos pasos: más plazas universitarias
Ante esta «crisis», de acuerdo a la terminología que utiliza el informe, la OCDE propone varias soluciones a implementar por los países miembros. En ese sentido, abogan principalmente por «mejorar la planificación del personal sanitario», siendo el primer paso le necesidad de «contar con buenos datos».
Exhortan a consecuencia a los estados a tomar decisiones políticas una vez conocidas en profundidad las «salidas actuales y previstas» de los profesionales de sus sistemas sanitarios, así como la incorporación de «innovaciones» tanto en la «sustitución de ciertas categorías de trabajadores sanitarios por otras categorías», alentando a la asunción de tareas por parte de profesionales ya cualificados, o «por tecnologías» como la telemedicina o la formación en las posibilidades que ofrece la inteligencia artificial (IA).
Así, «facilitar la formación y la capacitación de nuevos médicos y enfermeras» supone «una de las principales palancas para aumentar la oferta», proponiendo un consecuente «aumento» en el número de plazas ofertadas en los grados universitarios. Esta cuestión ya ha sido reconocida por la mayoría de los países europeos y abordada en parte, habiéndose tomado las primeras medidas en los años previos a la irrupción de la pandemia. Esto supone, en consecuencia, «aumentar el atractivo» de las profesiones sanitarias, que pierden popularidad progresivamente por la irrupción de sectores laborales punteros relacionados con la tecnología, «mejorando la calidad» y fomentando el «desarrollo profesional continuo», sobre todo, en enfermería, donde la tasa de abandono es mayor y el número de graduados inferior a la media de forma generalizada.
Retener a los profesionales
Según el estudio, la pandemia ha provocado «un deterioro de las condiciones laborales» de múltiples trabajadores de la salud, un desafío clave a abordar para que los países puedan «retener» a sus profesionales dentro del sistema. «La calidad del empleo desempeña un papel central en la decisión de las personas de permanecer en su empleo actual o de abandonarlo», afirma, por lo que, según el Marco de Calidad del Empleo de la OCDE, se distinguen «tres dimensiones» para constituir un «buen empleo» y no todas de orden monetario: las remuneraciones, la estabilidad y seguridad y la calidad del entorno laboral.
En el contexto pandémico, el 48% de los sanitarios y de los trabajadores relacionados con el ámbito de los cuidados de larga duración declararon «sufrir elevados niveles de estrés laboral», una proporción mucho mayor que las percepciones en el resto de sectores profesionales, registrándose la mayor cifra en enfermería (61%). Además, la percepción de peligrosidad provocó en 2021 que las mismas enfermeras se situaran como una de las profesiones que registraban niveles de mayor riesgo para la salud: el 69% fueron notificados por ellas, por delante, incluso, de los sectores relacionados con el transporte terrestre de personas y mercancías (53%). En tercer lugar, se situaron los médicos, con un 51%, y los trabajadores de cuidados personales (50%). Además, una proporción «significativa» reportó síntomas de ansiedad, depresión y agotamiento.
Por otro lado, la temporalidad o interinidad, modelo de contratación muy recurrente durante la pandemia para cubrir las necesidades médicas, se han vuelto «más sistemáticas» en la mayoría de los sistemas, especialmente en España, donde en 2020 se alcanzó un 42% de profesionales de carácter temporal. Algo que aumenta los costes y desestabiliza las plantillas y equipos, llegando a suponer «un problema».
En definitiva, «los resultados de las encuestas realizadas al personal sanitario durante la pandemia […] mostraron una percepción de degradación de las condiciones de trabajo, una creciente insatisfacción laboral y la intención de abandonar su puesto». Por ello, se produjeron abandonos significativos entre 2021 y 2022, aunque en 2023 ya se registra una frenada respecto a esta tendencia, pudiendo ser un fenómeno transitorio pero relevante para la mejora de la calidad del empleo. Mejorar la remuneración para aumentar el atractivo de algunas categorías profesionales, sobre todo, de enfermería y de cuidados personales, donde se registran las tasas más altas de descontento salarial, son algunas de las soluciones que aporta.
Innovación, capacitación profesional y nuevas tecnologías
Por último, la investigación señala las oportunidades que los avances tecnológicos y el aterrizaje de la IA han abierto para inferir en la escasez profesional. En ese sentido, promete ayudar a los profesionales en «su flujo de trabajo» y en la «mejora de su productividad«, evidenciando ya los primeros avances en algunos sistemas sanitarios europeos como «los coordinadores de telesalud», la «telemedicina» y el resto de herramientas que brindan la posibilidad de «atención remota» de los pacientes desde su propio hogar.
Además, la IA presenta nuevas «oportunidades de ampliación» de tareas, sin embargo, se hace hincapié en que esto no supone un «reemplazo total» del profesional: existen «roles» y tareas «automatizables» (según las últimas estimaciones, en torno a un 30%), sobre todo, de carácter administrativo como los procesos de admisión, triaje o derivaciones, que podrían redundar, entre otras cosas, en la disminución de las listas de espera o en la sobrecarga burocrática del personal. Asimismo, los procesos de análisis de datos del paciente para la toma de decisiones clínicas o el análisis de patrones en radiodiagnóstico en patologías podrían verse agilizados a través de la incorporación de la IA.
Sin embargo, esto requiere, de acuerdo al informe, de una estrecha «colaboración entre las organizaciones de atención médica, las universidades y la industria» para que puedan formar «programas de capacitación integrales» que ahonden en la «alfabetización» del personal sanitario a todos los niveles.