El debilitamiento del consenso internacional sobre la ayuda humanitaria y la retirada de Estados Unidos de la financiación global de salud están creando una crisis en la lucha contra el VIH. La salida de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los recortes masivos a programas esenciales, como el Plan de Emergencia del Presidente de los Estados Unidos para el Alivio del SIDA (PEPFAR), están amenazando con desbaratar décadas de avances en la respuesta al VIH. En su informe titulado ‘SIDA, crisis y el poder de transformar’, ONUSIDA advierte que estos recortes podrían tener un impacto devastador, no solo en el tratamiento, sino también en la prevención del VIH.
ONUSIDA ha lanzado su Actualización Mundial sobre el SIDA 2025, destacando una «crisis de financiación histórica» que podría revertir los avances logrados. La organización estima que, si los recortes y la interrupción de la financiación continúan, podrían producirse hasta 4 millones de muertes adicionales relacionadas con el SIDA entre 2025 y 2029. Esto se debe a la pérdida de recursos vitales para el tratamiento del VIH y la interrupción de los programas de prevención, que son esenciales para frenar la propagación del virus, especialmente en los países más afectados. La financiación de Estados Unidos ha sido fundamental para el tratamiento de millones de personas a nivel mundial, y su desaparición representa un retroceso sin precedentes.
El informe también revela cómo los países más afectados por el VIH están luchando para mantenerse a flote ante estos recortes. En algunos países, como Mozambique y Nigeria, los servicios de prevención y tratamiento han sido drásticamente reducidos. Por ejemplo, en Nigeria, la profilaxis preexposición (PrEP) ha caído de 40,000 a solo 6,000 personas al mes debido a la falta de recursos. Esta interrupción de los servicios podría resultar en 6 millones de nuevas infecciones por VIH y un colapso en los avances logrados en las últimas décadas.
A pesar de estos desafíos, ONUSIDA reconoce que hay ejemplos de resiliencia. Algunos países están aumentando sus presupuestos nacionales para afrontar la crisis, como Sudáfrica, que financia el 77% de su respuesta al SIDA. Sin embargo, la organización recalca que estos esfuerzos nacionales no son suficientes para cubrir la magnitud de la falta de financiación internacional. Los recursos nacionales están aumentando en algunos países, pero esta financiación adicional no logra reemplazar la gran cantidad de dinero internacional que se ha perdido debido a los recortes.
ONUSIDA hace un llamado urgente a la comunidad internacional para que actúe con solidaridad. La organización destaca que, para acabar con la epidemia del VIH como amenaza para la salud pública para 2030, es esencial una respuesta global unificada que combine esfuerzos nacionales y internacionales. «La respuesta mundial al VIH no puede depender únicamente de los recursos nacionales», subraya Winnie Byanyima, directora ejecutiva de ONUSIDA. La organización enfatiza que cada dólar invertido en la lucha contra el VIH no solo salva vidas, sino que también fortalece los sistemas de salud y contribuye a los objetivos de desarrollo globales.
De este modo, la crisis de financiación global, especialmente la retirada de Estados Unidos, pone en riesgo los avances conseguidos en la lucha contra el VIH y amenaza con revertir décadas de progreso. La comunidad internacional debe redoblar sus esfuerzos y garantizar que los recursos necesarios sigan llegando a las personas más afectadas para evitar que el mundo retroceda en su lucha contra el SIDA.