El Pacto de Salud Vasco ha dado un paso más en el rediseño del modelo asistencial en salud mental, con un enfoque que sitúa a la ciudadanía en el centro de las políticas públicas. La línea 11 del documento, dedicada a la promoción, prevención y optimización de la atención en este ámbito, incluye medidas concretas que buscan reforzar la participación de familias y pacientes, integrar la perspectiva de género y mejorar la formación e implicación de los profesionales.
Objetivos para transformar el modelo
Uno de los puntos clave es favorecer la participación activa de las familias y de las personas con problemas de salud mental. El Pacto reconoce la necesidad de que estos colectivos tengan voz en los órganos de gobernanza y en el diseño de los servicios, con el fin de construir un sistema más transparente, colaborativo y empoderador.
El segundo gran objetivo es incorporar de forma transversal la perspectiva de género en la prevención, promoción y atención. Esto implica tanto el desarrollo de planes comunitarios frente a la violencia de género como la atención específica en etapas como el embarazo, el posparto o el climaterio, donde los riesgos para la salud mental de las mujeres se intensifican.
Por último, el Pacto plantea fortalecer la contratación, la fidelización y la formación continua de los profesionales de salud mental. Se busca un modelo que incentive la estabilidad laboral, potencie la investigación interdisciplinar y promueva la innovación tecnológica, todo ello con un impacto directo en la calidad de la atención que recibe la ciudadanía.
Propuestas de actuación en la práctica
Para hacer realidad estos objetivos, el documento propone mejorar la accesibilidad y los apoyos a las familias, facilitando información, creando grupos de apoyo mutuo y favoreciendo el asociacionismo. Estas acciones buscan reducir la sobrecarga de las personas cuidadoras y convertirlas en aliadas estratégicas del sistema.
En cuanto a la igualdad de género, se recogen medidas como la implantación de programas de prevención en escuelas y comunidades frente a la violencia de género, la despsiquiatrización de estas situaciones desde un enfoque ecológico y la protección de los derechos sexuales y reproductivos de las personas con trastornos mentales.
Respecto al personal sanitario, el Pacto plantea impulsar la formación continuada y la investigación interdisciplinaria, así como el uso de nuevas tecnologías que favorezcan la interoperabilidad de la información clínica. También se promueve la participación ciudadana en la definición de las políticas de formación, con el objetivo de alinear el sistema con las necesidades reales de la población.
Indicadores para medir el avance
El documento no se limita a fijar metas, sino que establece indicadores concretos para evaluar su cumplimiento. En el caso de las familias, se medirá el despliegue de la Estrategia Sociosanitaria de Apoyo a las Familias Cuidadoras 2021-2030.
Para la integración de la perspectiva de género, el indicador será el seguimiento de la Guía de Actuación de Profesionales de la Salud ante la Violencia de Género y las Agresiones Sexuales en el País Vasco, con datos desglosados por categorías profesionales y con especial atención a la protección de menores.
Finalmente, para garantizar la calidad en la formación y la innovación, se propone incluir los trastornos mentales entre las patologías vigiladas por el Observatorio de Salud del Gobierno Vasco, lo que permitirá un seguimiento continuado y transparente de su evolución en la población.
Con estas medidas, el Pacto de Salud del País Vasco aspira a fortalecer un modelo asistencial en salud mental que sea participativo, equitativo y sostenible, alineado con los retos actuales y las necesidades futuras de la ciudadanía vasca.