Padilla expone sus claves para garantizar una atención de calidad: «Poner todos los medios para acercar al paciente al servicio»

El secretario de Estado defiende que la casuística y el binomio volumen-resultado deben guiar la implantación de nuevas unidades, priorizando la seguridad del paciente sobre el debate presupuestario

El secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla, ha defendido que la calidad y la seguridad asistencial del paciente debe situarse por delante del debate presupuestario a la hora de decidir la implantación de nuevas infraestructuras o servicios sanitarios. En una reciente publicación, el número dos del Ministerio de Sanidad subraya que, aunque el coste y la eficiencia suelen centrar la discusión pública, la pregunta determinante es otra: si existe casuística suficiente para garantizar una prestación con destreza técnica, calidad clínica y seguridad.

Padilla explica que, cuando se habla de infraestructuras sanitarias, el foco tiende a ponerse en el impacto presupuestario y en si la inversión «aporta el valor que cuesta». Sin embargo, insiste en que esa no debe ser la primera cuestión. «La pregunta principal y prioritaria» es si el número de pacientes que previsiblemente necesitarán el servicio permitirá a los profesionales mantener el nivel de práctica necesario para ofrecer una atención segura y de calidad.

El secretario de Estado contextualiza esta reflexión tras su reciente visita a Ceuta, donde tuvo que responder a una de las cuestiones más recurrentes en el entorno mediático local: la posible instalación de una unidad de radioterapia o de una UCI pediátrica en la ciudad. A su juicio, el debate no puede limitarse a si el Gobierno prioriza o no el presupuesto para estas infraestructuras, sino a si el volumen de casos permitiría sostener la pericia técnica exigible.

«Es decir, no es la inversión o el coste, sino la calidad y la seguridad, lo que determinan antes de nada la adecuación de implantar un servicio como ese», resume. Frente a la tendencia, que atribuye a parte de la clase política, de prometer equipamientos con la única limitación del gasto, Padilla reivindica una toma de decisiones basada en criterios técnicos y éticos, alineados con la buena praxis de la gestión sanitaria.

El binomio volumen-resultado

Uno de los conceptos centrales que expone es el denominado binomio volumen-resultado. Cualquier prestación sanitaria (radioterapia, cirugía compleja o técnicas avanzadas) no es solo un equipamiento tecnológico, sino un proceso clínico que exige planificación y experiencia acumulada.

Para que los profesionales mantengan su pericia técnica, necesitan atender un volumen mínimo de casos anuales que garantice calidad y seguridad. La literatura científica, señala, muestra que los centros con baja casuística presentan mayores tasas de efectos adversos y errores en la planificación en comparación con aquellos con mayor volumen. Cita, entre otros, una revisión sistemática publicada en 2023 sobre radioterapia y un estudio de 2024 en Journal of Clinical Oncology que relaciona el volumen de casos con mejores resultados en cáncer de páncreas, especialmente en técnicas como la radioterapia estereotáctica corporal (SBRT).

Umbral crítico y subespecialización

Ligado a lo anterior, Padilla introduce el concepto de «umbral crítico» de pacientes: el número mínimo anual a partir del cual una unidad puede considerarse viable y segura. En el caso de la radioterapia, este umbral se sitúa en torno a 450-500 pacientes nuevos al año, una cifra que podría superar ampliamente la casuística estimada en una ciudad como Ceuta.

A ello se suma la creciente subespecialización. La medicina avanza hacia técnicas cada vez más personalizadas y tecnificadas, lo que exige equipos altamente entrenados y con experiencia continuada. Sin volumen suficiente, advierte, esa especialización puede verse lastrada por falta de práctica clínica.

Este principio no se limita a servicios de alta complejidad. Es el mismo que explica por qué determinadas pruebas o tratamientos para patologías muy concretas se concentran en unidades específicas hospitalarias y no en consultas generales de Atención Primaria: la prevalencia y el volumen condicionan la calidad.

Equidad sí, pero sin comprometer la seguridad

Padilla matiza, no obstante, que una vez superado el umbral crítico de seguridad y calidad, la equidad en el acceso debe modular los criterios de eficiencia. En territorios con mayor aislamiento o dificultad de desplazamiento, como Ceuta y Melilla, pueden justificarse dotaciones tecnológicas superiores a las habituales para ciudades de tamaño similar en la península, flexibilizando la eficiencia por razones de acceso.

Sin embargo, subraya que esa flexibilidad no puede aplicarse a costa de la seguridad. «La calidad de la asistencia y la seguridad del paciente es el elemento fundamental y la condición de posibilidad a la hora de tomar decisiones de desarrollo de recursos», sostiene.

Y concluye con una idea que resume su planteamiento: cuando un servicio no puede implantarse con las garantías necesarias, la respuesta no debe ser rebajar los estándares, sino «poner todos los medios para acercar al paciente al servicio».


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