Cantabria afronta 2026 con la sanidad situada en el centro de la agenda política y social. El Gobierno regional defiende un presupuesto histórico, una apuesta decidida por la innovación, la digitalización y la inteligencia artificial, y una hoja de ruta orientada no solo a sostener el sistema sanitario público, sino a transformarlo.
En esta entrevista abordamos con el consejero de Salud, César Pascual, los principales retos de la sanidad cántabra: la financiación sanitaria, la Atención Primaria, las listas de espera, la incorporación de nuevas tecnologías, la prevención, la vacunación, la situación de los profesionales, el impacto de la huelga médica y el futuro de proyectos estratégicos como la Cohorte Cantabria o el Parque de Innovación en Salud. Una conversación sobre gestión, cambio de modelo y defensa de la sanidad pública en un momento clave para el sistema sanitario.
Pregunta. ¿Cuáles son las principales novedades del presupuesto sanitario de Cantabria para 2026?
Respuesta. El presupuesto sanitario de 2026 confirma una decisión política muy clara: la sanidad es el eje central de la política social del Gobierno de Cantabria.
Hablamos de 1.324 millones de euros para Sanidad, casi un tercio del presupuesto regional, 100 millones más que en 2025 y aproximadamente un 22% más que al inicio de la legislatura. Es el mayor esfuerzo presupuestario realizado en Cantabria para reforzar la sanidad pública.
Las prioridades son muy concretas: profesionales, actividad asistencial, Atención Primaria, innovación, digitalización, salud pública, vacunación, infraestructuras y modernización tecnológica.
Y hay una idea de fondo: no queremos un presupuesto para conservar el sistema, sino para transformarlo. Porque la sanidad pública no se defiende solo con discursos; se defiende con recursos, con planificación y con capacidad de gestión.
P. ¿Qué papel van a tener la inteligencia artificial y la digitalización en la sanidad cántabra?
R. Cantabria está dando un salto muy importante en salud digital. No hablamos de digitalizar por moda, sino de utilizar el dato, la inteligencia artificial y la tecnología para mejorar decisiones clínicas, seguridad del paciente, eficiencia y equidad.
Estamos trabajando en proyectos de apoyo a la decisión clínica, telemonitorización, telerehabilitación, mejora de la accesibilidad digital, asistentes conversacionales, historia clínica más inteligente y herramientas que ayuden al profesional en lugar de cargarle con más burocracia.
Todos tenemos claro que la IA no viene a sustituir al médico, viene a quitarle ruido, carga administrativa e incertidumbre. La decisión clínica seguirá siendo del profesional. La responsabilidad seguirá siendo del sistema. Y los datos seguirán protegidos.
Pero nuestra apuesta en un ambicioso Plan de Salud Digital está muy clara: Cantabria quiere posicionarse como una comunidad pequeña, ágil y seria, capaz de probar soluciones innovadoras con rigor, seguridad jurídica y absoluto respeto a la protección de datos.
Y lo hacemos con una pionera Ley de Salud Digital que otorgará el mejor marco jurídico para pacientes y profesionales, pero sobre todo permitirá un gobierno ágil del dato y la incorporación de la innovación.
P. ¿Cuáles son los principales retos del sistema sanitario cántabro en 2026?
R. El gran reto es mantener lo que funciona y transformar lo que ya no puede seguir funcionando igual.
Tenemos varios desafíos: captar y retener profesionales, especialmente en algunas especialidades y zonas rurales; reducir demoras; fortalecer Atención Primaria; modernizar infraestructuras; incorporar innovación; y preparar el sistema para una población más envejecida, más crónica y más compleja.
Pero el reto profundo es de modelo. La sanidad no puede seguir organizada como si el paciente fuera agudo, joven, urbano y con una sola enfermedad. Ese paciente ya no es el centro estadístico del sistema.
Por eso 2026 tenemos claro que tiene que ser un año de consolidación y cambio: más prevención, más datos, más continuidad asistencial, más integración entre niveles y más capacidad para anticiparnos. Y en ello estamos trabajando intensamente en esta comunidad con los profesionales y con los pacientes incorporando cada día mas su voz en la toma de decisiones.
P. ¿Cómo valora la huelga médica, el debate sobre el Estatuto Marco y el plan de choque para recuperar actividad?
R. La huelga médica responde a un conflicto nacional derivado del Estatuto Marco. Un conflicto generado por la actitud irresponsable del Ministerio de Sanidad incapaz de solucionarlo y, por los hechos, muy capaz de incrementarlo. Cantabria no ha generado ese conflicto, pero sí sufre sus consecuencias, como el resto de las comunidades. Pero sobre todo las sufren los ciudadanos de Cantabria
Mi posición es clara: los médicos tienen razones objetivas para exigir un marco profesional adecuado. La organización de la jornada, las guardias, el reconocimiento profesional y la capacidad de atraer talento no son cuestiones menores: son estructurales. Son reivindicaciones legítimas, aunque algunas de las soluciones que se proponen no tienen viabilidad en el corto plazo.
Lo que no puede hacerse es legislar desde un despacho sin medir el impacto real en hospitales comarcales, servicios de urgencias, Atención Primaria o plantillas tensionadas. Un Estatuto Marco mal diseñado puede empeorar la organización del sistema que dice querer mejorar.
En Cantabria hemos activado medidas para recuperar actividad afectada por la huelga. Ya se anunció un plan de recuperación tras los paros, en un contexto en el que llegaron a cerrarse 23 quirófanos durante una jornada de huelga.
Nuestra obligación es doble: respetar el derecho a la huelga y proteger a los pacientes. Y eso exige gestión, diálogo y recuperación de actividad.
P. ¿Cuál es la posición de Cantabria sobre las plazas MIR y la especialidad de Medicina de Urgencias y Emergencias?
R. Sobre Medicina de Urgencias y Emergencias conviene hablar con rigor, no con titulares fáciles.
Cantabria no cuestiona la especialidad. Al contrario: la especialidad es necesaria. Lo que dijimos es que la acreditación de plazas MIR debe hacerse con criterios técnicos, docentes y asistenciales sólidos.
No se trata de aceptar plazas por quedar bien en una tabla nacional. Se trata de garantizar que quien venga a formarse tenga un itinerario docente de calidad, tutores, rotaciones, supervisión y una planificación coherente con las necesidades reales del sistema.
Gaceta Médica recogió en 2025 la decisión de Cantabria de no ofrecer las dos posibles plazas MIR de la nueva especialidad de Urgencias y Emergencias que inicialmente se habían considerado. Y no lo hizo por coherencia. Mi posición es sencilla: formar residentes es una responsabilidad, no un gesto propagandístico. A día de hoy seguimos sin acreditación de tutores ni de unidades docentes y con un programa aprobado contrarreloj y publicado en plena Semana Santa. Hemos hecho un acto de fe solicitando plazas para la próxima convocatoria, pero desgraciadamente tenemos muy poca confianza en que pueda llevarse a cabo con todas las garantías.
P. ¿Qué iniciativas pioneras se han impulsado en 2025 y cuáles se prevén para 2026?
R. En este terreno tenemos varias líneas relevantes.
Primero, el impulso a la salud digital y la IA clínica, con proyectos orientados al apoyo a la decisión, seguridad del paciente y reducción de cargas administrativas.
Segundo, el refuerzo de la prevención, especialmente vacunación y cribados, así como mantener el acceso temprano a la innovación farmacéutica que caracteriza a esta comunidad.
Tercero, la consolidación de la Cohorte Cantabria como proyecto estratégico regional, con más de 50.000 participantes y una enorme capacidad de posicionar a Cantabria en investigación biomédica, medicina personalizada y salud poblacional.
Cuarto, el desarrollo del Parque de Innovación en Salud, vinculado a Valdecilla, IDIVAL, investigación, transferencia, empresas, talento y tecnología.
Quinto, una orientación nueva: dejar de entender la innovación como un lujo y empezar a verla como una herramienta de equidad. Porque cuando la innovación llega tarde, no llega igual para todos.
Y sexto apostar por una mejora en la calidad asistencial y seguridad del paciente en un a búsqueda de la eficiencia del sistema contribuyendo a la sostenibilidad del mismo.
P. ¿Cuál es la situación actual de la Atención Primaria en Cantabria?
R. La Atención Primaria sigue siendo una prioridad absoluta. No porque sea un eslogan, sino porque es donde se juega buena parte de la sostenibilidad del sistema.
Cantabria tiene una Atención Primaria muy valorada por los ciudadanos: el Barómetro Sanitario 2025 sitúa a Cantabria con una valoración de 7 puntos en consultas de Atención Primaria, por encima de la media nacional, que es de 6,27.
Pero eso no significa que no haya problemas especialmente en la provisión de profesionales. Tenemos dificultades de cobertura en determinadas zonas (pocas afortunadamente), una alta presión asistencial, necesidad de reorganizar agendas, mejorar accesibilidad y hacer más atractiva la Primaria para los profesionales. Estamos mejorando de forma notable las condiciones laborales y retributivas de los profesionales y eso incluye por supuesto a los de Atención Primaria.
Mi mensaje es claro: la Atención Primaria no se salva pidiendo heroicidad infinita a los profesionales; se salva reorganizando, invirtiendo, digitalizando y dando más capacidad resolutiva.
P. ¿Qué medidas se están tomando para reducir las listas de espera?
R. Las listas de espera son uno de los indicadores que más preocupan a cualquier consejero de Salud, porque detrás de cada número hay una persona esperando una consulta, una prueba o una intervención.
La respuesta no puede ser cosmética. Hay que aumentar actividad, optimizar quirófanos, mejorar la derivación, revisar circuitos, reforzar consultas de alta resolución y utilizar mejor la información disponible.
También hay que decir algo incómodo: las listas de espera no se resuelven solo con más dinero. Se resuelven con más actividad, mejor organización, más profesionales donde hacen falta y menos rigidez administrativa.
En 2026 queremos seguir reduciendo demora con planes específicos, priorización clínica y recuperación de actividad afectada por conflictos laborales o tensiones asistenciales.
Ciertamente nuestra Plan de reducción de listas de espera y demora que pusimos en marcha a principio de legislatura estaba consiguiendo resultados. Después de 8 años de crecimiento continua de listas de espera y demoras hemos conseguido consolidar una tendencia descendente, pero partíamos de la peor situación del país y a pesar de que seguimos logrando las mayores reducciones de listas proporcionales aún nos queda caminos para situarnos como es nuestro objetivo entre las mejores comunidades del país. Lo lamentable es que las huelgas que ha provocado la actitud de la ministra nos está dificultando mantener esta línea y aunque no condicionan un empeoramiento sí que han ralentizado la mejora.
P. ¿Qué importancia tienen la prevención y los cribados en la estrategia sanitaria de Cantabria?
R. La prevención es una de las grandes apuestas de esta legislatura. El presupuesto lo demuestra: Salud Pública cuenta en 2026 con más de 22,6 millones de euros, y la vacunación se acerca a los 14 millones, con un incremento muy relevante respecto a ejercicios anteriores.
En cribados estamos trabajando para mejorar cobertura, trazabilidad, citación, tiempos de respuesta y calidad del circuito completo. No basta con invitar a participar: hay que asegurar que el programa funciona desde la captación hasta el diagnóstico y el tratamiento si es necesario.
La prevención tiene una ventaja: salva vidas antes de que el sistema llegue tarde. Y tiene otra: es una de las inversiones más inteligentes que puede hacer una administración sanitaria
P. ¿Cómo interpreta los resultados del Barómetro Sanitario 2025, que sitúan a Cantabria entre las comunidades mejor valoradas?
R. El Barómetro Sanitario 2025 sitúa a Cantabria como la comunidad con mejor valoración del sistema sanitario: 66,4% de valoración positiva, frente al 51,6% nacional. También obtiene la mejor nota global, 6,68 sobre 10.
Lo primero que hay que decir es que este resultado pertenece a los profesionales. Son ellos quienes sostienen el sistema cada día.
Pero también refleja algo importante: los ciudadanos distinguen entre ruido político y experiencia real. Hay problemas, claro que los hay. Pero la percepción mayoritaria es que el sistema responde, que los profesionales están comprometidos y que la sanidad pública cántabra mantiene un alto nivel de confianza.
Para mí no es un punto de llegada. Es una exigencia. Cuando estás arriba, el reto no es presumir: es seguir mereciéndolo.
P. ¿Qué papel ocupa la vacunación en las prioridades sanitarias del Gobierno regional?
R. La vacunación es una prioridad estratégica. No es un gasto, es una inversión en salud, en equidad y en sostenibilidad del sistema.
En 2026 Cantabria refuerza su apuesta por la vacunación con un presupuesto cercano a los 14 millones de euros, dentro de una estrategia más amplia de prevención y salud pública. 80% de incremento presupuestario en lo que va de legislatura demuestra la prioridad de este gobierno.
La línea es clara: ampliar coberturas, incorporar nuevas recomendaciones cuando exista evidencia, proteger mejor a población infantil, mayores, personas vulnerables y pacientes con riesgo, y mejorar la captación.
La vacunación es probablemente una de las políticas sanitarias con mayor retorno social. Evita enfermedad, evita ingresos, evita complicaciones y evita desigualdad. Y por eso la estamos reforzando.
P. ¿Qué mensaje trasladaría a los ciudadanos sobre el futuro de la sanidad pública en Cantabria?
Cantabria tiene problemas, como todos los sistemas sanitarios. Pero tiene algo muy importante: dirección, profesionales excelentes, confianza ciudadana y una estrategia clara. No queremos administrar la sanidad como quien conserva una maquinaria antigua. Queremos prepararla para el futuro. Porque el verdadero riesgo no es cambiar. El verdadero riesgo es no cambiar a tiempo.
Y en Cantabria estamos demostrando que es posible avanzar en la transformación del sistema sanitario apostando por los profesionales y por la innovación con un compromiso presupuestario que garantice la financiación que el nuevo modelo que propone el gobierno del estado puede poner en riesgo en esta comunidad. En ese sentido los ciudadanos pueden tener la seguridad que si ese nuevo modelo se pusiera en marcha la sanidad de Cantabria que daría suficientemente protegida.