Las peticiones de los expertos para mejorar la vacunación en el entorno hospitalario: «Si no medimos, el gestor no puede tomar decisiones»

Durante la jornada 'Modelos de prevención vacunal en pacientes de riesgo: un enfoque hospitalario', los expertos pusieron de relieve la importancia de promover una cultura de prevención entre los profesionales y entre los pacientes más delicados

La mejora de la vacunación en pacientes de riesgo pasa por la necesidad de simplificar el acceso a la información vacunal, automatizar procesos y fortalecer la coordinación entre atención primaria y hospitalaria. Durante la jornada ‘Modelos de Prevención vacunal en pacientes de riesgo: un enfoque hospitalario’, organizada en el entorno de los Premios BiC e impulsada por GSK y Fundamed, los expertos pusieron de relieve la importancia de promover una cultura de prevención tanto en los profesionales como en los pacientes más delicados, apoyada en herramientas de gestión y en el uso de datos que permitan orientar mejor las decisiones sanitarias.

En concreto, la segunda mesa del encuentro contó con la participación de Antonio J. García Ruiz, economista de la salud de la Universidad de Málaga; María Madariaga, presidenta de la Sociedad Española del Dolor (SED); Pilar Arrazola, de la Asociación Española de Vacunología (AEV); José Soto Bonel, presidente de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (SEDISA); María Teresa Ledo, presidenta de la Sociedad Madrileña de Medicina Preventiva (SMMP); y José Jonay Ojeda, presidente de la Asociación Madrileña de Calidad Asistencial (AMCA), todo ello bajo la moderación de Santiago de Quiroga, presidente de Fundamed.

En primer lugar, García Ruiz subrayó que «en economía de la salud al gestor no solamente le interesa la eficiencia, sino que también le interesa la conciencia”. García Ruiz destacó el papel de la enfermera de práctica avanzada como “un logro de Andalucía exportado al resto de España” y explicó que “si le dice medicina preventiva cuál es el protocolo que tiene que seguir, la enfermera de práctica avanzada lo sigue”. También insistió en que “si no medimos, el gestor no puede tomar decisiones”, calificándolo como un elemento clave, y añadió que la revisión del estado vacunal “se puede medir de muchas formas”. Asimismo, señaló la importancia de concentrar esfuerzos en los pacientes de mayor riesgo, aunque para ello “se necesitan datos”, y apuntó que herramientas de cruce de información pueden facilitar la gestión de múltiples diagnósticos y prioridades clínicas.

Antonio J. García Ruiz, economista de la salud de la Universidad de Málaga.

Por su parte, Madariaga señaló que “hablar de las experiencias individuales de los servicios de medicina preventiva de un hospital es complejo” y que el aislamiento entre hospitales, sistemas de salud y comunidades autónomas dificulta la implementación homogénea de estas estrategias. Seguidamente, defendió la importancia de la enfermería y su papel en atención primaria. También destacó que “la multidisciplinariedad es una palabra difícil de pronunciar, pero aún más difícil de llevar a cabo de manera real”. Además, subrayó la necesidad de que la información sobre riesgo pase de atención primaria a hospitalaria y que “si queremos hacer una cultura de la prevención, eso empieza con una concienciación y capacitación del profesional”.

María Madariaga, presidenta de la Sociedad Española del Dolor (SED).

A continuación, Arrazola argumentó que “los servicios de medicina preventiva parten de una de las peores situaciones entre los servicios”, indicando que el perfil de pacientes de riesgo ha cambiado de forma significativa en los últimos años. En concreto, explicó que “el número de pacientes de riesgo de hace 20 años al de ahora ha evolucionado mucho” y que la priorización clínica condiciona la vacunación, ya que “cuando, por ejemplo, un oncólogo se enfrenta a un paciente, las vacunas quedan al final de la lista”. Por todo ello, añadió que “no es tanto la brecha, sino la priorización que se tiene” y defendió que “tiene que ser fácil consultar el acceso vacunal”, subrayando la necesidad de facilitar herramientas al profesional. También insistió en la importancia de “empoderar al paciente”, aunque advirtió que antes es necesario garantizar la capacidad de respuesta del sistema.

Pilar Arrazola, de la Asociación Española de Vacunología (AEV).

Continuando con el debate, Soto Bonel planteó que “en la facultad nadie me puso un ejemplo de empresa hospitalaria”. “En la Comunidad de Madrid tenemos 35 hospitales públicos y solo hay dos economistas dirigiéndolos”, añadió. Posteriormente, incidió en la necesidad de distinguir entre sanidad y salud. Asimismo, criticó la falta de incentivos estructurales, señalando que “en los hospitales no queremos vacunar porque, probablemente, no lo hemos incorporado como algo incentivador en la carrera de los profesionales sanitarios”. “Estamos tratando enfermedades previsibles, pero no las que queremos prevenir con las vacunas”, expresó. “Tenemos un proceso de atención basado en la prevención y no en la curación, pero ¿quién nos incentiva?”. También cuestionó la ausencia de mecanismos claros de motivación y defendió la búsqueda de estrategias de corresponsabilización en la marcha de las enfermedades que tratamos entre todos los asistenciales.

José Soto Bonel, presidente de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (SEDISA).

Ledo, por su parte, destacó que una de las principales preocupaciones de las sociedades de medicina preventiva es saber qué denominador (N) tenemos, ya que si no sabemos el porcentaje de pacientes que son susceptibles de beneficiarse de la vacunación, malamente vamos a poder articular algo». En este sentido, Ledo coincidió con Arrazola al admitir que «hoy en día, el 80% no representa el mismo volumen que hace 20 años», por lo que consideró fundamental trabajar para conseguir el denominador. «Vemos que hay muchas iniciativas muy interesantes, pero son particulares», precisó. Por otro lado, abundó en la importancia de disponer de información fiable y subrayó la necesidad de «mejorar la coordinación entre niveles asistenciales y de establecer espacios de diálogo entre las instituciones sanitarias, con el objetivo de compartir experiencias y mejorar la planificación».

María Teresa Ledo, presidenta de la Sociedad Madrileña de Medicina Preventiva (SMMP).

Jonay Ojeda insistió en la importancia de la estrategia y la coordinación, destacó que resulta crucial «tener claro la estrategia, no solo de los centros, sino del sistema en su conjunto». Sin embargo, argumentó que «no siempre conseguimos que los diferentes actores actúen de forma coordinada para poder aplicarla transformando nuestros procesos operativos». En relación con la gestión, indicó que “tenemos muchos ejemplos donde la gestión por procesos nos ha permitido afinar y buscar elementos que permitan poner el foco en aspectos prioritarios”. Para el experto, «la prevención, desde el punto de vista de la calidad asistencial, es muy importante porque constituye una manera de adelantarnos y enfocarnos en la salud más que en la enfermedad». Por último, recordó la experiencia de la pandemia de COVID-19, donde los puntos de vacunación mostraron la importancia de la coordinación del sistema sanitario.

José Jonay Ojeda, presidente de la Asociación Madrileña de Calidad Asistencial (AMCA).

Marta Molina Olivas, subdirectora general de Prevención y Promoción de la Salud de la Comunidad de Madrid, intervino desde el público para afirmar que “la colaboración es la clave” y defendió la necesidad de flexibilidad en la gestión del paciente. En este sentido, señaló que en la Comunidad de Madrid existe “un calendario pionero a nivel nacional” y que ello requiere control en el uso de recursos, ya que “compramos vacunas para todos los centros autorizados, pero queremos que se haga un uso adecuado”.

Para cerrar la mesa, Arrazola insistió en que «la principal dificultad no es la falta de conocimiento, sino la priorización», mientras que Madariaga defendió «la necesidad de procesos automatizados y una mejor integración entre niveles asistenciales». Por último, García Ruiz cerró este bloque destacando que «el hospital tiene que hacer fácil la vacunación de pacientes de riesgo, pero tiene que ser medible”.


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