Vox propone un cambio radical del sistema sanitario: «hay que centralizar la sanidad española»

En las jornadas 'Presente y Futuro del Sistema Sanitario Español' organizadas por Vox, han estado presentes, junto a la portavoz nacional de Sanidad, María García Fuster, representantes del partido como David García Gomis, Pepa Millán o Jorge Buxadé

Vox celebró este lunes en el Congreso de los Diputados las jornadas ‘Presente y futuro del Sistema Sanitario Español’, un foro en el que dirigentes del partido, profesionales médicos y representantes de asociaciones debatieron sobre los principales retos de la sanidad en España. Bajo la moderación de la portavoz nacional de Sanidad, María García Fuster, el encuentro abordó cuestiones como la gestión territorial del sistema, el impacto de las políticas progresistas en la atención sanitaria y la defensa de la vida desde una perspectiva médica y ética.

Las jornadas comenzaron con la intervención de Pepa Millán, portavoz de Vox en el Congreso, que situó la sanidad como un eje esencial en su vida personal y política. Recordó que ha convivido con profesionales del ámbito sanitario y que conoce de cerca tanto la vocación como el cansancio derivado de políticas que, a su juicio, no están a la altura de lo que merecen los pacientes ni los trabajadores. Millán señaló el colapso de las urgencias, la fragilidad de la atención primaria y la desigualdad entre comunidades autónomas como síntomas de un modelo fragmentado. Su mensaje central fue claro: «necesitamos un sistema justo y nacional» en el que lo público y lo privado cooperen bajo una misma estrategia. Además, recalcó que desde Vox abogan por «sanidad nacional, justicia social y respeto a la vida».

David García Gomis, portavoz de Sanidad de Vox en la Comisión del Congreso, recogió el testigo de Millán para cargar contra lo que denominó «comisarios políticos» instalados por la izquierda en los hospitales. Aseguró que estas prácticas han paralizado a profesionales críticos y han generado la huida de médicos jóvenes al extranjero, dejando vacíos que se cubren con profesionales importados. García Gomis criticó la gestión del Ministerio de Sanidad, especialmente bajo la dirección de Mónica García, y denunció retrasos de hasta 600 días en el acceso a ciertos medicamentos ya aprobados en Europa. Insistió en que España no puede convertirse en «el hospital del mundo» ni asumir cargas asistenciales que, a su juicio, están lastrando la atención nacional.

En la primera mesa de debate, moderada por la portavoz de Vox, participaron profesionales sanitarios que subrayaron retos estructurales. Manuel Martínez-Sellés, presidente del Colegio Oficial de Médicos de Madrid, alertó de un «suicidio demográfico» derivado de la baja natalidad y el envejecimiento poblacional. Planteó que el sistema debe pasar del tratamiento a la prevención, potenciar la atención primaria y fomentar políticas que incentiven la natalidad. Martínez-Sellés puso como ejemplo la necesidad de reducir el consumo de tabaco en espacios públicos y de promover ejercicio físico desde las escuelas, medidas que, a largo plazo, aliviarían la presión sobre el sistema sanitario.

Por su parte, Enrique Alfonso, presidente de la asociación Médicos Unidos por sus Derechos, reivindicó un «estatuto del médico» que reconozca la singularidad de la profesión. Denunció que, en la práctica, los facultativos españoles trabajan seis años más que la media laboral por la acumulación de guardias, a menudo con jornadas que superan las 80 horas semanales. Aseguró que los salarios están muy por debajo de la media europea y que la precariedad contractual está provocando la fuga de talento. Según Alfonso, esta combinación de sobrecarga, temporalidad y bajos ingresos conduce al agotamiento profesional y a un alarmante aumento de suicidios en el colectivo médico.

El debate sobre el marco internacional lo abrió Jorge Buxadé, jefe de la delegación de Vox en el Parlamento Europeo, con una dura crítica a la Organización Mundial de la Salud (OMS). La calificó de «chiringuito internacional» sometido a intereses políticos y financieros, y acusó a la institución de ocultar información clave en la pandemia. Buxadé defendió que la sanidad debe ser una competencia exclusiva de los Estados y planteó incluso la necesidad de «destruir la OMS» para recuperar la soberanía en materia de salud. Desde su perspectiva, los organismos internacionales no ofrecen soluciones reales, sino que imponen ideologías ajenas a las necesidades concretas de cada país.

En el plano ideológico y cultural, intervino el periodista Carlos Astiz, quien aseguró que la «ideología de género» se ha infiltrado en la sanidad a través de conceptos como la violencia obstétrica. A su juicio, se trata de una construcción artificial promovida por grandes capitales y organismos internacionales con el objetivo de enfrentar a hombres y mujeres y reducir la natalidad. Astiz defendió a los médicos españoles y criticó lo que considera campañas que desacreditan injustamente su labor.

La primera parte de la jornada se cerró con la intervención de Manuel Acosta Elías, diputado autonómico de Vox, que denunció la imposición del catalán en la sanidad catalana como un obstáculo para la contratación de profesionales y una causa indirecta del aumento de las listas de espera. Acosta aseguró que la Generalitat antepone la lengua a la salud, lo que, en su opinión, está poniendo vidas en riesgo. Con ello, Vox reforzó su tesis general: la fragmentación autonómica ha generado desigualdad y colapso, y solo un sistema sanitario centralizado y nacional puede garantizar igualdad, justicia social y respeto a la vida en toda España.

La defensa de la vida

La portavoz de Sanidad de Vox, María García Fuster, subrayó que «la gente no quiere morir, sino que tiene miedo a sufrir». Reivindicó que «si no nos dan recursos para vivir, no nos están permitiendo elegir» y prometió respaldo político: «puedes contar con nosotros, ya lo sabes; yo y el resto de mi grupo estamos total y absolutamente comprometidos con esta causa que es la vida».

El cardiólogo Manuel Martínez-Sellés reforzó el enfoque ético e histórico: «el juramento hipocrático… ya prohibía provocar la muerte deliberadamente», y recordó que, según el Comité de Bioética de España, «la eutanasia y/o el suicidio asistido no son signo de progreso, sino un retroceso de la civilización». Añadió que «la Asociación Médica Mundial se mantiene firmemente opuesta a la eutanasia y al suicidio por ayuda médica» y citó el Código Deontológico: «el médico no deberá provocar ni colaborar intencionadamente en la muerte del paciente». Incluso en situaciones extremas, defendió que «el paciente es feliz, quiere vivir».

Desde una perspectiva vivencial, Jordi Sabaté, enfermo de ELA, denunció que «en España, en 2025, se asesinan a personas enfermas de ELA». Sabaté aseguró que le «han engañado y estafado varios responsables políticos» y advirtió que si no les dan recursos «para vivir», no les permiten «elegir morir libremente». Su petición final fue tajante: «ayúdennos, por favor, es una cuestión de vida o muerte… viva la vida».

El internista Adal Marqués defendió que «el sufrimiento es el eje fundamental de los cuidados paliativos» y diferenció esta práctica de la eutanasia: «La eutanasia es matar a alguien que está sufriendo; los cuidados paliativos acaban con el sufrimiento». Reivindicó la sedación paliativa como opción «éticamente adecuada» en casos extremos y alertó de que España está «a la mitad de las unidades óptimas», aunque destacó que la inteligencia artificial puede mejorar la eficiencia asistencial. En paralelo, el ginecólogo Juan Acosta reclamó recuperar el debate provida desde la ciencia, subrayando que «a los 15 días hablamos de disco germinativo» y que «a las 8 semanas ya está todo formado». Denunció que «el aborto es violencia obstétrica» y advirtió que «el aborto caerá» porque las generaciones futuras lo verán con espanto.

La matrona Belén Zurutuza presentó el programa ‘Te Acompaña’, que acompaña a familias con diagnósticos de «pronóstico vital muy limitado» ofreciendo atención médica, apoyo psicológico y cuidados paliativos neonatales. «Cuidamos cuando ya no podemos curar», explicó, defendiendo que «mientras exista un latido, es difícil hablar de incompatibilidad con la vida». Finalmente, la abogada Rosina Foix reclamó blindar la objeción de conciencia sanitaria: «Nadie puede invadir la conciencia; es lo más íntimo del ser humano». Criticó que organismos internacionales la vean como «un obstáculo» y pidió garantizar que objetar no implique represalias, proponiendo que los registros recaigan en los colegios profesionales y se limiten a quienes sí estén dispuestos a realizar estas prácticas.

Cuestión de Territorio

Lourdes Méndez Monasterio, diputada del partido en el Congreso, denunció que «la izquierda española ha colonizado la cultura española» y acusó al Gobierno de quebrar los fines esenciales del sistema nacional de salud. Señaló que «se ha violentado la defensa de la vida», lo que a su juicio convierte al sistema en «totalitario». Criticó que se legisle para convertir la eutanasia en una prestación sanitaria y afirmó que «se han impuesto unas leyes realmente terrorísticas y bestiales» sin un debate real con médicos o comités de bioética.

Rocío de Meer centró su intervención en la desigualdad territorial: «España es riquísima y es diversa, pero que tengas un tipo de espera u otro es discriminación». Denunció que existen «17 tarifas homologadas» que dificultan el acceso a medicamentos y servicios básicos y alertó de que «la inmigración ha impactado de manera abrupta en la sanidad española». Añadió que Vox es la única formación que aborda con claridad la salud mental: «ninguna formación política como la nuestra está abriendo el asunto con la transparencia necesaria».

Otros portavoces autonómicos de Vox reforzaron la misma línea. Santiago Morón, portavoz de Sanidad de Vox en Aragón, aseguró que «la raíz del problema es el modelo territorial» y que la pandemia demostró «el fracaso total de la coordinación». Ana Cuartero, desde Madrid, reclamó que «pongamos a los españoles primero» y cuestionó la viabilidad de la sanidad universal si los nacionales carecen de acceso efectivo. Rafael Segovia, portavoz del Parlamento de Andalucía por Vox, resumió la crítica en una frase: «hace falta una medicina de batalla que es fundamental» y defendió una sanidad pública y privada excelentes, pero sin 18 sistemas fragmentados que compitan entre sí.

David García Gomis, portavoz nacional de Sanidad en el Congreso, denunció que la izquierda ha convertido la sanidad en «un campo de hipocresía e ideología» y advirtió que «en sanidad no hay camino para la izquierda, porque en el momento que hay ideología te impones por encima de los criterios técnicos». Además, valoró el papel de las farmacias: «nuestros farmacéuticos tienen una formación muy importante y pueden ayudar a descargar la atención primaria».

En este sentido, la portavoz de Sanidad en la Asamblea de Madrid del partido, Ana Cuartero, aportó cifras que reflejan la saturación del sistema: «ahora mismo nos faltan 31 centros de salud para cumplir la legislación vigente» y denunció que «más de 100.000 inmigrantes ilegales han sido atendidos en la atención primaria en el año 2024». Insistió en que «es el momento de plantearse si realmente esa sanidad universal debemos exigir a los españoles que la paguen, cuando ellos mismos no tienen acceso a ella». Con estos datos, defendió la necesidad de recentralizar competencias y garantizar un sistema más justo y eficiente.

Centralización, estatuto médico y fin de la ideología de género

María García Fuster cerró las jornadas con un mensaje rotundo: «tres puntos podemos sacar de esta jornada: hay que centralizar la sanidad española, es imperativo valorar un estatuto médico y no podemos bajar la guardia ante la ideología wok, la ideología de género». Denunció que existen «17 sistemas sanitarios distintos que no solamente crean distinciones entre todos los españoles, sino que además han creado el caos en el sistema sanitario español». Frente a ello, defendió un «Ministerio de Sanidad potente, no un Ministerio de cartón piedra como el que tenemos ahora mismo».

En su segundo eje, la portavoz puso el foco en los profesionales: «cuidar a los que nos cuidan». Aseguró que gobiernos de distinto signo «han abandonado total y absolutamente a los profesionales sanitarios» y que, en el caso de los médicos, «los ha silenciado». Reclamó un estatuto médico como una «reivindicación histórica» y advirtió: «si los médicos se cansan tendremos un problema muy grande, porque no podemos seguir jugando con su vocación».

El tercer bloque estuvo dedicado a lo ideológico. García Fuster alertó de que «la ideología de género sigue infiltrada en los hospitales» y señaló como ejemplo el concepto de «violencia obstétrica», que a su juicio criminaliza a los profesionales. Reivindicó que «las políticas como la eutanasia deben ser desterradas» y concluyó que la clave es «llevar el sentido común a la ciudadanía» en materia de sanidad y dignidad humana. Además, anunció nuevas jornadas temáticas y aseguró que «es imperativo que hagamos unas jornadas solamente de farmacéuticos» para dar respuesta a los retos del sector.


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