DANA y Pandemias: Emergencias que deben prevenirse

Las recientes catástrofes provocadas por fenómenos meteorológicos extremos, como la DANA, y las lecciones aprendidas de la pandemia de COVID-19 son inevitables. Las emergencias, ya sean climáticas o sanitarias, son fruto de un mundo en constante transformación. SESPAS (Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria) ha recordado la conexión entre ambos fenómenos.

«Lo que no debe ser inevitable es el impacto devastador que generan cuando los sistemas de preparación y respuesta son insuficientes»

Sin embargo, lo que no debe ser inevitable es el impacto devastador que generan cuando los sistemas de preparación y respuesta son insuficientes. Tanto una DANA como una pandemia tienen efectos transversales que afectan la salud, la economía, y el tejido social. Por ello, es esencial entender el paralelismo entre ambas y la necesidad de estar mejor preparados.

La inevitabilidad de las amenazas

Una pandemia global o un fenómeno climático extremo como la DANA comparten una característica fundamental: su naturaleza impredecible. Aunque se puedan identificar patrones de riesgo o actuaciones a realizar en infraestructuras, prever el momento exacto y la magnitud del impacto sigue siendo un reto. La globalización, la urbanización y el cambio climático no solo aumentan la probabilidad de que estos eventos ocurran, sino que también multiplican sus consecuencias.

La COVID-19 demostró lo devastador que puede ser un sistema sanitario saturado y el retraso en aplicar medidas tras los avisos de la OMS. La reciente DANA en España evidenció cómo la falta de infraestructura preparada para soportar fenómenos extremos puede convertirse en un multiplicador de daños. Ambos casos nos enseñan que, aunque no podamos evitar que estas crisis ocurran, sí podemos trabajar para minimizar sus consecuencias.

Emergencias con impacto multisectorial

El impacto de una pandemia no se limita al ámbito sanitario, como tampoco el de una DANA se reduce a los daños materiales. Ambas emergencias afectan el bienestar físico y mental de la población, alteran la economía y ponen en jaque a las infraestructuras públicas. La paralización de actividades, el aumento de la vulnerabilidad social y las presiones sobre los recursos gubernamentales son elementos comunes.

En el caso de la DANA, sus efectos inmediatos —como pérdidas humanas y afectación extrema de infraestructuras esenciales y casas— se agravan con consecuencias a largo plazo. La población afectada, los desplazamientos a los que obliga y los daños estructurales requieren inversiones mil millonarias. De forma similar, las pandemias no solo generan saturación en los hospitales y falta de asistencia sanitaria habitual con el incremento de la morbimortalidad global. Una pandemia tiene repercusiones prolongadas en la salud mental, la cohesión social y la recuperación económica, como sabemos muy bien.

Preparación

El paralelismo más importante entre una DANA y una pandemia es la necesidad de estar preparados para afrontarlas. Aquí radica la importancia de estructuras sólidas que permitan planificar, coordinar y responder de forma eficiente ante estas amenazas.
En Europa, la creación de la Autoridad de Preparación y Respuesta ante Emergencias Sanitarias (HERA) es un paso significativo hacia la anticipación de futuras pandemias. Del mismo modo, en España, la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS) insiste en la urgencia de crear la Agencia Estatal de Salud Pública (AESAP) como herramienta clave para gestionar tanto crisis sanitarias como climáticas.

Estas entidades buscan abordar las emergencias desde un enfoque integral, priorizando la vigilancia temprana, la planificación basada en datos científicos y la coordinación interinstitucional. La preparación no solo implica reaccionar rápidamente, sino también construir resiliencia a largo plazo, un aspecto donde ambas iniciativas convergen.

Coordinación y evidencia científica

Un elemento común en la respuesta a pandemias y fenómenos climáticos extremos es la necesidad de coordinación efectiva entre los diferentes niveles de gobierno y sectores implicados. La pandemia de COVID-19 dejó claro que las respuestas fragmentadas resultan ineficaces. Y que las estructuras de decisión deben ser claras y eficaces.

Del mismo modo, las crisis climáticas requieren que los municipios, las comunidades autónomas y el gobierno central trabajen como un engranaje único.

Por otro lado, ambas emergencias exigen que las decisiones se basen en evidencia científica. HERA, por ejemplo, prioriza la investigación y el desarrollo de contramedidas médicas, mientras que la AESAP sería un vehículo para aplicar políticas basadas en datos y adaptadas a cada situación. Este enfoque garantiza que los recursos limitados se utilicen de manera eficiente y que las estrategias sean ajustables a las necesidades reales.

«Los fondos destinados a mejorar las infraestructuras, desarrollar tecnologías de vigilancia y fortalecer los sistemas de salud pública tienen un retorno incalculable cuando se trata de salvar vidas y proteger la estabilidad de la sociedad«

Invertir hoy para proteger mañana

La inversión en preparación no debe verse como un gasto, sino como un seguro contra el colapso. Los fondos destinados a mejorar las infraestructuras, desarrollar tecnologías de vigilancia y fortalecer los sistemas de salud pública tienen un retorno incalculable cuando se trata de salvar vidas y proteger la estabilidad de la sociedad. Tanto la creación de HERA como la AESAP representan inversiones estratégicas para anticiparse a crisis futuras.

Además, la experiencia acumulada en la gestión de pandemias puede ser transferida al manejo de emergencias climáticas, y viceversa. Ambas crisis requieren sistemas robustos, flexibles y adaptables que puedan responder rápidamente ante lo inesperado.

La preparación no es un lujo; es una necesidad. Si algo hemos aprendido de la pandemia y de desastres como la DANA es que el coste de la inacción supera con creces el de estar preparados. Tanto las emergencias sanitarias como las climáticas son desafíos que no desaparecerán, pero sus consecuencias pueden mitigarse con sistemas integrados y un compromiso político firme.

La HERA ha avisado en esta semana de la necesidad de reforzar los sistemas de vigilancia y respuesta. La AESAP debe ser una realidad con urgencia. Ambos son pasos en la dirección correcta, pero necesitan de apoyo continuo y voluntad política para convertirse en verdaderos escudos contra las catástrofes que están por venir. Solo así podremos decir que estamos realmente preparados para afrontar las emergencias del futuro.