Les reconozco que esta semana no me gustó nada cuando nos quedamos sin saber la ubicación de la futura Agencia Estatal de Salud Pública. Me aventuro a decir que no soy el único que no encajó bien aquel traspié. Por más que ante la prensa digan una u otra cosa, no creo que haya hecho mucha gracia a ninguna de las ocho ciudades candidatas a acoger este esperado organismo el ‘patadón’ hacia adelante del Ministerio de Política Territorial que, sin previo aviso y el día que vencía el plazo, prorrogó el mismo otros seis meses, hasta el 18 de agosto.
Podríamos enumerar las ‘sorpresas’ que no está dando a todos el Gobierno con la elección de otras sedes, como puede ser el caso del Certera, donde se ha abierto un contingente con la Comunidad Valenciana junto a las quejas de Madrid. No obstante, vamos a elevar el tiro y plantear un debate sobre un problema que debilita mucho al sector sanitario: ¿por qué quienes deben tomar las decisiones deciden no hacerlo? Para responder a la pregunta podemos elaborar un pequeño ‘bestiario’ de decisiones que no se toman.
En el primer grupo podríamos incluir casos como el de la sede de la Agencia Estatal, donde se incumple un plazo alegando unas razones que caben en un escueto whatsapp remitido a los periodistas y en dos páginas del BOE. Decisiones así tienen un efecto devastador en la confianza ciudadana sobre el proceso en cuestión. Si la Agencia es fundamental ¿por qué alargar tanto la decisión de la sede? Un incumplimiento de plazo con una motivación tan escueta alimenta la sospecha de que otros intereses mandan. Que cada uno les ponga el nombre compuesto que quiera: intereses políticos, intereses… Ya se sabe que primar a un territorio sobre otro implica un riesgo que no conviene tomar en periodo electoral.
«Si la Agencia de salud pública es fundamental ¿por qué alargar tanto la decisión de la sede? Un incumplimiento de plazo con una motivación tan escueta alimenta la sospecha de que otros intereses mandan»
En segundo término podemos encontrar aquellas decisiones que parecen claras, pero que nunca se toman. Hablen con cualquier director general de Salud Pública. A todos les pasa lo mismo: les cuesta un triunfo ganar un euro para sus políticas en los Presupuestos. Y eso que parece obvio que el futuro de la salud y el sistema sanitario pasa por la prevención, así como es evidente que inculcar hábitos saludables, implantar programas de vacunación o poner en marcha nuevos programas de cribados contra el cáncer son políticas con un retorno, tanto en salud como en ahorro económico posterior, imbatibles. ¿Qué falla ahí? Volvemos a lo mismo, siempre se imponen otros intereses que no tienen que ver con la salud.
En tercer y último lugar, por no alargar demasiado la lectura, están los elefantes en la habitación. Se corresponden con aquellos problemas estructurales que todo el mundo conoce, que todos los consejeros/ministros saben que están ahí, pero ante los que muchos decisores prefieren responder con la táctica del «prefiero darme mus». O lo que es lo mismo, que lo haga el siguiente. No se trata de solucionar el problema para todos, sino de evitarle problemas a uno en detrimento de todos.
En la asunción de políticas sanitarias el tiempo corre en nuestra contra. Mientras no se toman decisiones, alguien no recibe un tratamiento, otro tiene que desplazarse durante horas para que le vea un especialista y un tercero ve cómo su vocación se derrite en un oleaje de malas condiciones laborales.
«Que cada uno les ponga el nombre compuesto que quiera: intereses políticos, intereses… Ya se sabe que primar a un territorio implica un riesgo que no conviene tomar en periodo electoral«
Ahora, volvamos al principio. Al próximo 18 de agosto. Todos sabemos que agosto no suele ser un buen mes para tomar decisiones, menos si son importantes. Para empezar, porque no hay actividad parlamentaria y la gente está descansando. En este escenario, con los ministerios en servicios mínimos y el país a otra cosa, me vuelven a asaltar las dudas de que todo esto vaya a salir bien.
Por mucho que el trabajo de la futura Agencia se vaya a ir desarrollando en el Ministerio de Sanidad, postergar decisiones como la elección de la sede es un mal síntoma. Menos halagüeño todavía en el escenario político en el que nos movemos. Mañana puede cambiar todo, ya lo hemos vivido antes. Mientras tanto, el reloj sigue corriendo. No para. En el mejor de los casos, no pasará nada. En el peor, puede llegar una pandemia. ¿Qué haremos entonces?