Jugar a la ruleta rusa con la próxima pandemia

Se cumplen 6 años de la declaración de la pandemia de COVID-19 y el balance, aunque hay algún brote verde, no es positivo: falta mucho para que estemos preparados

Da la sensación de que no nos estamos tomando en serio la preparación frente a futuras emergencias sanitarias. Se cumplen seis años desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró oficialmente la pandemia por COVID-19 aquel 11 de marzo de 2020 y parece que no hemos tomado nota. Van seis años y es cierto que estamos dando algún paso hacia adelante, pero es insuficiente.

Si cuando nos tengamos que enfrentar a la siguiente pandemia no tenemos las herramientas necesarias para responder, no será porque no estábamos avisados. La comunidad científica lleva avisando prácticamente desde que nos despojamos de las mascarillas. Hay una frase que suelen repetir los epidemiólogos y expertos en vacunas: «La siguiente pandemia llegará, solo queda por saber cuándo». Gripe aviar, coronavirus… pónganle el nombre que quieran.

Con esta realidad como punto de partida, y con las cicatrices de la pandemia de COVID-19 presentes, no estamos avanzando a la velocidad que debiéramos. Solo tenemos que retrotraernos al episodio que vivimos hace unos meses en el Parlamento a costa de la Agencia Estatal de Salud Pública. La disputa partidista demoró la aprobación de la norma que da respaldo legal a un organismo que es fundamental para enfrentar futuras emergencias sanitarias.

Aquel traspié, sumado a la dinámica de nuestra política, desemboca en la situación actual: no habrá sede de la Agencia hasta el próximo mes de agosto. Todo ello teniendo en cuenta que, entre medio, no tengamos eventos de calado políticos -o dicho de otro modo, elecciones- y todo se retrase todavía más. Las perspectivas no son halagüeñas visto lo visto.

En esta línea, podríamos hablar también del real decreto que da cuerpo al Plan de Preparación y Respuesta frente a Emergencias Sanitarias. El Ministerio lo sacó a audiencia pública. Es cierto que es un buen paso, el problema es que queda mucho camino por andar. De este texto dependen aspectos tan importantes como la composición de la reserva estratégica nacional o la coordinación entre las distintas autoridades sanitarias en caso de otra situación como la que paró el mundo hace seis años.

Nadie le puede negar a Sanidad el impulso que está dando a ‘melones’ difíciles de abrir -aquí también podríamos añadir el paquete farmacéutico que espera el sector-, pero la música que llega desde la arena política no es buena. En el Hemiciclo da la sensación de que importa más cualquier juego partidista que los consensos por temas nucleares para nuestra salud. Todo está en el aire y, con temas así, improvisar es un error.

Cualquier oportunidad perdida para sacar adelante asuntos capitales en el Consejo de Ministros es un mal negocio a estas alturas de la legislatura. Como ya advertimos en este medio, en el Consejo de Ministros las oportunidades que pasan no vuelven y da la sensación de que estamos perdiendo oportunidades de avanzar en temas que nos van a hacer falta más pronto que tarde. Si no, tiempo al tiempo: veremos qué pasa con la sede de la Agencia Estatal

Y en este escenario estamos. Si llega otra pandemia, no podremos decir que no estamos avisados. Al margen de las alertas de los expertos, acabamos de recibir otro toque de atención hace escasas semanas. En uno de sus informes más recientes, el Tribunal de Cuentas de la UE pidió más concreción y presupuesto para el Plan de Preparación y Respuesta Comunitario frente a Pandemias. Se deben reforzar los planes, los recursos y la coordinación para afrontar estas situaciones de la forma adecuada.

Por todo ello, permítanme no ser muy optimista. La marejada política en la que estamos instalados hace que no se avance a la velocidad que necesitamos. El asunto tampoco recibe la atención política que merece -revisen los órdenes del día de los plenos en los distintos Parlamentos- y, en esta línea, tampoco estamos viendo intentos de la oposición por abanderar estas políticas, pese a que todos los grupos coinciden en señalarlas como fundamentales. Estamos jugando a la ruleta rusa con un mal enemigo.


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