El papel de la alimentación en la prevención y manejo de las enfermedades renales

Tribuna por Isabel Martorell, doctora en Biomedicina y responsable del equipo de Nutrición y Salud en Nootric.

Vivir con una enfermedad renal supone un reto diario para millones de personas en todo el mundo. Desde quienes acaban de recibir un diagnóstico hasta aquellos que atraviesan fases más avanzadas de la patología, es innegable el impacto en su calidad de vida. Mantener el equilibrio de nutrientes, gestionar los síntomas y adaptarse a las restricciones dietéticas son parte del día a día de estos pacientes.

Isabel Martorell, doctora en Biomedicina y responsable del equipo de Nutrición y Salud en Nootric.

En este contexto, la alimentación tiene un papel muy importante a la hora de prevenir la enfermedad renal. Y es que, mantener una alimentación equilibrada puede ayudar a reducir factores de riesgo como la hipertensión y la resistencia a la insulina. Un patrón alimentario basado en la reducción de sodio, el mantenimiento de un peso corporal saludable y el consumo de alimentos ricos en antioxidantes y fibra puede contribuir a preservar la función renal a largo plazo. Además, la moderación en la ingesta de proteínas de origen animal y la incorporación de fuentes vegetales de proteína parecen ser estrategias beneficiosas para disminuir la carga metabólica sobre los riñones y mitigar el estrés oxidativo asociado al deterioro renal progresivo.

Actualmente, la enfermedad renal crónica (ERC) afecta al 15,1 % de la población en España, un aumento significativo respecto al 9,4 % registrado en 2010. Según el estudio Global Burden of Disease, se estima que la prediálisis o enfermedad renal crónica avanzada (ERCA) será la quinta causa de muerte en el mundo en los próximos años, lo que pone de manifiesto la importancia de implementar estrategias efectivas de prevención y tratamiento.

Manejo nutricional en la enfermedad renal crónica

En pacientes con ERC diagnosticada, el tratamiento nutricional se debe adaptar a la fase de la enfermedad y a las condiciones metabólicas individuales. En estadios tempranos, el control de la ingesta proteica es un aspecto fundamental para reducir la carga sobre los nefrones funcionales, siempre asegurando un adecuado aporte de aminoácidos esenciales para evitar la sarcopenia y la desnutrición. Estudios sugieren que una dieta con 0,5 g/kg/día de proteínas puede ayudar a retrasar la progresión de la ERC, aunque el nivel de evidencia sigue siendo limitado. Por ello, la Sociedad Española de Nefrología recomienda una ingesta de 0,8-0,9 g/kg/día, equilibrando la restricción proteica con el mantenimiento del estado nutricional.

La moderación de sodio, por su parte, ayuda a mantener la presión arterial dentro de los valores recomendados y a minimizar la retención de líquidos, una de las principales complicaciones en estos pacientes. A medida que la función renal se deteriora, el control del fósforo y el potasio inorgánico -presente en los ultraprocesados- se vuelve prioritario. Un exceso de fósforo en sangre puede contribuir al desarrollo de calcificaciones vasculares y aumentar el riesgo de enfermedad cardiovascular, principal causa de morbilidad y mortalidad en estos pacientes. Por su parte, la hiperpotasemia es una complicación frecuente en la ERC avanzada, por lo que es fundamental una supervisión dietética para evitar niveles peligrosos de este electrolito.

Nutrición en pacientes en diálisis y postrasplante

Cuando la enfermedad renal progresa y el paciente requiere tratamiento sustitutivo mediante diálisis, la regulación nutricional se vuelve aún más compleja. Durante esta etapa, es necesario asegurar un adecuado aporte energético y proteico para prevenir la desnutrición proteico-calórica, una condición frecuente en estos pacientes que puede comprometer la respuesta al tratamiento.

En el caso de los pacientes que se someten a un trasplante renal, la nutrición también juega un papel clave en la recuperación postquirúrgica. Y es que un estado nutricional óptimo antes del procedimiento mejora los resultados del trasplante y reduce el riesgo de rechazo del injerto. Tras la intervención, seguir un patrón de alimentación basado en la dieta mediterránea es especialmente beneficioso, ya que ayuda a reducir el riesgo cardiovascular, un factor clave en pacientes trasplantados debido a los efectos adversos de la medicación inmunosupresora. Su riqueza en antioxidantes, grasas saludables y fibra contribuye a una mejor adaptación metabólica y a una reducción de complicaciones a largo plazo.

La importancia de la educación y el seguimiento nutricional

A pesar de la creciente evidencia científica que respalda la importancia de la nutrición en la salud renal, sigue existiendo una brecha significativa en la implementación de estrategias nutricionales dentro del manejo clínico de la ERC. La educación nutricional debe ser una herramienta central en la atención al paciente renal, tanto en la prevención como en el tratamiento de la enfermedad. Contar con el acompañamiento de profesionales especializados en nutrición renal permite optimizar la ingesta de nutrientes, mejorar la adherencia a las recomendaciones médicas y, en última instancia, contribuir a una mejor calidad de vida.

En un escenario donde la prevalencia de la enfermedad renal continúa en aumento, reforzar el papel de la nutrición en la atención sanitaria es una necesidad urgente. La integración de estrategias nutricionales basadas en evidencia en el abordaje multidisciplinar de la ERC representa una oportunidad para mejorar el pronóstico de los pacientes y reducir la carga asistencial de estas patologías.