Una sanidad fuerte, la mejor defensa

Antes de enumerar todos y cada uno de los asuntos que exige una reflexión profunda sobre la preparación del sistema sanitario, conviene detenernos en una premisa clave: no puede haber defensa nacional sin una sanidad resiliente ni sin un sector farmacéutico fuerte y con autonomía estratégica.

«En tiempos de amenazas mútiples, la sanidad es un pilar de la seguridad del estado»

En tiempos de amenazas múltiples —desde pandemias hasta guerras, pasando por catástrofes naturales o ciberataques—, el sistema de salud no es un recurso más, sino un pilar de la seguridad del Estado.

Cero energético

Uno de los episodios más reveladores fue el del “cero energético”, que sumió a España en un apagón generalizado. En medio del colapso, los hospitales mantuvieron su actividad gracias a su preparación y autonomía energética, con sistemas de respaldo, grupos electrógenos y protocolos de contingencia activos. Lo mismo ocurrió con la tormenta Filomena o con las inundaciones causadas por la DANA en la Comunidad Valenciana. Estas respuestas no son casuales: son el resultado de años de planificación, inversión y visión estratégica. Y son también prueba viva de que la sanidad no es solo un servicio asistencial, sino un dispositivo esencial de respuesta ante crisis.

Amenazas biológicas

Porque todos los retos de la sanidad actual y futura pasan por su resiliencia, preparación y capacidad de respuesta. Y para abordarlos, es imprescindible activar una serie de medidas estructurales que se han debatido en la mesa organizada por Gaceta Médica y Fundamed, bajo el título “Sanidad y Defensa: un pilar estratégico en Europa”.

Participantes de la Mesa: Sanidad y Defensa, que conto con Javier Padilla, secretario de Estado de Sanidad.

Si las amenazas biológicas, como la pandemia de COVID-19, no fueron razón suficiente para reforzar de forma decidida el sistema sanitario, urge hacerlo ahora, cuando España se prepara para una inversión en defensa sin precedentes, con 10.000 millones de euros solo en el presente ejercicio. Este esfuerzo presupuestario debe contemplar necesariamente a la sanidad como parte integral de la arquitectura de defensa nacional y europea.

Marco normativo

Entre los asuntos prioritarios está la actualización de la normativa farmacéutica, con una Ley del Medicamento que garantice la autonomía estratégica. No es aceptable depender de cadenas de suministro globales frágiles para disponer de antibióticos (80% producidos en Asia) o equipos básicos. También urge la creación efectiva de la Agencia Estatal de Salud Pública, cuyo diseño sigue atascado mientras se multiplican los riesgos. Parece que puede haber acuerdo dejando atrás agravios y suspicacias entre Gobierno y el Grupo Popular.

Reserva estratégica

La reserva estratégica nacional de medicamentos y material sanitario, como recoge la Ley de Industria a través de la iniciativa RECAPI, debe dbe avanzar con más agilidad. Igualmente, la prevención y la vacunación no deben ser considerados como gasto y asumirse como lo que son: una inversión clave para la estabilidad social y económica.

En este contexto, el impulso a la innovación, la regulación facilitadora para nuevos productos, y la atracción de inversiones sostenidas en el sector farmacéutico son líneas de acción imprescindibles. Y no se lograrán sin una colaboración público-privada estable y transparente.

Además, la protección de los datos sanitarios y la ciberseguridad deben ocupar un lugar preferente. Los sistemas de salud digitalizados requieren escudos tecnológicos y normativos robustos para evitar que los datos más sensibles de la población se conviertan en puntos vulnerables.

Por último, la formación en salud pública, la medicina preventiva, la dotación de recursos humanos en atención primaria y el refuerzo de la farmacia comunitaria son aspectos operativos que no deben postergarse. La sanidad no puede ser reactiva, debe estar preparada para actuar antes, durante y después de cada amenaza.

En suma, no se trata solo de blindar las fronteras o reforzar los ejércitos. La verdadera defensa empieza por garantizar que nuestros hospitales funcionan ante cualquier escenario, que nuestros medicamentos llegan a todos los ciudadanos, y que los profesionales están formados, protegidos y dotados para cuidar a una sociedad que, en situaciones críticas, depende de ellos más que nunca.

Una sanidad fuerte no es una opción. Es, sin duda, la mejor defensa.