El nuevo Estatuto Marco que el Ministerio de Sanidad cerró el pasado mes de enero con los sindicatos del Ámbito de Negociación —SATSE, FSS-CCOO, UGT y CSIF— llega tras meses de tensión creciente, protestas en la calle y negociaciones estancadas. El origen del conflicto se remonta a enero del año pasado, cuando la filtración de un primer borrador encendió un enfrentamiento sin precedentes con el colectivo médico que, casi un año después, sigue sin resolverse.
Aquel texto fue recibido con un rechazo frontal por parte de las organizaciones de facultativos, que consideraron no solo que no mejoraba sus condiciones, sino que incluso las empeoraba. El acuerdo actual del anteproyecto mantiene la estructura básica del Estatuto Marco, pero introduce modificaciones en algunos de los puntos más controvertidos, sin lograr, pese a ello, el respaldo de los médicos.
Entre los cambios más relevantes figura la limitación de las guardias a un máximo de 17 horas consecutivas, eliminando la posibilidad de prolongarlas hasta 24 salvo consentimiento voluntario. La jornada semanal máxima se reduce a 45 horas e incorpora como tiempo efectivo de trabajo tanto las jornadas previas como las posteriores a la guardia.
El acuerdo actual del anteproyecto mantiene la estructura básica del Estatuto Marco, pero introduce modificaciones en algunos de los puntos más controvertidos
Además, se establece un límite de cinco guardias mensuales, una de las reivindicaciones más reiteradas durante la negociación. En paralelo, el texto impulsa la implantación de la jornada ordinaria de 35 horas semanales, con el objetivo de homogeneizar condiciones entre comunidades autónomas, dado que todavía existen cinco territorios donde la jornada se sitúa en 37,5 horas.
En materia de jubilación, introduce avances significativos: reconoce el acceso voluntario a la jubilación parcial del personal estatutario y abre la puerta a solicitar a la Seguridad Social coeficientes reductores que permitan una jubilación voluntaria anticipada, previo estudio. Son medidas largamente demandadas que, según el Ministerio, facilitarán el relevo generacional y adaptarán la salida del sistema a trayectorias profesionales especialmente exigentes.
Médicos en contra del Estatuto Marco
El contraste entre el relato de Sanidad y el de los sindicatos médicos es nítido. Mientras la ministra de Sanidad, Mónica García, define el texto como “la reforma sanitaria más importante de lo que llevamos de siglo” y un “hito histórico fruto del diálogo social”, las organizaciones de médicos lo describen como una escenificación que ignora las necesidades reales del colectivo. A su juicio, se trata de un acuerdo que nace sin contar con ellos y que perpetúa unas condiciones que consideran peores que las del resto de categorías profesionales.
La respuesta ha sido la convocatoria de un calendario de huelgas con paros previstos durante las semanas del 16 al 20 de febrero, del 16 al 20 de marzo, del 27 al 30 de abril, del 18 al 22 de mayo y del 15 al 19 de junio. A ello se sumó la manifestación del pasado 14 de febrero, que recorrió el trayecto entre el Congreso de los Diputados y el Ministerio de Sanidad. Por primera vez, los principales sindicatos médicos —la Confederación Española de Sindicatos Médicos (CESM), el Sindicato Médico Andaluz (SMA), Metges de Catalunya (MC), la Asociación de Médicos y Titulados Superiores de Madrid (Amyts), el Sindicato Médico de Euskadi (SME) y el Sindicato de Facultativos de Galicia Independientes (O’MEGA)— marcharon unidos encabezando la protesta contra el nuevo Estatuto Marco.
“El nuevo Estatuto Marco es la reforma sanitaria más importante de lo que llevamos de siglo”
Durante la primera jornada de huelga médica, en centros como el Hospital General Universitario Gregorio Marañón, el paro se percibió en las consultas suspendidas y en pruebas canceladas. Una médica joven del servicio de Ginecología explicó a este medio que secunda el paro porque, a su juicio, son “los más explotados”: “El sistema se sostiene gracias a nosotros y con esta situación se va a caer abajo”. Pilar Martín, facultativa del mismo centro, insistió a 'Gaceta Médica' que el malestar no es nuevo y reclamó que "el estatuto se negocie con nosotros y no contra nosotros".
Además, señaló la carga asistencial: “No se puede seguir trabajando 50 horas a la semana”. No todos los facultativos comparten la misma lectura. Un médico de Urgencias del hospital reconoció cierto cansancio ante la sucesión de huelgas. Secundó los primeros paros porque consideraba injusto el borrador inicial, pero ahora cree que el acuerdo “está bastante bien”.
Lo mismo sucedió en el Hospital Universitario La Princesa, en la planta de neumología, una médica explicó a este medio que estaba de servicios mínimos, pero que tiene previsto sumarse a la huelga: “Está claro que nuestras condiciones laborales son pésimas y cada vez van a peor”.
Añadió que tenía muchas expectativas puestas en el nuevo Estatuto Marco, pero que tras un año de conflicto su entusiasmo había disminuido: “Mi principal problema son las guardias. Pensaba que la ministra eliminaría las guardias de 24 horas, pero con la coletilla de ‘las necesidades del servicio’, creo que no habrá cambios”.
Estatuto y negociación propia
En el fondo del conflicto subyace una reivindicación transversal: la exigencia de un estatuto propio o, al menos, de una mesa de negociación específica a nivel estatal para los médicos. Ángela Hernández, secretaria general de Amyts, defendió a este medio la necesidad de que, dado el carácter extraordinario de “su desempeño y la singularidad de sus condiciones, se negocie con ellos en una mesa estatal específica”. Mercedes Tallón, vicepresidenta de O’MEGA, denunció a 'Gaceta Médica' que los médicos están “infrarepresentados” en las mesas del ámbito, con menos del 20%.
“el Ministerio no nos reconoce como interlocutores válidos a nivel estatal y que el acuerdo cronifica una discriminación histórica”
Desde Cataluña, Xavier Lleonart, secretario general de MC, sostuvo que “el Ministerio no nos reconoce como interlocutores válidos a nivel estatal y que el acuerdo cronifica una discriminación histórica”. Asimismo, Ana Santorcuato, delegada de SME, subrayó que el médico es la única categoría capaz de dar respuesta a toda la traza asistencial y que la propuesta ministerial “no reconoce esa singularidad de responsabilidad”.
En la misma línea, Víctor Pedrera, secretario general de CESM, recordó que la última responsabilidad del acto clínico siempre recae en el médico y que “ese hecho debería tener un reflejo claro en el marco normativo”. Rafael Ojeda, presidente de SMA, insistió en que los facultativos llevan años soportando condiciones “intolerables y precarias” sin que sus reclamaciones hayan sido atendidas.
Para quienes se manifestaron el 14 de febrero, el debate trasciende lo estrictamente laboral. “Sin médicos no hay sanidad”, coreaban ante el Ministerio. La advertencia es clara: sin cambios estructurales que, a su juicio, reconozcan la especificidad y la responsabilidad del colectivo, la fuga de profesionales y el deterioro asistencial seguirán marcando la agenda del Sistema Nacional de Salud en los próximos meses.