El gran apagón, desde dentro de una UCI: «Todo está diseñado para garantizar la vida del paciente»

Marta García (SEMICYUC) destaca que, aunque las UCI están preparadas para situaciones críticas, el fallo en las comunicaciones internas supuso el mayor reto derivado del apagón del 28 de abril

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El apagón eléctrico que afectó a toda la Península Ibérica puso a prueba la capacidad de respuesta de los hospitales y, en especial, de las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), donde la vida de los pacientes depende de la tecnología y el suministro eléctrico.

Marta García, coordinadora del Grupo de Trabajo de Planificación, Organización y Gestión de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC) y médico intensivista en el Hospital Universitario Rio Hortega de Valladolid, explica a este medio cómo se actuó desde estas unidades ante la situación compleja vivida ayer.

"Nosotros trabajamos en la UCI, la verdad es que todo está diseñado siempre para garantizar la vida del paciente", señala García, quien recuerda que los pacientes críticos dependen de equipos conectados a la corriente eléctrica, como respiradores, monitores o sistemas de soporte extracorpóreo. "Contamos con protocolos de contingencia y con sistemas de alimentación eléctrica de respaldo, con generadores, con baterías que se chequean continuamente, aunque no pase nada".

Aunque el apagón fue inédito en su dimensión, las UCI respondieron sin incidencias gracias a esa planificación previa y, sobre todo, a la actuación del equipo humano: "Quizá lo que marca realmente la diferencia en una situación como la de ayer es la coordinación de los profesionales, del equipo humano", afirma la experta.

Ante el fallo generalizado de la red, el personal revisó "que todos los sistemas de alimentación de respaldo estaban funcionando" y se aplicaron medidas para garantizar la seguridad de los pacientes, como desconectar aquellos dispositivos no esenciales para ahorrar energía y prolongar la autonomía de los generadores.

Estos generadores de emergencia funcionaron adecuadamente, y en algunos centros, como el suyo, se estimó una autonomía de hasta 15-17 horas, tiempo suficiente para reorganizar recursos y garantizar el suministro. "Con ese plazo de tiempo es totalmente posible anticiparse y preparar una respuesta", asegura.

La comunicación interna: el problema más complejo

Uno de los aspectos más críticos fue el fallo en las comunicaciones internas, es decir, no se podían comunicar entre profesionales dentro del propio hospital. "El problema de ayer o de un apagón como el de ayer es que aparte de fallar la tecnología, falló toda la comunicación interna en muchos sitios, por lo que fue clave establecer un sistema de comunicación interna; que hubiese responsables de transmitir la información porque dejaron de funcionar las comunicaciones", explica García.

Sobre los riesgos inmediatos, García subraya la importancia de los respiradores: "Los pacientes que dependen de la ventilación mecánica no pueden sobrevivir unos minutos si no funciona el respirador". En estos casos, la experta afirma que " disponemos de bolsas de ventilación 'autohinchables' que pueden sustituirlos, pero para eso hace falta que una persona esté manejándolo continuamente".

También destaca la complicación que supone el fallo de las técnicas de soporte extracorpóreo, cuya interrupción puede comprometer la vida del paciente, y sobre la posibilidad de que el caos que se pudiese originar en las ciudades, principalmente respecto al tráfico, genere más ingresos en UCI, como politraumatizados.

Preparación del personal de UCI

En cuanto a la preparación del personal ante estas situaciones, Marta García indica que se cuenta con formación específica y simulacros, aunque reconoce que estos suelen contemplar escenarios más breves. "Estamos muy preparados para suplir la tecnología, la electricidad, etc., pero el gran reto de ayer fue que sin podernos comunicar consiguiésemos llevar a cabo todo". A lo que añadió que "a lo mejor habría ahora que plantear simulacros también en este sentido".

Por último, García reconoce que una situación de este tipo también impacta emocionalmente, aunque los profesionales de las UCI están acostumbrados a trabajar bajo presión. "Estamos muy preparados mentalmente y psicológicamente". "Ayer muchos nos acordamos de la pandemia, salvando las distancias, pero en ese momento tu objetivo es arrimar el hombro, estar coordinados y trabajar para garantizar que los pacientes estén seguros".


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