“Hay que reforzar la coordinación entre instituciones con cultura distinta”

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Esther Martín del campo Madrid | viernes, 03 de marzo de 2017 h |

La integración de la medicina de familia en el entorno universitario es una carrera de largo recorrido. La Universidad Autónoma de Madrid forma parte de esta historia y recoge su experiencia en un libro que se acaba de presentar. Su coordinador, Ángel Otero, analiza los desafíos que todavía tienen por delante.

Pregunta. ¿Ha logrado la atención primaria el peso que le corresponde en el ámbito universitario?

Respuesta. Claramente no, aunque hay matices. Estamos en un proceso de incorporación. Está aceptado que la atención primaria es un buen nivel de aprendizaje para los estudiantes de medicina, pero no tanto en un marco teórico. La enseñanza de los conceptos y habilidades relacionadas con la medicina de familia, su papel en la enseñanza global, no tiene ese nivel.

P. ¿Falta prestigio o reconocimiento?

R. El médico de familia, siendo aceptado, socialmente no tiene la misma aceptación, poder, autoridad social o liderazgo que el especialista o el médico del hospital. De un tiempo a esta parte, por ejemplo, los estudiantes con los primeros puestos en el MIR no la eligen. La referencia del médico con autoridad científica sigue siendo el especialista. Aspiran a ser neurocirujanos, reumatólogos, etc. Nosotros estamos en ello, en conseguir que la medicina de familia y la primaria avancen en la escala de reconocimiento profesional y social.

P. ¿Qué se puede hacer?

R. Muchas cosas. Las sociedades médicas tienen que trabajar y en la enseñanza, en la facultad de medicina, hay que introducir la participación de la medicina de familia y la atención primaria, pero es un proceso muy largo.

P. ¿Qué supuso Bolonia para la medicina de familia?

R. Con la reforma cambiaron los planes de estudio en 2010 y la Universidad Autónoma de Madrid incorporó tres asignaturas obligatorias en el grado, algo que no había pasado. Todo era optativo, salvo el paso por los centros de salud, que era obligatorio. Estas asignaturas se van adaptando.

P. ¿Qué asignaturas se imparten?

R. Una de ellas, la actual Introducción a la práctica clínica, que antes era Inmersión precoz en la clínica, aunque no son exactamente lo mismo, pasaron a impartirse de primer curso a segundo. Se ha ampliado también el contenido. Es interesante, porque sirve de puente entre las enseñanzas básicas y el contacto con el paciente en el centro de salud. Hay otra asignatura de quinto curso, que ya se imparte en muchas facultades, que es Medicina de familia, y en sexto tenemos un mes de estancia obligatoria para todos los estudiantes en el centro de salud como si fueran residentes cero.

P. ¿Cuál es el balance de estos años?

R. El hecho de que estén en el currículum oficial, que sean asignaturas obligatorias, y que se esté haciendo desde 2010 hasta ahora es un buen balance. Lo hemos hecho. Pero no podemos decir que hemos llegado.

P. ¿Qué desafíos quedan?

R. El fundamental es que estamos en un contexto de crisis, aunque somos de las facultades de medicina con más recursos. Tenemos adscritos 23 centros de salud. El objetivo sería que en cada centro hubiera un profesor asociado clínico. Hay profesores en todos, pero solo 17 son asociados clínicos.

P. ¿Qué implica esto?

R. Un profesor asociado clínico mantiene su plaza en el sistema sanitario y por acuerdo con la universidad, tras pasar una prueba, es también profesor contratado por la universidad durante seis horas semanales, tres de clase y tres de seminarios. Estas horas se dedican a la universidad dentro de su jornada laboral del sistema sanitario. En los seis centros restantes tenemos profesores honorarios, tienen reconocida la capacidad docente por parte de la universidad, pero sin honorarios y fuera de su horario como médico asistencial. No siempre es fácil hacerlo compatible.

P. ¿Cuál es el objetivo?

R. Es insuficiente. Tenemos 240 alumnos por curso y participamos en tres cursos. Cuando están en sexto, deben pasar un mes con un médico en un centro de salud. Son 240 meses de trabajo para médicos que no son profesores como tales, se les reconoce como colaboradores docentes médicos. El estudiante está con él durante su actividad diaria a lo largo de un mes. Algunos forman a tres alumnos. Necesitamos mejorar la coordinación entre la universidad y el sistema sanitario público. Hay que regular esa situación, el sistema formativo no se puede sustentar solo en el voluntarismo. Los colabores docentes lo hacen por amor al arte.

FOTONOTICIA

Hacia una medicina de familia de carácter transversal en las facultades

La Universidad Autónoma de Madrid y Novartis presentaron recientemente el libro ‘La incorporación de la Medicina de Familia y de la Atención Primaria a la enseñanza de la Medicina en la UAM. Experiencia en las nuevas asignaturas del Grado de Medicina’, coordinado por Ángel Otero. El profesor recuerda que esta universidad fue “de las primeras” en incorporar la formación en medicina de familia en la carrera universitaria, impulsada también por el doctor Segovia Arana, “el padre de la medicina de familia y decano en esta facultad”. De este modo, la facultad planteó pronto que los alumnos pudieran ir a los centros de salud, primero de forma voluntaria y luego obligatoria, con el objetivo de que desde el principio “los alumnos pudieran entrar en contacto con el paciente, sin esperar a cuarto curso”, indica. Otero hace un buen balance de lo conseguido en estos años, aunque admite que quedan grandes desafíos. Uno de ellos, incentivar la investigación en atención primaria para allanar el camino de los médicos de familia que aspiren a desarrollar una carrera como profesores universitarios, por ejemplo. Asimismo, subraya que hay que conseguir que la atención primaria y la medicina de familia se planteen como un tema transversal en las facultades, mejorando su relación con otros departamentos universitarios.