La Oftalmología se ha convertido en una de las especialidades más demandadas en el sistema sanitario español. De hecho, se posiciona como la disciplina con las listas de espera más largas en consultas externas, con una media de 74 días, según el Ministerio de Sanidad. Este panorama se debe, principalmente, al envejecimiento progresivo de la población y al aumento de patologías crónicas que requieren tratamientos prolongados. Cristina Irigoyen, jefa de Sección de Retina del Servicio de Oftalmología del Hospital Universitario de Donostia, destaca, en colaboración con Bayer, que las inyecciones de terapia intravítrea, uno de los procedimientos invasivos más frecuentes, están aumentando de forma exponencial, contribuyendo al colapso de estos servicios y a largas listas de espera.
El envejecimiento es un fenómeno demográfico con importantes implicaciones en la salud pública, y en el ámbito oftalmológico se refleja en un incremento de enfermedades como la Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE) y el Edema Macular Diabético (EMD). “El aumento de la longevidad incrementa la prevalencia de estas patologías, y ambas requieren tratamientos crónicos que saturan los servicios de oftalmología”, explica Irigoyen.
La DMAE es una de las principales causas de pérdida de visión en adultos mayores de 50 años a nivel mundial. En España, se estima que existen 205.000 personas con DMAE. Según Irigoyen, “en la forma seca, la mácula se deteriora progresivamente con la edad”. Actualmente, admite que “en Europa no existen tratamientos disponibles, aunque la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de EEUU ha aprobado uno que ralentiza la progresión de la enfermedad”. Mientras tanto, confirma que “los pacientes continúan perdiendo visión de manera progresiva”.
En el caso de la forma húmeda, sí existen opciones terapéuticas, como las inyecciones de fármacos antiangiogénicos. “Estos tratamientos son crónicos y requieren revisiones periódicas”, afirma. “Aunque se está trabajando para ampliar los intervalos entre inyecciones, los pacientes necesitan un seguimiento constante”, añade.
Por otro lado, el EMD, otra de las patologías que afectan a la visión, es una complicación ocular frecuente en pacientes diabéticos que puede llevar a una pérdida significativa de la visión si no se trata adecuadamente. Según la experta, “podría provocar daños irreversibles en la visión”. Por ello, cree que es fundamental “adoptar un enfoque integral y multidisciplinar para abordar tanto la diabetes como sus complicaciones oftalmológicas”.
Nuevos avances terapéuticos
La investigación en oftalmología está avanzando hacia tratamientos más ampliados y menos invasivos. “Recientemente han salido al mercado nuevos fármacos que permiten alargar los intervalos entre inyecciones, llegando a cuatro meses en algunos casos”, subraya Irigoyen.
"Esto no solo reduce la carga para los pacientes, sino también el riesgo de complicaciones asociadas al procedimiento, como infecciones intraoculares”, afirma. En el horizonte, la terapia génica también se perfila como una solución prometedora para disminuir aún más la frecuencia de las intervenciones. En este sentido, Irigoyen admite que “aunque estos avances aún están en desarrollo, ofrecen esperanza tanto a los pacientes como a los profesionales".
En el caso de la DMAE seca, explica que “se están investigando nuevos tratamientos que podrían frenar la progresión de la enfermedad”, del mismo modo que insiste que “esperamos que pronto lleguen a Europa terapias que ya están aprobadas en otros países, y que también se desarrollen opciones más eficaces”.
Impacto en la calidad de vida
En cuanto al impacto en la calidad de vida de los pacientes, argumenta que “estamos hablando de personas mayores, muchas veces dependientes, que necesitan ser acompañadas por un familiar para cada visita”. Además de ello, la pérdida de visión no solo afecta físicamente a los pacientes, sino también emocional y socialmente. Irigoyen admite que muchos de estos pacientes se enfrentan a un mayor riesgo de caídas, dificultad para reconocer rostros y una creciente dependencia de sus familiares. “Estos factores aumentan el riesgo de padecer depresión y disminuyen la calidad de vida. Por eso, es tan importante desarrollar estrategias que no solo aborden el tratamiento oftalmológico, sino también los aspectos psicológicos y sociales de la enfermedad”, enfatiza.
Ante el creciente aumento de la prevalencia de estas patologías, una de las estrategias implementadas en España ha sido la creación de unidades específicas de terapia intravítrea en los servicios de Oftalmología. Estas unidades están diseñadas para optimizar los recursos y agilizar la atención. “Con estas unidades, se mejora el flujo de pacientes y se crean circuitos eficientes”, reitera Irigoyen. Por ejemplo, confirma que “se busca realizar un acto único, donde el paciente sea atendido en consulta, reciba el tratamiento y obtenga la pauta de seguimiento en el mismo día, lo que permite reducir el número de visitas y aligerar la carga del sistema”.
Sin embargo, a pesar de estas mejoras organizativas, la frecuencia de los tratamientos sigue siendo un desafío. Las inyecciones intraoculares, que en muchos casos deben repetirse cada dos o tres meses, implican un coste emocional y logístico significativo para los pacientes.
Adherencia al tratamiento
Otro de los principales retos en oftalmología es garantizar la adherencia al tratamiento, especialmente en pacientes con múltiples patologías. Irigoyen destaca que, aunque los pacientes con DMAE suelen cumplir con las pautas indicadas, aquellos con diabetes presentan más dificultades.
“Los pacientes diabéticos son pluripatológicos y muchas veces tienen peor adherencia a los tratamientos”, especifica Irigoyen. Por ello, considera fundamental educarlos sobre los síntomas y signos asociados a la pérdida de visión y la importancia de tratarse a tiempo. “También necesitamos crear circuitos más eficientes que reduzcan las visitas y mejoren la adherencia”, señala.
Por otro lado, admite que las unidades de baja visión y la incorporación de equipos multidisciplinares que incluyan a enfermeros y ópticos también están ayudando a reforzar la educación de los pacientes. Además, abunda que “se aboga por protocolos claros en los hospitales que permitan adaptar los tratamientos".
Desafíos para un futuro mejor
A medida que las patologías oftalmológicas aumentan, el SNS necesita adaptarse para garantizar un acceso equitativo a los tratamientos más avanzados. Según Irigoyen, las medidas clave incluyen fomentar la investigación en terapias más duraderas, implementar protocolos eficientes y seguir apostando por unidades especializadas que ofrezcan atención integral. “El objetivo es llegar a un punto donde podamos ofrecer tratamientos que requieran menos visitas, aliviando la carga para los pacientes y optimizando los recursos del sistema”, dice Irigoyen. “Esto es esencial para garantizar una atención de calidad en el futuro”, concluye Irigoyen.
