Urgencias aprueba con nota en vocación, pero suspende en estructura: «El nuevo MIR ilusiona, pero no basta»

Esta encuesta internacional analiza la satisfacción laboral de más de 1.100 profesionales de urgencias de 79 países. José Luis Ruiz López (SEMES) explica los resultados a GM

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A pesar de las condiciones exigentes que caracterizan al trabajo en los servicios de urgencias, los profesionales mantienen un nivel de satisfacción notablemente alto. Así lo refleja la última Encuesta del Día de la Medicina de Urgencias 2025, publicada por el European Journal of Emergency Medicine, que ofrece una de las evaluaciones internacionales más amplias realizadas hasta la fecha sobre este colectivo.

La encuesta ha recogido la opinión de 1.112 profesionales —entre médicos, enfermeras y paramédicos— procedentes de 79 países. La mayoría trabaja en entornos hospitalarios, aunque también se incluyeron profesionales de atención prehospitalaria. A través de una escala validada (escala de Lausana), los encuestados puntuaron su satisfacción media en 25,37 puntos sobre un máximo de 36, con una puntuación general autodeclarada de 6,77 sobre 9.

Las áreas más valoradas fueron el apoyo entre compañeros, el compromiso organizacional y el orgullo por la profesión. Sin embargo, los encuestados coincidieron en señalar dos aspectos especialmente mejorables: las oportunidades de desarrollo profesional y la organización del trabajo. Estos resultados se repiten en distintos contextos geográficos y sanitarios, lo que apunta a una problemática estructural global.

Para interpretar estos datos desde el contexto español, José Luis Ruíz López, urgenciólogo y miembro de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES), con amplia experiencia tanto en gestión como en representación internacional ha explicado a Gaceta Médica estos datos. Considera que la encuesta “pone datos a algo que todos intuíamos: el trabajo en urgencias sigue siendo muy vocacional y gratificante, pero hay una sobrecarga asistencial y organizativa que empieza a ser difícil de sostener”.

En su opinión, uno de los elementos que explican que la satisfacción se mantenga relativamente alta es la sensación de utilidad y efectividad: “Solucionamos muchas cosas. La gente viene a urgencias porque sabe que allí le atenderán rápido y bien. Pero ese éxito tiene un coste: trabajamos los 365 días del año, las 24 horas, y eso repercute en nuestra vida personal y en nuestra salud física y mental”.

Uno de los datos más llamativos de la encuesta es que los profesionales con entre cinco y veinte años de experiencia manifiestan un nivel de satisfacción inferior al de sus compañeros más jóvenes o más veteranos. Para Ruiz López, este fenómeno tiene lógica: “Es un tramo de la carrera en el que aún estás lejos de reducir carga de trabajo, pero ya has asumido mucha presión durante años. Además, muchas veces no hay un horizonte claro de desarrollo dentro del servicio. No existe una pirámide profesional: lo que haces en tu quinto año de carrera es prácticamente igual a lo que haces en el vigésimo”.

Perdida de motivación

Este estancamiento afecta a la motivación, especialmente cuando no se perciben mejoras organizativas. “En muchos servicios, los problemas no son clínicos, sino estructurales: falta de personal, exceso de pacientes, planificación inadecuada de turnos… Al final, eso te agota”, señala.

En España, uno de los avances más relevantes de la aprobación de la especialidad MIR en Medicina de Urgencias para esta convocatoria, que comenzará a formar residentes en los próximos meses. El urgenciólogo no oculta su entusiasmo por este hito. “La creación de la especialidad ha generado una ola de ilusión. Es un avance histórico para el país. Permitirá formar profesionales con un currículo específico y homogéneo, lo que a medio plazo mejorará la calidad de la atención urgente”.

Sin embargo, advierte de que este avance no debe interpretarse como una solución inmediata a los problemas laborales del sector. “La especialidad es una gran noticia, pero no resuelve por sí sola los retos que afrontamos los profesionales que ya estamos en activo. Seguimos con los mismos turnos, la misma carga de trabajo, las mismas dificultades para conciliar. La ilusión está, pero necesitamos cambios estructurales”.

Entre esos cambios, Ruiz López destaca la importancia de redimensionar las plantillas. “Muchos servicios siguen funcionando con un número de profesionales muy por debajo de lo que exige la demanda real. Además, se tiende a cubrir necesidades con residentes de otras especialidades, cuando lo que necesitamos es un equipo propio, estable y formado específicamente para urgencias”.

Otra reivindicación que gana fuerza es la creación de una especialidad de enfermería en urgencias. “Es una necesidad urgente. La atención en urgencias tiene unas características únicas: es rápida, decisiva, muy técnica. La enfermería que trabaja en este entorno necesita una formación específica, y eso se está quedando fuera del debate. Una especialidad de enfermería en urgencias reforzaría enormemente la capacidad del sistema”.

En este sentido, José Luis explica que ha mantenido conversaciones con la vicepresidencia de enfermería de SEMES para avanzar en esa dirección. “Hay consenso en que esta especialización sería muy beneficiosa. No podemos hablar de calidad sin contar con todos los miembros del equipo”.

Modelos más racionales

Sobre cómo mejorar la organización del trabajo, considera fundamental que se diseñen modelos más racionales, con criterios claros de cargas de trabajo, descansos y conciliación. “Lo que no podemos seguir haciendo es improvisar. Tenemos datos, sabemos cómo se comporta la demanda, qué perfiles tenemos, qué recursos hacen falta. Toca actuar con planificación, no con parches”.

La encuesta también muestra que la satisfacción es menor en los servicios con más de 100.000 visitas al año. Para el experto de SEMES, este dato confirma que el volumen asistencial influye directamente en la percepción de bienestar de los profesionales. “A mayor presión, más difícil es organizar turnos, mantener descansos o tener margen para la formación. Es pura lógica. Pero es algo que se podría mejorar si hubiera una mejor estructura organizativa”.

En definitiva, la encuesta ofrece un diagnóstico matizado: existe una alta valoración del trabajo en urgencias como profesión, pero también un consenso generalizado sobre la necesidad de reformas. La reciente creación del MIR en urgencias abre una ventana de oportunidad, pero no será suficiente sin inversiones y cambios organizativos que impacten directamente en las condiciones laborales del personal.

Como concluye Ruiz López, “somos muy eficaces resolviendo problemas. Pero ahora el problema está dentro del sistema. Y si no lo resolvemos, lo que se va a deteriorar no es solo la satisfacción del profesional, sino la calidad de la atención urgente que recibe la población”.


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