La vacunación es esencial porque es una de las herramientas de salud pública más efectivas para prevenir enfermedades infecciosas, reducir su propagación y proteger a individuos y comunidades. Su importancia también radica en su capacidad para prevenir complicaciones graves, hospitalizaciones y muertes relacionadas con enfermedades infecciosas, como la gripe o el sarampión. Además, reduce la carga sobre los sistemas de salud al disminuir la necesidad de tratamientos médicos, hospitalizaciones y procedimientos costosos. En el ámbito económico, la vacunación ayuda a evitar pérdidas de productividad laboral al mantener a las personas saludables y menos propensas a ausentarse del trabajo. En conjunto, la vacunación salva millones de vidas al año y es clave para controlar o incluso erradicar enfermedades que, de otro modo, podrían causar epidemias o pandemias.
En este contexto, la vacunación es especialmente importante entre el personal sanitario y sociosanitario porque estos profesionales están en contacto constante con pacientes, incluidos aquellos más vulnerables a complicaciones graves derivadas de infecciones.
Reducir el riesgo
Al vacunarse, los trabajadores sanitarios reducen significativamente el riesgo de transmitir enfermedades a sus pacientes, algunos de los cuales pueden tener sistemas inmunológicos comprometidos o ser demasiado jóvenes, mayores o frágiles para vacunarse ellos mismos. De esta manera, la vacunación protege a quienes dependen de un ambiente seguro para su recuperación o tratamiento.
Además, la vacunación entre el personal sanitario es crucial para prevenir brotes en entornos de atención médica, donde las enfermedades infecciosas pueden propagarse rápidamente debido a la cercanía entre pacientes y trabajadores. Esto, a su vez, reduce las tasas de absentismo laboral, lo cual es vital para asegurar la disponibilidad de personal en momentos críticos y evitar sobrecargas en el sistema de salud.
En España, aunque no existen datos generales sobre las tasas de cobertura de vacunación en el personal sanitario para todas las vacunas recomendadas, sí se cuenta con información específica sobre la vacunación antigripal. Según los últimos datos, las bajas tasas de vacunación contra la gripe entre el personal sanitario son motivo de gran preocupación en toda Europa. Un reciente informe del Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) revela que, de media, solo el 22% de los profesionales sanitarios europeos se vacunó durante la temporada 2023-2024. En España, esta cifra es significativamente más alta, alcanzando un 43,8% en 2023-2024, aunque representa una disminución con respecto a temporadas anteriores. A pesar de este incremento, sigue estando lejos del objetivo establecido por el Ministerio de Sanidad, que recomienda alcanzar o superar el 75% de cobertura entre los profesionales sanitarios.
Cabe destacar que, en el artículo 44 del Código de Deontología Médica del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos, se determina que "a fin de limitar la transmisión a los pacientes, y salvo que haya razones que justifiquen no hacerlo, el médico debería estar vacunado, y es de su responsabilidad utilizar las medidas preventivas y necesarias contra aquellas enfermedades transmisibles de mayor prevalencia e incidencia".
Acciones desde los Colegios de Médicos
En este sentido, el Colegio de Médicos de Madrid (ICOMEM) ha dado inicio a su campaña de vacunación contra la gripe y la COVID-19 en su propio centro médico, en paralelo al comienzo de la campaña de la Comunidad de Madrid, que arrancó el 7 de octubre en centros de salud, hospitales, residencias de mayores y otros espacios autorizados. Esta iniciativa de vacunación está dirigida a todos los médicos colegiados mayores de 60 años y a aquellos menores de 60 que pertenezcan a grupos de riesgo, así como a personal sanitario y sociosanitario.
Además, el ICOMEM extiende esta oferta de vacunación a todo el personal sanitario de la Comunidad de Madrid que sea mayor de 60 años, con el fin de proteger a los profesionales más expuestos a infecciones respiratorias. Esta medida es clave para mitigar la propagación de ambas enfermedades, especialmente en un contexto en el que las coberturas vacunales en sanitarios aún no alcanzan los niveles recomendados por organismos internacionales.
En esta línea, Ignacio Sánchez-Arcilla Conejo, jefe del Servicio de Prevención de Riesgos Laborales del Hospital General Universitario Gregorio Marañón y miembro del ICOMEM, señala en una entrevista con Gaceta Médica que "la decisión más importante que influye en que un trabajador sanitario decida vacunarse o no radica principalmente en su percepción del riesgo que representa la enfermedad contra la cual se vacuna, especialmente para su propia salud y seguridad". El especialista afirma que hay otros factores como el riesgo de transmitir la enfermedad a tus pacientes, al circulo familiar y de amigos, "pero la experiencia nos dice que al final es la percepción del propio riesgo, lo que más influye", puntualiza.
Por otra parte, el Grupo Colaborativo Multidisciplinar para el Seguimiento Científico de la COVID-19 (GCMSC) del Col legi de Metges de Barcelona considera necesaria la revacunación frente a este virus, ya que "a pesar de que la OMS ha declarado el final de la emergencia sanitaria global por la COVID-19, el virus continúa circulando, representando un riesgo persistente, especialmente para las personas mayores y aquellas con enfermedades subyacentes". Estos grupos son particularmente vulnerables a desarrollar formas graves de la infección, que pueden derivar en hospitalización o incluso en complicaciones fatales.
Esta recomendación de vacunación por parte del GCMSC también se amplía al personal de centros y establecimientos sanitarios, así como a quienes trabajan en servicios públicos esenciales. La inmunización en estos sectores no solo protege a los propios trabajadores, sino que contribuye a reducir el riesgo de transmisión en el ámbito comunitario, especialmente hacia personas vulnerables con quienes interactúan en sus labores diarias. No obstante, no presentan ningún documento de recomendaciones ni estudios sobre la vacunación de sanitarios frente a la gripe.
Siguiendo esta línea, Mercedes Ramblado, presidenta del Colegio de Médicos de Huelva y médica de la Unidad de Prevención de Riesgos Laborales del Distrito Huelva Costa Condado Campiña, señala a GM que en el caso de Andalucía, además de los documentos técnicos del Ministerio de Sanidad, se siguen las directrices del Plan Estratégico de Vacunaciones Andavac, "que tiene instrucciones con apartados en el medio laboral sanitario". "A esto añadimos las campañas específicas, como gripe por ejemplo, que también cuenta con un apartado específico en todos estos documentos".
La experta señala que también siguen las directrices del Servicio de Vigilancia Epidemiológica de Andalucía (SVEA), "el cual cuenta con protocolos para cada enfermedad y con apartados para profesionales sanitarios, existiendo actualizaciones también para cada enfermedad tanto del Ministerio como del Servicio de Vigilancia Epidemiológica".
Causas de reticencia
Las bajas coberturas vacunales registradas entre profesionales sanitarios han sido objeto de estudios. "Existen muchos estudios intentando evaluar las causas de las bajas tasas de vacunación de la gripe entre el personal sanitario con el fin de establecer estrategias para aumentarla y llegar al objetivo recomendado por el Ministerio de Sanidad del 75%", asegura Ramblado. La experta indica que en la mayoría de los estudios los motivos para no vacunarse fueron: "evitar medicación, al considerar la vacuna como un fármaco; confiar en las propias defensas del organismo con percepción muy baja del riesgo, temor a efectos secundarios, dudas sobre su efectividad, dificultades para el acceso rápido a la vacunación, fundamentalmente entre los profesionales de Atención Primaria; y conocimientos insuficientes sobre la enfermedad".
Concretamente, en el estudio 'Las causas de reticencia a la vacunación contra la gripe en profesionales sanitarios de España: resultados de un estudio cuantitativo' se recogieron un total de 11.108 encuestas mayoritariamente respondidas por mujeres, quienes representaron el 70,5% de los participantes, en comparación con el 29,5% de hombres. En términos de edad, el 22,4% de los encuestados tenían entre 20 y 39 años, el 28,3% entre 40 y 49 años, el 30,7% entre 50 y 59 años, y el 17,3% superaban los 60 años. La mayoría de los profesionales que respondieron pertenecían al ámbito asistencial médico (30,6%) y de enfermería (34,2%). Además, el 52,2% de los participantes contaba con más de 20 años de experiencia profesional. En cuanto a las condiciones de salud, el 80,6% de los encuestados indicó que no presentaba ninguna condición o enfermedad de riesgo, y el 74% señaló que tampoco convivía con personas en situación de riesgo.
La encuesta pedía a los participantes que seleccionaran los tres motivos principales, de entre catorce opciones, para decidir si vacunarse o no. En general, las respuestas fueron consistentes entre diferentes perfiles sanitarios, excepto en cuanto a la preocupación por la transmisión a los pacientes. Este aspecto fue mencionado con mayor frecuencia por profesionales de medicina (33,9%) y enfermería (27%), mientras que fue menos común entre otros profesionales del sector.
Así, Sánchez-Arcilla señala que "durante la vacunación contra la COVID-19, las tasas de vacunación entre los profesionales sanitarios fueron muy altas porque se percibía la gravedad de la enfermedad para ellos mismos y por el riesgo para los demás". En cambio, en el caso de la gripe, "la proporción de personal sanitario vacunado suele quedarse por debajo del 50% y esto se debe, en parte, a que la gripe es considerada una enfermedad menos importante o grave, por lo que no genera la misma percepción de riesgo". No obstante, esto es un conocimiento erróneo, puntualiza el experto del Gregorio Marañon, ya que "la gripe causa miles y miles de muertos anualmente".
Fomentar la vacunación
"La importancia de que los sanitarios se vacunen no radica tanto en el aspecto de que puedan llegar a contagiarse -que también- porque una elevada tasa de personal enfermo afectaría a la operatividad de los centros y, en definitiva y más grave, a la correcta prestación del servicio sanitario para la sociedad", subraya Ramblado. "La cuestión va más allá, una vacunación mayoritaria de los profesionales ayudaría a frenar la transmisión de los virus y contribuirá a no sobrecargar los recursos asistenciales en una época ya de por sí complicada". Además, asegura que también serviría como ejemplo frente a los pacientes con reticencias a inmunizarse.
En esta línea, algunas estrategias adoptadas para mejorar las coberturas vacunales en los profesionales sanitarios son: campañas informativas sobre los beneficios propios para el personal y para los pacientes, conseguir la vacunación de profesionales con prestigio, evitar barreras de tipo administrativo y dar una mayor accesibilidad para su administración, así como monitorizar las coberturas obtenidas.
En este punto, Sánchez-Arcilla menciona que en el Hospital Gregorio Marañón se llevan a cabo campañas y estrategias de comunicación interna para fomentar la vacunación entre el personal. "Además de contar con un punto fijo de vacunación disponible todo el día, se despliega una unidad móvil que recorre los pasillos del hospital ofreciendo la vacuna a los trabajadores y también enviamos un SMS personalizado, informándoles sobre los puntos de vacunación y recordándoles la importancia de vacunarse", explica. "La vacunación es accesible y no requiere cita previa, lo que facilita al máximo el proceso para el personal", recalca.
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